Conexiones Sur-Sur: las políticas exteriores de América Latina y el Caribe hacia África — Un análisis comprensivo

Introducción: La aparición de una obra necesaria
En un momento en que el orden internacional experimenta transformaciones profundas, en que las potencias emergentes reconfiguran las jerarquías globales y en que el Sur Global busca con creciente urgencia nuevas vías de articulación política y económica, aparece en 2025 Conexiones Sur-Sur: las políticas exteriores de América Latina y el Caribe hacia África, un volumen colectivo publicado por la Universidad Externado de Colombia que se postula, desde sus primeras páginas, como una obra de referencia indispensable para entender las relaciones interregionales entre dos de las grandes regiones históricamente marginadas del sistema internacional.
Este libro colectivo constituye una obra pionera que examina las relaciones exteriores entre América Latina y el Caribe con el continente africano desde una perspectiva integral del Sur Global. A través de diecisiete capítulos escritos por veintitrés investigadores de distintos países, se ofrece un análisis detallado de los vínculos bilaterales y regionales entre ambas regiones, abordando tanto experiencias históricas como dinámicas contemporáneas de cooperación, diplomacia y política exterior. Universidad Externado
La sola dimensión del esfuerzo colectivo habla de la madurez que han alcanzado los estudios africanos en América Latina: veintitrés investigadores, procedentes de distintos países y disciplinas, que convergen en un proyecto editorial común para trazar un mapa comprehensivo de esas relaciones. Esta empresa intelectual no habría sido posible hace apenas dos décadas, cuando los estudios africanos eran prácticamente inexistentes en la academia latinoamericana, o estaban reducidos a algunas cátedras aisladas en Brasil y Cuba. El libro, por tanto, no es solo un aporte académico: es también un síntoma de un proceso de maduración institucional y científica en el estudio de las relaciones Sur-Sur desde perspectivas latinoamericanas.
La obra se inserta en un contexto internacional particularmente fecundo. Este documento examina las oportunidades de integración entre América Latina y el Caribe y África en el marco de la Cooperación Sur-Sur, resaltando el potencial de la AfCFTA como mercado unificado y las complementariedades entre ambas regiones en agroalimentos, biodiversidad, energía y transición verde, infraestructura, manufacturas, salud, economía digital e industrias creativas. Caf Este contexto de complementariedades económicas y estratégicas es precisamente el que el libro busca explorar desde la óptica de las políticas exteriores concretas, es decir, desde la dimensión diplomática, política e institucional que da forma y contenido a esas potencialidades.
Los editores y el proyecto intelectual que los une
Uno de los rasgos más destacables de Conexiones Sur-Sur es la solidez del equipo editorial que lo sustenta. Los editores son destacados especialistas latinoamericanos en relaciones internacionales y estudios del Sur Global. Jerónimo Delgado-Caicedo (Colombia) es doctor en Relaciones Internacionales y director del Observatorio OASIS de la Universidad Externado, con amplia experiencia en estudios africanos. Silvia Alejandra Perazzo (Argentina) es historiadora y experta en África contemporánea, presidenta de ANU-AR y profesora de estudios africanos en varias universidades argentinas. Myrna Rodríguez Añuez (Cuba/México) es investigadora en relaciones internacionales de África en la BUAP, con sólida formación en estudios afroamericanos. Guilherme Ziebell de Oliveira (Brasil) es doctor en Ciencia Política, docente en la UFRGS e investiga la Política Internacional, Seguridad y Defensa y Economía Política Internacional de África, así como Política Exterior brasileña. Universidad Externado
La composición misma del equipo editorial es reveladora del carácter colectivo y plurinacional del proyecto. Colombia, Argentina, Cuba, México y Brasil, cinco naciones latinoamericanas con diferentes tradiciones diplomáticas y académicas, confluyen en esta empresa editorial, lo que garantiza una pluralidad de enfoques y perspectivas que enriquece el resultado final. Delgado-Caicedo aporta la perspectiva andina y colombiana, así como una visión institucionalizada de los estudios africanos desde el Observatorio OASIS, que es uno de los centros más activos en este campo en Colombia. Perazzo, por su parte, representa la tradición argentina de africanismo académico, una tradición que cuenta con figuras históricas como Gladys Lechini, cuya influencia en los estudios de política exterior argentina hacia África ha sido determinante. Rodríguez Añuez incorpora la perspectiva cubana, fundamental en cualquier análisis de las relaciones latinoamericanas con África, dado el papel histórico que Cuba ha desempeñado en el continente africano desde los años sesenta del siglo XX. Finalmente, Ziebell de Oliveira trae la perspectiva brasileña, que es en muchos sentidos la más voluminosa y compleja de todas las políticas exteriores latinoamericanas hacia África.
