Cultura y Artes

África en América Latina — Manuel Moreno Fraginals: Un análisis comprensivo

Introducción: El encuentro de dos mundos en las páginas de un libro

Hay libros que trascienden su época y se convierten en monumentos del pensamiento. África en América Latina, coordinado por el historiador cubano Manuel Moreno Fraginals y publicado en 1977 bajo el sello conjunto de la UNESCO y Siglo XXI Editores, es precisamente uno de esos libros. Aparecido en el momento en que los estudios africanos comenzaban apenas a encontrar su lugar en la academia latinoamericana, este volumen colectivo se adelantó a su tiempo al proponer una visión comprehensiva, multidisciplinar y descolonizadora de la presencia africana en la cultura, la sociedad y la historia de América Latina y el Caribe. Casi cinco décadas después de su primera publicación, la obra sigue siendo una referencia inexcusable para todo aquel que quiera entender en profundidad la matriz cultural de las sociedades americanas, y la huella indeleble que dejaron en ellas los millones de hombres y mujeres africanos arrancados de sus tierras y condenados a la esclavitud por el sistema colonial europeo.

La presente publicación se inserta dentro de una serie de programas de estudio que la UNESCO adelanta en torno a la cultura latinoamericana, correspondiendo a una etapa de investigaciones relativas a los lazos culturales existentes entre África y América. La obra reúne ensayos elaborados por especialistas de diversas nacionalidades que se abocaron a la tarea de desentrañar el aporte dejado en nuestra sociedad por los 9.5 millones de africanos que, durante más de 350 años, fueron traídos y obligados a laborar como esclavos, en las minas y plantaciones de nuestro continente, por el colonialismo europeo, en cuyo beneficio pasaron a garantizar la acumulación primitiva de la economía de capital. Nuso

Esta cifra —9.5 millones de africanos durante más de 350 años— no es meramente estadística. Es la medida de una catástrofe humana de proporciones inconmensurables y, al mismo tiempo, el punto de partida de uno de los procesos de creación cultural más extraordinarios de la historia de la humanidad. La presencia africana en América no fue una nota al margen de la historia colonial; fue uno de sus ejes fundamentales. Y, sin embargo, durante siglos esta presencia fue sistemáticamente negada, minimizada o distorsionada por las historiografías oficiales de los países latinoamericanos, construidas sobre el mito de la civilización europea como fuente única y exclusiva de la cultura americana. África en América Latina vino a desmantelar ese mito con rigor científico y valentía intelectual.

Con el volumen que el lector tiene entre sus manos, se inicia una nueva serie donde se analizan las contribuciones de las distintas culturas del mundo a la latinoamericana: esta serie se llamará, por lo tanto, «El mundo en América Latina», y, por inherencia de este enfoque, está abierta a los especialistas del mundo entero, lo que aumenta a la vez la riqueza y la complejidad de su elaboración. Buscalibre

El arquitecto del proyecto: Manuel Moreno Fraginals y su universo intelectual

Para comprender África en América Latina es preciso conocer al hombre que la concibió, coordinó y parcialmente escribió. Manuel Moreno Fraginals (La Habana, Cuba, 9 de septiembre de 1920 – Miami, Estados Unidos, 9 de mayo de 2001) fue un historiador, ensayista, escritor, y profesor cubano. Moreno Fraginals es quizás el historiador cubano más conocido internacionalmente, gracias a su obra El Ingenio, editada en 1964, un extensísimo y detallado estudio de las economías de plantaciones esclavistas en Cuba y el Caribe. Wikipedia

La trayectoria intelectual de Moreno Fraginals es, en sí misma, una lección de rigor y de audacia. Nacido en 1920 en la capital cubana, comenzó sus estudios universitarios estudiando leyes en la Universidad de La Habana. Después de terminarlos, obtiene una beca en México DF, en El Colegio de México, donde estudió de 1945 a 1947, obteniendo una maestría en Historia, bajo la tutela del eminente historiador mexicano Silvio Zavala. Seguidamente obtiene una segunda beca, esta vez en España, en el prestigioso Instituto de Cultura Hispánica. Allí pasa dos años estudiando los archivos españoles de Madrid y Sevilla entre 1947 y 1949. Wikipedia

Esta formación plural —la jurídica de La Habana, la histórica de México, la archivística de España— moldeó a un intelectual capaz de moverse con igual soltura entre los documentos coloniales, las teorías económicas marxistas y los debates antropológicos de su época. Moreno Fraginals no fue nunca un especialista enclaustrado en un único campo: fue, ante todo, un pensador de síntesis, capaz de ver las conexiones entre la economía y la cultura, entre la historia política y la historia social, entre el documento de archivo y la expresión artística popular.