La convergencia de estos cuatro especialistas en un proyecto común no es fortuita. Refleja la existencia de redes académicas interregionales cada vez más consolidadas, que han logrado superar los límites de las tradiciones nacionales de investigación para construir una perspectiva verdaderamente latinoamericana sobre África. Este proceso de construcción de comunidades epistémicas compartidas es en sí mismo una forma de cooperación Sur-Sur, y el libro es, en cierto modo, su producto más visible.
El marco teórico: la Cooperación Sur-Sur como paradigma explicativo
Para comprender cabalmente el alcance y los presupuestos del libro, es preciso situarlo dentro del marco más amplio de la Cooperación Sur-Sur como paradigma teórico y político. La cooperación Sur-Sur puede definirse como un entramado de relaciones e intercambios cooperativos y complementarios con objetivos de desarrollo entre actores del Sur. Estas prácticas gestaron un proceso que impulsó la colaboración como estrategia para resituar a los países del Sur en el tablero internacional. Su mayor desarrollo tuvo lugar a principios del siglo XXI, al integrarse a las políticas exteriores de un conjunto de países que, en paralelo, impulsaban en la agenda política y económica internacional reformas de gobernanza global, reconfiguración de alianzas regionales y coaliciones interregionales. Clacso
Este marco conceptual es el que articula buena parte de los análisis contenidos en el libro. La Cooperación Sur-Sur no es simplemente un instrumento de política exterior; es también una propuesta de reconfiguración del orden internacional, una apuesta por relaciones horizontales entre países que comparten condiciones históricas de subordinación y que buscan, a través de su articulación, crear nuevas palancas de influencia y desarrollo. Desde esta perspectiva, las políticas exteriores de los países latinoamericanos y caribeños hacia África no son meros ejercicios diplomáticos: son también manifestaciones de una visión del mundo que desafía las jerarquías heredadas del colonialismo y del sistema de Bretton Woods.
El libro adopta esta perspectiva sin dogmatismo, es decir, sin asumir que la Cooperación Sur-Sur es automáticamente progresista o beneficiosa. Antes bien, varios de sus capítulos plantean interrogantes críticos sobre las asimetrías que pueden reproducirse incluso dentro del Sur Global, sobre las diferencias de poder entre países como Brasil o México y los pequeños Estados del Caribe, y sobre los intereses económicos y geopolíticos que subyacen a las retóricas de solidaridad y hermandad.
La arquitectura del libro: diecisiete capítulos, un argumento
La estructura del libro —diecisiete capítulos organizados en torno a casos nacionales y temáticas transversales— refleja una decisión editorial clara: la de privilegiar la profundidad analítica sobre la generalización teórica. Cada capítulo aborda la política exterior de un país o grupo de países latinoamericanos y caribeños hacia África, lo que permite al lector confrontar realidades muy diferentes entre sí y extraer lecciones comparadas.