Entre los muchos aciertos de Manuel Moreno Fraginals encontramos un enriquecedor cuerpo metodológico, abierto al fraterno abrazo de toda ciencia social. Lajiribilla Esta apertura metodológica es precisamente lo que hace de África en América Latina una obra tan rica: no se trata de un libro de historia en sentido convencional, ni de un estudio antropológico, ni de un ensayo literario, sino de las tres cosas a la vez, y también de muchas más. Es economía política y musicología, lingüística y sociología, etnología y crítica literaria, todo ello al servicio de una pregunta central: ¿qué quedó de África en América, y cómo sobrevivió, se transformó y se creativizó a pesar de la violencia sistemática del sistema esclavista?

A las labores de Moreno Fraginals se sumó su condición de vicepresidente del Proyecto de Historia del Caribe que alentaba la Organización para la Educación, la Ciencia y la Cultura de las Naciones Unidas (UNESCO). Igualmente participó en un proyecto dirigido a la elaboración de una Historia de América Latina, en el cual también tuvo responsabilidad editorial. Encaribe África en América Latina surgió precisamente de ese trabajo en el seno de la UNESCO, como parte de un programa más amplio de recuperación y valoración de las culturas que habían contribuido a forjar la identidad latinoamericana.

El vínculo entre Moreno Fraginals y el proyecto del libro no es el de un simple editor o coordinador; él es el relator de la obra, un término que en el vocabulario académico de la UNESCO designa a quien no solo organiza sino que da sentido, coherencia y dirección intelectual al conjunto. Y la dirección que Moreno Fraginals eligió para este volumen es clara desde el primer ensayo, que lleva su firma: la de insistir en que la historia cultural de África en América no puede comprenderse sin tener en cuenta las condiciones materiales de la esclavitud, la violencia de la deculturación, y al mismo tiempo la extraordinaria creatividad con que los africanos y sus descendientes lograron preservar, transformar y reinventar sus tradiciones en condiciones de opresión extrema.

Desde El Ingenio hasta su libro síntesis Cuba/España, España/Cuba: historia común, pasando por sus múltiples ensayos y artículos, es apreciable la voluntad integradora de Moreno Fraginals. La apertura al estudio de las más diversas fuentes respondió también a esa mirada global, a ese deslizarse a través de segmentos de pasados, de cotidianidades que busca anudar valiéndose de un saber enciclopédico, de un cúmulo formidable de información documental y bibliográfica y de una imaginación infinita. Lajiribilla

El marco de producción: la UNESCO, los años setenta y la descolonización intelectual

África en América Latina no surgió en el vacío. Fue el producto de un momento histórico muy específico: los años setenta del siglo XX, cuando los procesos de descolonización política en África y Asia habían generado un movimiento paralelo de descolonización intelectual y cultural, que buscaba reescribir las historias y las culturas de los pueblos que habían sido subalternizados por el colonialismo europeo.

La UNESCO de esa época estaba comprometida con este proyecto de descolonización intelectual, y financiaba y coordinaba proyectos de investigación colectiva que buscaban rescatar y valorar las contribuciones de las culturas no europeas a la civilización humana. El proyecto de historia general de África, del que Moreno Fraginals participó, es el ejemplo más ambicioso de esta empresa: ocho volúmenes colectivos que reunieron a centenares de especialistas africanos y no africanos para reescribir la historia del continente desde perspectivas africanas, desafiando la narrativa eurocéntrica que había dominado la historiografía colonial.

África en América Latina se inscribía en este mismo espíritu, pero con un objeto de estudio diferente: no la historia de África como tal, sino la huella de África en el Nuevo Mundo, la manera en que las culturas africanas habían sobrevivido, se habían adaptado y habían transformado las sociedades americanas durante cuatro siglos de esclavitud y discriminación. Este era un tema que, en los años setenta, seguía siendo enormemente controvertido en muchos países latinoamericanos, donde las élites intelectuales y políticas preferían construir narrativas nacionales basadas en el mestizaje armónico antes que reconocer la especificidad y la riqueza de los aportes africanos a sus culturas.

En este sentido, el libro de Moreno Fraginals fue un acto intelectual y político a la vez. Al reunir a especialistas de diversas disciplinas y nacionalidades —cubanos, venezolanos, brasileños, jamaiquinos, franceses, entre otros— y al publicar sus trabajos bajo el sello de la UNESCO, el libro le otorgaba una legitimidad académica internacional a una empresa que en muchos contextos nacionales habría encontrado resistencias y obstáculos.

La estructura del volumen: un mosaico de disciplinas y voces

El libro se organiza en torno a una serie de ensayos que cubren desde los aportes culturales y la deculturación, la huida y enfrentamiento, la organización social y alienación, la organización social de las Antillas, la religión y cultura negra, la influencia africana sobre el idioma en el Caribe, la presencia africana en la literatura del Caribe, la influencia africana en Latinoamérica en cuanto a literatura oral y escrita, la música y la danza en Cuba, la música y danza en América Latina continental, la música de origen africano en Brasil, las artes plásticas en las Antillas, México y América Central, hasta los hábitos alimentarios africanos en América Latina. Agn

Esta estructura revela varias cosas importantes sobre la filosofía editorial del libro. En primer lugar, la decisión de comenzar con el ensayo de Moreno Fraginals sobre los aportes culturales y la deculturación establece el marco teórico y conceptual que va a orientar la lectura de todos los capítulos que siguen. El concepto de deculturación —el proceso violento mediante el cual el sistema esclavista intentó sistemáticamente destruir las culturas africanas de los esclavizados— es el horizonte oscuro sobre el cual se recortan los aportes y las supervivencias que los demás ensayos documentan. Sin deculturación no puede entenderse la resiliencia cultural africana en América; sin la resiliencia, la deculturación aparecería como un proceso consumado y total, lo cual no fue el caso.

En segundo lugar, la estructura del libro muestra una voluntad de ir de lo más general y teórico a lo más específico y empírico. Los primeros capítulos abordan cuestiones de sociología y economía política —la organización social de la esclavitud, la alienación, las formas de resistencia—, mientras que los capítulos posteriores se adentran en manifestaciones culturales concretas: la música, la danza, la literatura, las artes plásticas, la gastronomía. Este movimiento de lo estructural a lo cultural no es arbitrario; refleja la convicción de Moreno Fraginals de que la cultura no puede comprenderse sin sus bases materiales, y de que las bases materiales —la economía de plantación, el sistema de trabajo forzado, la jerarquía racial— dan forma y contenido a las expresiones culturales.

En tercer lugar, la pluralidad de voces que convergen en el libro —Germán Carrera Damas desde Venezuela, Octavio Ianni desde Brasil, Edward Kamau Brathwaite desde Jamaica, Richard Allsopp desde el Caribe anglófono, Jean Benoist desde la Francia de ultramar en el Caribe— es en sí misma una declaración de principios. No hay una sola perspectiva nacional o disciplinaria que pueda abarcar por sí sola la complejidad de la presencia africana en América Latina. Se necesitan múltiples voces, múltiples disciplinas, múltiples tradiciones académicas para hacer justicia a esa complejidad.

Aportes culturales y deculturación: el ensayo fundador de Moreno Fraginals

El primer ensayo del libro, firmado por el propio Moreno Fraginals, es el más teóricamente ambicioso y el que establece las coordenadas conceptuales que van a guiar el conjunto de la obra. Su título —»Aportes culturales y deculturación»— anuncia ya la tensión dialéctica que recorre todo el libro: entre el aporte y la destrucción, entre la creatividad y la opresión, entre la memoria y el olvido.

Moreno Fraginals parte de una premisa que en 1977 todavía tenía mucho de contestataria: que los africanos llegados a América como esclavizados no llegaron como tabulas rasas culturales, sino como portadores de tradiciones, saberes, sistemas simbólicos, técnicas agrícolas y artesanales, formas de organización social y visiones del mundo tan ricas y complejas como las de cualquier otra cultura humana. El sistema esclavista intentó negar y destruir estas tradiciones, porque una cultura propia es también una fuente de identidad colectiva y de resistencia, y los esclavizadores sabían que la cohesión cultural entre los esclavizados podía convertirse en un peligro para el orden establecido.

Sin embargo, y esto es lo que Moreno Fraginals demuestra con gran riqueza documental y analítica, la deculturación nunca fue total ni definitiva. Los africanos y sus descendientes encontraron formas extraordinariamente creativas de preservar sus tradiciones, a veces en la clandestinidad, a veces bajo el disfraz de las formas culturales europeas o católicas, a veces a través de la reinvención y la síntesis. La religión africana sobrevivió bajo el manto del catolicismo; los ritmos africanos se preservaron en las festividades que los esclavizadores permitían o no podían controlar; las lenguas africanas sobrevivieron en palabras, giros y estructuras que se infiltraron en el español, el portugués y el francés del Nuevo Mundo; los conocimientos agrícolas y medicinales africanos se mantuvieron en las prácticas cotidianas de las comunidades esclavizadas.