Desde casos emblemáticos como Brasil y Cuba, hasta países con relaciones más incipientes como Chile o Perú, el libro revela los desafíos, logros y vacíos de la proyección latinoamericana hacia África. Universidad Externado
Esta estructura comparada es uno de los mayores méritos del volumen. Permite observar, con claridad, las enormes diferencias que existen entre las políticas exteriores latinoamericanas hacia África: desde la política activa, sistemática y multidimensional de Brasil, que incluye decenas de embajadas en el continente, cooperación técnica en múltiples sectores, inversiones empresariales y una doctrina de política exterior que hace de las relaciones con África uno de sus ejes principales, hasta las relaciones prácticamente inexistentes o muy tenues de países como Bolivia, Paraguay o algunos pequeños Estados centroamericanos que apenas tienen presencia diplomática en el continente africano.
Esta diversidad no es solo cuantitativa, sino también cualitativa. Las motivaciones que impulsan a cada país latinoamericano a relacionarse con África son diferentes. En el caso de Brasil, la política africana está íntimamente ligada a la dimensión afrodiaspórica de la sociedad brasileña, a la búsqueda de un liderazgo regional y global, y a intereses económicos concretos en sectores como la agricultura, la energía y la construcción. En el caso de Cuba, la relación con África tiene una dimensión histórica e ideológica profunda, que arranca de la participación cubana en los procesos de descolonización y de los conflictos armados que sacudieron el continente en la segunda mitad del siglo XX, y que se prolonga hasta hoy a través de la cooperación médica y educativa. En el caso de Argentina, las relaciones con África han sido históricamente más tímidas, pero han experimentado una revitalización en el siglo XXI, impulsada tanto por factores económicos como por la consolidación de la comunidad académica africanista en ese país.
Brasil: el caso paradigmático de la política africana latinoamericana
Cualquier análisis de las relaciones latinoamericanas con África debe comenzar por Brasil, y el libro dedica una atención especial a este caso que se puede calificar, sin exageración, como el más elaborado y sistemático de toda la región. La política africana de Brasil alcanzó su máximo desarrollo durante los gobiernos de Lula da Silva (2003-2010), que hicieron de África un eje estratégico de la política exterior brasileña en el marco de la llamada política exterior activa y altiva.
La cooperación y las inversiones brasileñas en África durante el gobierno de Lula da Silva JSTOR fue uno de los temas centrales de análisis en este campo académico, y el libro recoge esta tradición de investigación para actualizarla y ponerla en perspectiva comparada.
Durante los gobiernos de Lula, Brasil abrió o reabrió decenas de embajadas en el continente africano, hasta situarse entre los países con mayor presencia diplomática en África. Esta expansión diplomática no fue un fin en sí mismo, sino el soporte institucional de una política de cooperación técnica, comercio, inversión y proyección cultural que tuvo efectos concretos en múltiples países africanos. Brasil transfirió tecnología agrícola a través de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (EMBRAPA), formó personal médico africano, construyó fábricas de medicamentos genéricos contra el VIH en Mozambique, financió proyectos de infraestructura a través del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), y proyectó su soft power cultural a través de la música, la televisión y el deporte.
Esta política africana de Brasil fue posible gracias a una combinación de factores: la existencia de una política exterior institucionalizada y con capacidad de largo plazo, la presencia de empresas multinacionales brasileñas con intereses en África (como Odebrecht, Vale y Petrobras), la agenda de liderazgo Sur-Sur del gobierno Lula, y la dimensión cultural que otorga a Brasil una posición única en su relación con África subsahariana, dado que Brasil es el país con mayor población de ascendencia africana fuera del propio continente.
El libro analiza también cómo esta política se debilitó bajo los gobiernos de Dilma Rousseff (en parte por la crisis económica y los escándalos de corrupción que afectaron a empresas como Odebrecht en varios países africanos), y cómo el gobierno de Bolsonaro prácticamente desmanteló la agenda africana de la política exterior brasileña, para luego ser retomada por el tercer gobierno de Lula que inició en 2023. Este ciclo de auge, declive y recuperación de la política africana brasileña es en sí mismo una ilustración de las tensiones entre las motivaciones estructurales y las decisiones coyunturales que condicionan la política exterior de los países latinoamericanos.