Este proceso no fue simplemente de preservación; fue de creación. En el encuentro forzado de tradiciones africanas, europeas e indígenas en el crisol de las plantaciones y de las ciudades coloniales, surgieron formas culturales radicalmente nuevas que no existían en ninguna de las tradiciones matrices: el blues y el jazz en Norteamérica, el candombe en el Río de la Plata, la cumbia en Colombia, el merengue en el Caribe hispanófono, el samba y el candomblé en Brasil, el son y la salsa en Cuba y Puerto Rico. Estas formas no son imitaciones degradadas de modelos africanos; son creaciones originales del Nuevo Mundo afro, y algunas de ellas se han convertido en las expresiones musicales más influyentes del siglo XX a escala global.

El concepto de deculturación que Moreno Fraginals introduce en este ensayo fundador es, al mismo tiempo, una herramienta analítica y un acto de memoria política. Nombrar la deculturación como proceso histórico es reconocer que lo que se intentó hacer con las culturas africanas en América fue una forma de violencia cultural sistemática, comparable en su intención a lo que hoy llamaríamos etnocidio. Es negarse a aceptar la narrativa cómoda del mestizaje armónico, que oculta las asimetrías de poder, la violencia y la discriminación que han acompañado la historia de las relaciones raciales en América Latina.

La huida y el enfrentamiento: las formas de resistencia africana en América

El segundo gran eje temático del libro, desarrollado especialmente en el capítulo de Germán Carrera Damas, es el de las formas de resistencia que los africanos y sus descendientes opusieron al sistema esclavista. Estas formas de resistencia van desde las más individuales y cotidianas hasta las más colectivas y espectaculares, y su análisis es crucial para entender no solo la historia de la esclavitud sino también la historia de las culturas afrolatinoamericanas.

La huida —el cimarronaje— es quizás la forma de resistencia más estudiada, y con razón. Los cimarrones, los esclavizados que escapaban de las plantaciones y fundaban comunidades autónomas en las zonas inaccesibles del interior del continente, representan uno de los fenómenos más extraordinarios de la historia americana. Sus comunidades, conocidas como quilombos en Brasil, palenques en Hispanoamérica y maroon communities en el Caribe anglófono, no solo fueron espacios de libertad física; fueron también espacios de preservación cultural, donde las tradiciones africanas podían mantenerse y desarrollarse sin la vigilancia y la represión del sistema colonial.

El Quilombo dos Palmares en Brasil, que resistió durante casi un siglo (desde aproximadamente 1605 hasta 1694) y llegó a albergar a decenas de miles de personas, es el ejemplo más conocido de estas comunidades cimarronas, pero hubo centenares de ellas en toda la geografía americana. Desde los Altos de Chiapas en México hasta los quilombos de Minas Gerais en Brasil, pasando por los palenques del Caribe y las comunidades maroon de Jamaica y Surinam, los africanos y sus descendientes crearon espacios de autonomía que desafiaron la pretensión del sistema colonial de control total sobre los cuerpos y las mentes de los esclavizados.

El enfrentamiento, la otra cara de la moneda, abarca desde las rebeliones individuales y espontáneas hasta las grandes insurrecciones colectivas que sacudieron el sistema esclavista en sus fundamentos. La Revolución Haitiana (1791-1804), la única revolución de esclavizados exitosa en la historia del mundo, es el punto culminante de esta historia de resistencia, y el libro le dedica un estudio de caso específico que examina sus causas, su desarrollo y sus consecuencias para la historia de América Latina. La Revolución Haitiana no fue solo la emancipación de los esclavizados de Saint-Domingue; fue también el primer Estado negro independiente del mundo, una demostración práctica de que los principios universalistas de la Revolución Francesa podían —y debían— aplicarse a todos los seres humanos, sin importar su color de piel, y fue al mismo tiempo el mayor terror de las clases propietarias esclavistas del continente, que vieron en Haití un espejo de su posible destino.

La organización social bajo la esclavitud: Octavio Ianni y la sociología de la plantación

El aporte de Octavio Ianni al volumen es uno de los más teóricamente sofisticados, y constituye una aplicación del pensamiento sociológico crítico latinoamericano —la teoría de la dependencia, la sociología de la dominación— al análisis de las estructuras sociales generadas por el sistema esclavista. Ianni parte de una premisa fundamental: que la esclavitud no fue simplemente una forma de organización del trabajo, sino un sistema social total que determinó la estructura de clases, las relaciones de poder, las formas de subjetividad y las posibilidades de emancipación de las sociedades que la practicaron.