Cuba: solidaridad, ideología y cooperación médica en África
Si el caso de Brasil es el más voluminoso y sistemático, el de Cuba es sin duda el más históricamente singular. La relación de Cuba con África comenzó en los años sesenta del siglo XX, cuando el gobierno revolucionario de Fidel Castro decidió apoyar activamente los movimientos de liberación nacional que combatían el colonialismo y el apartheid en el continente. Esta solidaridad internacionalista cubana tuvo su expresión más dramática en la intervención militar en Angola (1975-1991), donde Cuba desplegó decenas de miles de soldados para defender al gobierno del MPLA frente a la agresión sudafricana y la insurgencia del UNITA apoyada por Estados Unidos y la Sudáfrica del apartheid.
La participación cubana en Angola no fue solo militarmente significativa; tuvo también consecuencias geopolíticas de largo alcance. Algunos historiadores han argumentado que la derrota de las fuerzas sudafricanas en la batalla de Cuito Cuanavale (1988), en la que las tropas cubanas tuvieron un papel decisivo, precipitó el proceso que llevaría al fin del apartheid y a la independencia de Namibia. El propio Nelson Mandela reconoció explícitamente la deuda que la lucha antiapartheid tenía con Cuba.
La cooperación médica cubana, un balance entre principios e intereses de política exterior JSTOR, es otro de los temas que el libro aborda en profundidad. La cooperación médica cubana en África tiene una larga historia, que se remonta también a los años sesenta y que ha continuado hasta el presente, con la presencia de miles de médicos y enfermeros cubanos en decenas de países africanos. Esta cooperación se ha convertido en uno de los instrumentos más eficaces de la política exterior cubana, pues combina la generación de ingresos en divisas (a través de los contratos gubernamentales de cooperación médica) con la proyección de una imagen solidaria que otorga a Cuba una influencia política desproporcionada a su tamaño y sus recursos económicos.
El libro analiza las tensiones que atraviesan esta cooperación médica, que no está exenta de críticas: algunos la ven como una forma de trabajo forzoso o de instrumentalización política de los profesionales de la salud cubanos, mientras otros la consideran un modelo genuino de solidaridad Sur-Sur que ha salvado millones de vidas. Esta controversia es representativa del tipo de debates que el libro no elude, sino que aborda con rigor analítico.
Argentina: de la timidez histórica a la revitalización africanista
La historia de las relaciones argentinas con África es, en muchos sentidos, la historia de una oportunidad desaprovechada. Argentina, que es una de las economías más grandes de América Latina y que tuvo históricamente una política exterior activa en organismos multilaterales, mantuvo durante décadas una presencia diplomática y económica muy limitada en el continente africano. Las prioridades de la política exterior argentina estuvieron orientadas hacia Europa (especialmente hacia los países de origen de la inmigración), hacia los países vecinos de América del Sur, y hacia los grandes mercados de Estados Unidos y Asia.
Sin embargo, a partir de los años 2000, y en paralelo con el desarrollo de la academia africanista argentina, se produjo una revitalización de las relaciones argentinas con África. Este proceso fue impulsado tanto por factores económicos (la búsqueda de nuevos mercados para las exportaciones agroindustriales argentinas) como por factores políticos (el posicionamiento de Argentina en el campo de la cooperación Sur-Sur durante los gobiernos de Kirchner y Fernández).
El libro examina esta trayectoria de manera crítica, señalando tanto los avances como las limitaciones y las discontinuidades que han caracterizado la política africana argentina. Una de las contribuciones más importantes del análisis argentino en el libro es la reflexión sobre el papel de la academia en la construcción de la política exterior. En Argentina, el desarrollo de una comunidad científica especializada en estudios africanos —con figuras como Gladys Lechini, que es una referencia continental— ha precedido y acompañado el lento proceso de construcción de una política exterior más activa hacia África, actuando como un factor de presión y orientación sobre las cancillerías.
Chile y Perú: las relaciones incipientes del Cono Sur y los Andes
Uno de los aportes más originales del libro es la atención que presta a países cuyas relaciones con África son prácticamente inexploradas en la literatura académica. Chile y Perú, dos economías medianas y relativamente dinámicas de América del Sur, mantienen relaciones con África que pueden calificarse de incipientes, y el análisis de estos casos permite iluminar los factores estructurales que explican la escasez de vínculos interregionales.
En el caso de Chile, el libro señala que, a pesar de ser un país con vocación exportadora y una política exterior activa en el plano multilateral, las relaciones con África han estado históricamente subordinadas a la orientación de su política exterior hacia los mercados de Asia-Pacífico y hacia sus socios regionales y europeos. La escasa presencia de población de ascendencia africana en Chile (en contraste con Brasil o Colombia) priva a la política exterior chilena de un elemento cultural y demográfico que en otros países ha servido como motor de la aproximación a África. Asimismo, la estructura económica chilena, muy dependiente de las exportaciones de cobre y otros minerales, no genera las mismas oportunidades de cooperación agrícola o tecnológica que caracteriza la política africana de Brasil.
Perú presenta un perfil similar, aunque con algunas particularidades propias. La política exterior peruana hacia África ha sido esencialmente reactiva, respondiendo a iniciativas multilaterales más que construyendo una agenda propia. Sin embargo, el libro señala que existe un potencial significativo de cooperación en áreas como la biodiversidad, la gestión ambiental y la seguridad alimentaria, donde Perú tiene capacidades y conocimientos que podrían ser de interés para varios países africanos.
El análisis de estos casos menos desarrollados es metodológicamente valioso porque permite contrastar, con mayor claridad, los factores que explican las variaciones en las políticas exteriores latinoamericanas hacia África: la demografía y la herencia cultural afrodiaspórica, la estructura económica y los intereses exportadores, la capacidad institucional de la cancillería, la existencia o ausencia de comunidades académicas especializadas, y el posicionamiento ideológico del gobierno de turno.
La dimensión caribeña: pequeños Estados, grandes conexiones históricas
El subtítulo del libro incluye explícitamente el Caribe, y esta inclusión no es un detalle menor. Los países caribeños tienen con África una relación que, en términos culturales e históricos, es probablemente más intensa que la de cualquier otro territorio latinoamericano. La diáspora africana en el Caribe no es solo un hecho demográfico: es la base misma de las culturas nacionales caribeñas, de sus sistemas religiosos, sus músicas, sus formas de organización social y sus identidades colectivas.
Sin embargo, los pequeños Estados del Caribe tienen también limitaciones objetivas para desarrollar políticas exteriores hacia África que sean complejas y multidimensionales. Sus capacidades diplomáticas son limitadas, sus mercados son pequeños, y sus prioridades de política exterior están naturalmente orientadas hacia los problemas de seguridad, cambio climático y desarrollo que los afectan más inmediatamente. El libro analiza estas tensiones entre las afinidades históricas y culturales, por un lado, y las limitaciones materiales e institucionales, por el otro.
El análisis de los países del Caribe también introduce en el libro una dimensión importante que a veces se olvida en los debates sobre Cooperación Sur-Sur: la cuestión del tamaño y las asimetrías dentro del propio Sur Global. No todos los países del Sur son iguales, y la relación entre Brasil, por ejemplo, y un pequeño Estado del Caribe como Trinidad y Tobago, reproduce en cierta medida las asimetrías que caracterizan las relaciones Norte-Sur. El libro es consciente de esta tensión y la aborda con honestidad intelectual.