La plantación, como unidad productiva y social básica del sistema esclavista, no era solo un lugar de trabajo: era también una institución de control y de fabricación de identidades. La jerarquía racial que estructuraba la plantación —blancos propietarios, negros esclavizados, y las múltiples categorías intermedias de pardos, mulatos, libertos y criollos— generó formas de alienación que no desaparecieron con la abolición formal de la esclavitud, sino que se reprodujeron bajo nuevas formas en las sociedades poscoloniales.

Ianni analiza también las formas de organización colectiva que los africanos y sus descendientes desarrollaron dentro del sistema esclavista, a pesar de sus limitaciones y represiones. Los cabildos de nación en Cuba, las irmandades en Brasil, las sociedades de ayuda mutua en el Caribe son ejemplos de estas formas de organización que, bajo la apariencia de asociaciones religiosas o festivas toleradas por el sistema colonial, funcionaban en realidad como estructuras de cohesión social, de preservación cultural y, en algunos casos, de conspiración y resistencia.

Religión y cultura negra: la supervivencia del espíritu africano

Uno de los capítulos más ricos e influyentes del libro es el dedicado a la religión y la cultura negra, escrito por Juana Elbein dos Santos y Deoscoredes M. dos Santos, dos especialistas brasileños en las tradiciones del candomblé y las religiones afrobrasileñas. Su ensayo es un ejemplo magistral de cómo la investigación académica puede ponerse al servicio del reconocimiento y la valoración de tradiciones culturales que la sociedad dominante había relegado a la categoría de superstición o primitivismo.

Las religiones afrolatinoamericanas —el candomblé y el umbanda en Brasil, la santería y el palo monte en Cuba, el vodú en Haití, el obeah en el Caribe anglófono, el candomblé en Uruguay y Argentina— son quizás el ejemplo más impresionante de supervivencia cultural africana en el Nuevo Mundo. Estas tradiciones religiosas, que combinan elementos de diversas tradiciones africanas (yoruba, fon, bantú, entre otras) con elementos del catolicismo europeo y, en algunos casos, de las espiritualidades indígenas americanas, no son simples supervivencias fosilizadas del pasado africano; son sistemas religiosos vivos y creativos, que han seguido evolucionando y adaptándose hasta el presente.

Lo que el libro muestra con particular agudeza es que estas religiones no son solo sistemas de creencias: son también formas de organización social, de transmisión de conocimientos, de mantenimiento de identidades colectivas y de resistencia frente a la discriminación. Los templos del candomblé en Brasil, los ilé oricha en Cuba, los peristiles del vodú haitiano han sido durante siglos instituciones de cohesión comunitaria y de preservación de la memoria cultural africana, enfrentando la represión de las autoridades coloniales y postcoloniales que las veían como amenazas al orden social y a la ortodoxia religiosa.

La dimensión teológica de estas tradiciones es también analizada en el libro con una profundidad que contrastaba fuertemente con la superficialidad con que habitualmente eran tratadas en la literatura académica de la época. Juana Elbein dos Santos, que era ella misma una iniciada en el candomblé yoruba además de una académica formada en La Sorbona, aporta al análisis un conocimiento interior de estas tradiciones que raramente encontramos en los estudios externos, y que le permite describir con precisión la coherencia teológica y filosófica de estos sistemas religiosos, negando con ello la imagen de primitivismo o irracionalidad que les habían adjudicado los observadores coloniales y positivistas.

La lengua como campo de batalla y de creación: Richard Allsopp y la influencia africana en el idioma

La contribución de Richard Allsopp sobre la influencia africana en el idioma del Caribe es uno de los capítulos más novedosos del volumen, y uno de los que más ha influido en desarrollos posteriores de la lingüística afroamericana. El lenguaje es uno de los campos donde la huella africana es más profunda y, paradójicamente, más invisible para el hablante común, que no suele percibir las capas africanas que subyacen bajo la superficie española, portuguesa o francesa de los idiomas caribeños y latinoamericanos.

Allsopp analiza en detalle los procesos de formación de los criollos caribeños —los idiomas mezclados que surgieron del contacto forzado entre las lenguas africanas, el inglés, el francés y el holandés en las plantaciones del Caribe—, mostrando que estos idiomas no son degeneraciones o simplificaciones de las lenguas europeas, sino sistemas lingüísticos plenamente desarrollados, con sus propias gramáticas, fonologías y vocabularios, que siguen reglas propias y expresan experiencias y visiones del mundo que no tienen equivalente exacto en las lenguas europeas de base.

El kriol de Belice, el creole de Haití y de la Martinica, el papiamento de Aruba y Curaçao, el sranan de Surinam, el geechee de las islas de la costa de Georgia y Carolina del Sur: cada uno de estos idiomas es un testimonio lingüístico de la historia de la esclavitud y de la resistencia cultural africana. En ellos se pueden rastrear las lenguas africanas que les dieron su sustrato gramatical y léxico, las lenguas europeas que proporcionaron gran parte del vocabulario, y las innovaciones creativas de las comunidades hablantes que forjaron estos nuevos instrumentos de comunicación en las condiciones extremas de la plantación.

Pero la influencia africana en el idioma no se limita a los criollos. El español caribeño, el portugués brasileño, el francés antillano están todos profundamente marcados por la presencia africana, tanto en el léxico (centenares de palabras de origen africano en todas estas variedades) como en la fonología (ciertos rasgos fonéticos del español caribeño tienen explicaciones que remiten a las lenguas africanas de los primeros hablantes), como en la entonación y el ritmo del habla, que en muchas regiones del Caribe muestra características que los fonólogos han relacionado con las lenguas tonales del África occidental.

La música y la danza: la más evidente y más profunda de las herencias africanas

Es quizás en el campo de la música y la danza donde la herencia africana en América Latina es más reconocida, aunque no siempre bien comprendida o correctamente atribuida. El libro dedica varios capítulos a esta dimensión, con la música y danza en Cuba a cargo de Odilio Urfé, la música en América Latina continental a cargo de Isabel Aretz, y la música brasileña de origen africano a cargo de otros especialistas.

El caso cubano, analizado por Urfé con la autoridad de quien es al mismo tiempo musicólogo y músico, ilustra con particular claridad la complejidad del proceso de sincretismo y creación que caracteriza la música afrolatinoamericana. La música cubana —el son, la rumba, el danzón, el mambo, el cha-cha-chá, la salsa— no es simplemente música africana adaptada al contexto caribeño; es el producto de siglos de interacción entre tradiciones musicales africanas (especialmente yoruba, bantú y abakuá), tradiciones musicales europeas (española y francesa principalmente), y las innovaciones creativas de múltiples generaciones de músicos cubanos, muchos de ellos de ascendencia africana, que fueron construyendo un lenguaje musical radicalmente original.

Los afroamericanos recrean lo que se ha llamado, en un lenguaje especializado, el folk-life, es decir, la síntesis de rasgos africanos y europeos legitimados en América y, por lo tanto original, con una forma de lenguaje que al paso de los años, alberga formas, estilos y estructuras. Redalyc Esta síntesis no es la negación de ninguna de sus partes constituyentes; es una creación genuinamente nueva que enriquece el patrimonio cultural de la humanidad.

Isabel Aretz, por su parte, aporta una visión comparada de la música de origen africano en América Latina continental —Brasil excluido—, mostrando la enorme diversidad de formas que la herencia musical africana ha tomado en diferentes contextos geográficos y sociales, desde la costa colombiana hasta el Río de la Plata, pasando por Venezuela, Perú y el Caribe hispanófono. Esta diversidad no es caótica; responde a las especificidades de los contextos de esclavitud en cada región, a las composiciones étnicas particulares de las poblaciones africanas deportadas a cada zona, y a las dinámicas locales de sincretismo cultural.

Literatura: la voz africana en las letras de América

El libro dedica también una atención importante a la presencia africana en la literatura latinoamericana y caribeña, un campo en el que la contribución africana ha sido igualmente determinante, aunque quizás menos estudiada que en el caso de la música. El capítulo de Edward Kamau Brathwaite sobre la presencia africana en la literatura del Caribe es uno de los más literariamente poderosos del volumen, porque Brathwaite es él mismo uno de los grandes poetas del Caribe anglófono, y aborda su objeto de análisis con la sensibilidad y la profundidad de quien ha vivido la experiencia de la que habla.

Brathwaite introduce la noción de «nación language» —el idioma de la nación— para referirse a la forma en que la herencia lingüística africana ha dado forma a las literaturas caribeñas, creando una estética verbal que no puede reducirse ni a los cánones europeos ni a una supuesta pureza africana, sino que es el producto de la historia específica del Caribe. Esta estética incluye el ritmo oral de las tradiciones africanas de storytelling, la polisemia y la indirección que caracterizan muchas formas de expresión africana, la relación especial con el cuerpo y con el movimiento que se manifiesta en la oralidad caribeña, y la capacidad de enunciación poética desde los márgenes del sistema colonial.