México y la dimensión multilateral de la política africana latinoamericana
México representa un caso especialmente interesante porque combina una política exterior con vocación multilateral y una presencia activa en los foros internacionales, con relaciones bilaterales con África que han sido históricamente tenues. El libro examina la manera en que México ha utilizado principalmente los espacios multilaterales —las Naciones Unidas, la CEPAL, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC)— para proyectarse hacia África, más que construyendo una red densa de vínculos bilaterales con países africanos concretos.
Se subraya el rol de la diáspora afrodescendiente, los avances regulatorios e institucionales recientes y la necesidad de articular políticas, inversiones y cooperación técnica para profundizar el comercio, la inversión y la participación conjunta en cadenas de valor. Caf En este sentido, México enfrenta un desafío parecido al de otros países latinoamericanos: cómo transformar las retóricas de solidaridad Sur-Sur en políticas concretas, sostenidas y medibles.
El reconocimiento constitucional de los pueblos afromexicanos en el año 2020 fue un hito importante en la historia de México, y algunos analistas han señalado que podría tener implicaciones para la política exterior mexicana hacia África. El libro examina si este reconocimiento interno ha tenido efectos sobre la orientación de la política exterior, o si se trata de procesos paralelos que aún no se han conectado.
El papel de los organismos regionales: CELAC y la dimensión institucional
Una de las contribuciones más relevantes del libro es el análisis de la dimensión institucional y multilateral de las relaciones entre América Latina y África. La CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) ha buscado en los últimos años convertirse en un interlocutor colectivo de América Latina y el Caribe frente a África, en el marco del proceso CELAC-África que ha ganado impulso desde 2013.
El estudio concluye que la relación CELAC-África representa una oportunidad estratégica para diversificar mercados, impulsar la transformación productiva y fortalecer un desarrollo más inclusivo y sostenible entre ambos bloques. Caf
El libro analiza tanto las potencialidades como las limitaciones de este mecanismo multilateral. Por un lado, una voz colectiva de la región puede ser más audible en el contexto africano que las voces aisladas de cada país latinoamericano. Por otro lado, la CELAC enfrenta los problemas estructurales de toda organización multilateral latinoamericana: la heterogeneidad de sus miembros, las diferencias ideológicas entre los gobiernos, la escasez de recursos institucionales y la tendencia a priorizar las declaraciones retóricas sobre las iniciativas concretas.
Raíces compartidas y futuros comunes: la dimensión histórica y cultural
Una de las ideas más potentes que recorre el libro de principio a fin es la de que las relaciones entre América Latina y África no comienzan en los acuerdos diplomáticos del siglo XX, sino en la brutal historia de la trata transatlántica de esclavos que durante cuatro siglos vinculó a los dos continentes en una relación de violencia y explotación que dejó huellas imborrables en la demografía, la cultura y la estructura social de las sociedades americanas. Se trata de un aporte necesario para comprender y fortalecer las conexiones Sur-Sur, al tiempo que promueve una visión estratégica y colaborativa entre dos regiones con profundas raíces compartidas y crecientes intereses comunes. Universidad Externado
Esta dimensión histórica y cultural es fundamental para entender por qué las relaciones entre América Latina y África tienen una profundidad que no se reduce a los intercambios diplomáticos y económicos del presente. La presencia de entre 100 y 150 millones de afrodescendientes en América Latina (dependiendo de los criterios de clasificación que se utilicen) es la manifestación más visible de esos vínculos históricos. Las culturas afrolatinas —el candomblé y el samba en Brasil, la cumbia y las músicas del Pacífico colombiano, el son cubano, los ritmos del Caribe anglófono y francófono— son patrimonio vivo de esa conexión transatlántica.
El libro argumenta, con sólido fundamento, que ignorar esta dimensión cultural e histórica empobrece la comprensión de las relaciones actuales y limita las posibilidades de proyección futura. Los pueblos afrodescendientes de América Latina son actores potenciales de la cooperación Sur-Sur, no simplemente objetos de políticas de reconocimiento. Sus redes, sus saberes, sus identidades y sus demandas pueden ser motores de una nueva diplomacia intercultural que supere las limitaciones de las relaciones entre Estados formales.