El ensayo de Samuel Feijoo sobre la influencia africana en la literatura oral y escrita latinoamericana amplía la mirada hacia el ámbito hispanófono, mostrando cómo las tradiciones de cuento, leyenda, poesía oral y música popular de origen africano han enriquecido las literaturas nacionales de Cuba, Venezuela, Colombia, Perú y otros países, muchas veces sin que sus autores ni sus lectores fueran plenamente conscientes de esas raíces.

Las artes plásticas y la gastronomía: dimensiones cotidianas de la herencia africana

Uno de los mayores méritos del libro es haber incluido capítulos dedicados a dimensiones de la herencia cultural africana que habitualmente quedan fuera de los estudios académicos: las artes plásticas y la gastronomía. Esta inclusión no es anecdótica; responde a una filosofía cultural que considera que la historia de las culturas no puede reducirse a las grandes obras del arte culto o de la literatura canónica, sino que debe abarcar también las formas de expresión y de vida cotidiana que constituyen la experiencia concreta de los pueblos.

Las artes plásticas de las Antillas, México y América Central muestran una presencia africana que va desde los motivos y las técnicas decorativas de los tejidos y la cerámica hasta las esculturas religiosas del candomblé y la santería, pasando por las máscaras carnavaleras y los objetos rituales que siguen produciendo artesanos afrolatinoamericanos en múltiples regiones del continente. Esta presencia no siempre es fácilmente identificable como «africana» para el observador no especializado, porque ha sido absorbida y transformada por siglos de sincretismo y por las condiciones materiales de producción artesanal en el Nuevo Mundo. Pero los especialistas que contribuyen a este capítulo muestran con paciencia y rigor las líneas de continuidad que unen estas formas artísticas con sus antecedentes africanos.

La gastronomía, finalmente, es quizás el campo donde la presencia africana en América Latina es más cotidianamente vivida y menos consciente. La cocina latinoamericana y caribeña es impensable sin los aportes africanos: el negro frijol, el ñame, el maní, el quimbombó, el plátano macho, el aceite de palma, el coco y decenas de otros ingredientes de origen africano o popularizados por las tradiciones culinarias africanas son componentes esenciales de las cocinas nacionales de Brasil, Cuba, Colombia, Venezuela, Perú y muchos otros países. Las técnicas culinarias africanas —la fritura en aceite vegetal, el estofado lento de legumbres, la elaboración de pastas de maíz y de yuca— han modelado también las formas de cocinar que hoy se consideran «típicas» de múltiples regiones latinoamericanas.

La presencia africana como factor histórico, de hacerse consciente, podría constituir una fuerza integradora entre los países de América Latina y el Caribe. Redalyc Esta observación, formulada en el libro con relación a la gastronomía y a otras dimensiones de la herencia cultural africana, tiene un alcance que va más allá de lo académico: señala que el reconocimiento de las raíces africanas compartidas puede ser también un fundamento de solidaridad regional y de identidad continental.

La vigencia de la obra: un clásico que no envejece

Casi medio siglo después de su primera publicación, África en América Latina mantiene una vigencia que pocas obras académicas pueden reclamar para sí. Esto se debe a varias razones que merecen ser señaladas.

En primer lugar, la calidad intelectual de los ensayos reunidos por Moreno Fraginals es extraordinariamente alta. Los especialistas convocados no eran figuras menores; eran en muchos casos los mejores en sus respectivos campos, y sus contribuciones al libro son también contribuciones de primer orden a sus disciplinas. El capítulo de Brathwaite sobre la literatura caribeña, por ejemplo, es un documento fundacional de los estudios literarios caribeños; el de Juana Elbein dos Santos sobre la religión yoruba en Brasil es una referencia obligada de la etnología afrobrasileña.

En segundo lugar, el enfoque multidisciplinar del libro, que en 1977 era una innovación metodológica notable, sigue siendo un modelo de cómo abordar objetos de estudio tan complejos como la herencia cultural africana en América. La complejidad de este objeto exige precisamente esa pluralidad de perspectivas: no puede ser abordado solo desde la historia, ni solo desde la antropología, ni solo desde la lingüística o la musicología. Necesita de todos ellos al mismo tiempo.

En tercer lugar, el marco teórico que Moreno Fraginals propone en su ensayo de apertura —el de la dialéctica entre deculturación y creatividad cultural— sigue siendo una herramienta analítica poderosa y vigente. Los debates actuales sobre afrofuturismo, sobre epistemologías del Sur, sobre conocimientos situados y perspectivas decoloniales pueden reconocer en este libro un antecedente importante, aunque sus autores utilizaran un vocabulario diferente.

Apeló, sí, a la descolonización mental; analizó como pocos las bases de nuestro racismo estructural y, sobre todo, dejó claro que nuestras sociedades caribeñas se fundan sobre una profunda anomalía, demográfica y social. CiberCuba Esta denuncia del racismo estructural, formulada por Moreno Fraginals en los años setenta, suena tan contemporánea como si hubiera sido escrita ayer, en medio de los debates globales sobre el racismo sistémico que han ganado urgencia en los últimos años.

El legado del libro y de su autor

Moreno Fraginals es quizás el historiador cubano más conocido internacionalmente, gracias a su obra El Ingenio, editada en 1964, un extensísimo y detallado estudio de las economías de plantaciones esclavistas en Cuba y el Caribe. A su muerte dejó escritas numerosas obras de gran trascendencia. Wikipedia

El legado de Moreno Fraginals, y de África en América Latina en particular, debe medirse no solo en términos académicos sino también en términos de su impacto sobre la conciencia cultural y política de las sociedades latinoamericanas. El libro contribuyó, junto con otras obras de la misma época, a hacer visible lo que había sido invisibilizado: la presencia africana como componente esencial de la identidad latinoamericana, no como un residuo exótico o marginal, sino como uno de sus pilares fundamentales.

Moreno Fraginals es autor de El Ingenio. Complejo económico social cubano del azúcar (La Habana, 1964). Esta obra ha sido traducida a diversos idiomas y es una referencia capital para la historia de América Latina. Aconcagualibros La admiración que despertó en figuras como el Che Guevara —quien en nota personal le expresó que no recordaba haber leído un libro latinoamericano en el que se conjugaran de tal manera el rigor metodológico, la escrupulosidad histórica y la pasión— es indicativa del impacto que Moreno Fraginals tuvo en su generación.

En la trayectoria de una vida intelectual que fue tanto rica como compleja, África en América Latina representa el momento en que Moreno Fraginals ensanchó su campo de visión más allá de Cuba y el azúcar para abarcar el continente entero y la dimensión africana de toda su historia. Es un libro que, en la mejor tradición del gran humanismo latinoamericano, busca no solo comprender el pasado sino también iluminar el presente y orientar el futuro.

Conclusión: un libro que es también un acto de justicia

África en América Latina es un libro que se puede leer de muchas maneras: como un compendio de investigaciones especializadas sobre la herencia africana en el Nuevo Mundo, como un manifiesto intelectual a favor del reconocimiento de las culturas subalternizadas, como un ejercicio metodológico de historia cultural multidisciplinar, como un documento de la época en que fue escrito —los agitados años setenta del siglo XX, marcados por la descolonización, la revolución cubana y los movimientos de liberación africanos— o simplemente como una lectura apasionante sobre la riqueza y la complejidad de las culturas americanas.

Pero hay una manera más que sintetiza todas las demás: África en América Latina es un acto de justicia. Un acto de justicia hacia los millones de hombres y mujeres africanos que fueron arrancados de sus tierras, separados de sus familias y comunidades, reducidos a la condición de mercancía y obligados a trabajar hasta la muerte en las plantaciones y las minas del Nuevo Mundo. Un acto de justicia hacia sus descendientes, que durante siglos fueron discriminados, marginados y privados del reconocimiento de su contribución a la civilización americana. Y un acto de justicia hacia la verdad histórica, que no puede seguir siendo amputada de una de sus partes constituyentes sin dejar de ser verdad.

América es, en su conjunto una, y diversa en su pluralidad. No hay futuro posible sin la participación plena, a la cual tienen derecho todas las etnias que la conforman. Cualquier rechazo a nuestras raíces indias, europeas o africanas, impide erradicar los conceptos racistas que, de una u otra forma, cuestionan nuestra identidad. Redalyc

Esta frase, que podría servir como epígrafe del libro entero, resume la apuesta central de Moreno Fraginals y de todos los investigadores que colaboraron con él: que el reconocimiento de la herencia africana en América no es un asunto de especialistas o de militantes, sino una condición de posibilidad de la democracia y de la justicia en las sociedades latinoamericanas. Un pueblo que no reconoce todas sus raíces no puede conocerse a sí mismo, y un pueblo que no se conoce a sí mismo no puede construir su futuro con plena libertad y dignidad. África en América Latina es, en este sentido, mucho más que un libro académico: es una invitación a mirarse en un espejo completo, sin las amputaciones ni los afeites que durante siglos han deformado la imagen que los latinoamericanos tienen de sí mismos.

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