Desafíos, brechas y vacíos: una mirada crítica
El libro no es un catálogo de éxitos ni un manifiesto optimista. Varios de sus capítulos señalan con claridad los desafíos, las brechas y los vacíos que caracterizan las relaciones latinoamericanas con África. Entre estos desafíos, destacan varios que merecen consideración especial.
El primero es el de la continuidad institucional. Uno de los problemas más persistentes de las políticas exteriores latinoamericanas hacia África es que dependen en exceso del voluntarismo político de los gobernantes de turno, sin contar con el respaldo de estructuras institucionales sólidas que garanticen su continuidad independientemente de los cambios de gobierno. El caso brasileño, ya mencionado, es paradigmático: la política africana alcanzó su máximo esplendor bajo Lula, se debilitó bajo Dilma, se desmanteló bajo Bolsonaro y se está reconstruyendo nuevamente con el tercer gobierno de Lula. Esta volatilidad dificulta la construcción de relaciones sólidas y de largo plazo.
El segundo desafío es el del conocimiento. La falta de especialistas en estudios africanos en la mayoría de los países latinoamericanos (con la excepción parcial de Brasil, Argentina y Cuba) es un obstáculo serio para el diseño de políticas informadas y efectivas. Las cancillerías latinoamericanas carecen, en general, de cuadros diplomáticos con formación específica en África, lo que lleva a errores de análisis y a la reproducción de estereotipos que dificultan el establecimiento de relaciones genuinamente horizontales.
El tercer desafío es el económico. Las relaciones comerciales entre América Latina y África siguen siendo muy limitadas, y están caracterizadas por patrones de intercambio que reproducen las asimetrías históricas: exportación de materias primas e importación de manufacturas, con escaso valor agregado y baja diversificación. El objetivo principal es analizar y explorar el potencial de la cooperación Sur-Sur entre los países de América Latina y el Caribe y África, considerando que la cooperación Sur-Sur puede ayudar a reforzar la integración general entre los países en vías de desarrollo, mejorando la calidad de su crecimiento, haciéndolo más equitativo e incluyente. Academia.edu Pero para que este potencial se realice, se necesitan no solo acuerdos políticos, sino también transformaciones en las estructuras productivas de ambas regiones.
La competencia de potencias externas y el margen de maniobra latinoamericano
El libro no ignora el contexto geopolítico más amplio en el que se desarrollan las relaciones entre América Latina y África. En los últimos años, África ha sido escenario de una intensa competencia entre potencias externas, incluyendo a China, Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia, Turquía y los países del Golfo Pérsico. Esta competencia no es neutral para los países latinoamericanos que buscan proyectarse hacia África: en algunos casos crea oportunidades (la diversificación de interlocutores puede dar mayor margen de maniobra a los países africanos), y en otros casos crea obstáculos (la influencia china en particular ha desplazado a actores latinoamericanos de espacios que antes ocupaban).
La relación triangular entre América Latina, África y China es especialmente compleja. Por un lado, China es el principal socio comercial de África en la actualidad, con inversiones masivas en infraestructura, minería, agricultura y telecomunicaciones. Por otro lado, varios países latinoamericanos (especialmente Brasil y México) compiten con China por mercados africanos en sectores como la agroindustria y la construcción. Esta competencia puede generar tensiones que dificultan la construcción de una Cooperación Sur-Sur genuinamente horizontal.
El libro analiza estas tensiones sin caer en esquemas simplistas. No adopta una postura automáticamente favorable o desfavorable hacia la presencia china en África, sino que examina caso por caso las implicaciones de esa presencia para las relaciones latinoamericano-africanas.
Perspectivas de futuro: hacia una agenda compartida
El libro concluye con una mirada prospectiva que, sin ser ingenuamente optimista, identifica las bases sobre las cuales podría construirse una agenda más sólida y sustantiva de relaciones entre América Latina y África en los próximos años.
Entre estas bases, el libro destaca el potencial de la cooperación en materia de transición energética. Tanto América Latina como África cuentan con enormes reservas de energías renovables (solar, eólica, hidroeléctrica, de hidrógeno verde) que podrían ser complementarias y que ofrecen oportunidades de cooperación técnica y financiera. La transición hacia economías bajas en carbono, que es una prioridad global urgente, podría ser un eje articulador de nuevas formas de cooperación interregional.
La cooperación en materia de seguridad alimentaria es otro eje potencialmente poderoso. América Latina es uno de los grandes graneros del mundo, con capacidades agroindustriales y tecnología agrícola que podría ser transferida a países africanos que enfrentan desafíos serios de producción de alimentos. Brasil, a través de instituciones como EMBRAPA, ha mostrado que esta transferencia es posible y puede tener efectos transformadores en las agriculturas africanas.
La economía digital y la cooperación en ciencia y tecnología son igualmente ámbitos con grandes perspectivas. Países como Colombia, Brasil y Chile han desarrollado ecosistemas de innovación tecnológica que podrían ser modelos o interlocutores para países africanos que buscan desarrollar sus propias capacidades digitales. La cooperación en educación superior, ciencia básica y aplicada, y formación técnica es otro campo con potencial significativo.
Finalmente, el libro señala la importancia de la dimensión cultural y de la participación de la sociedad civil en la construcción de las relaciones interregionales. Las relaciones entre gobiernos son necesarias pero no suficientes. Para que las conexiones Sur-Sur sean verdaderamente profundas y duraderas, necesitan enraizarse en vínculos entre pueblos, entre intelectuales, entre artistas, entre comunidades afrodescendientes de ambos continentes, entre movimientos sociales que comparten agendas de justicia, igualdad y sostenibilidad.
Conclusión: una obra que llena un vacío y abre caminos
Conexiones Sur-Sur: las políticas exteriores de América Latina y el Caribe hacia África es, en suma, un libro que hace honor a su descripción como obra pionera. Llena un vacío académico importante, al ofrecer por primera vez una perspectiva comprehensiva y comparada de las relaciones latinoamericanas y caribeñas con el continente africano. Reúne a un notable equipo de investigadores con perspectivas diversas y complementarias. Combina el rigor analítico con la relevancia política, situando los análisis académicos en el contexto de debates urgentes sobre gobernanza global, desarrollo y justicia internacional.
Pero más allá de sus méritos académicos, el libro tiene un valor político que no debe subestimarse. En un momento en que el orden internacional está siendo profundamente cuestionado, en que las retóricas de soberanía y multipolaridad se multiplican, y en que el Sur Global busca con renovada urgencia articulaciones propias, una obra que cartografía las posibilidades y los límites de la cooperación Sur-Sur entre dos grandes regiones del mundo tiene una relevancia que trasciende las aulas universitarias y los seminarios académicos.
Las relaciones entre América Latina y África no son el destino manifiesto de dos regiones naturalmente solidarias. Son una construcción política, diplomática, cultural e intelectual que requiere voluntad sostenida, recursos institucionales, conocimiento especializado y visiones de largo plazo. Este libro contribuye de manera decisiva a esa construcción, al proveer el mapa, el diagnóstico y parte de la brújula que los actores políticos, diplomáticos y sociales necesitan para avanzar en ese camino.
Quien lea este volumen saldrá enriquecido con una comprensión más matizada y más profunda de lo que significa, en la práctica y más allá de las retóricas, la aspiración a un mundo más justo, más equitativo y más pluralista, en el que las conexiones Sur-Sur sean no solo un anhelo o una declaración de principios, sino una realidad densa, multidimensional y transformadora.