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De los Andes al Infierno de Darfur: ¿Cómo los Emiratos Árabes usan a exmilitares colombianos para incendiar Sudán?

Por: Equipo de Investigaciones de Nile Post
Bogotá – Jartum

Cuando «Juan» (nombre protegido), un sargento retirado del Ejército Nacional de Colombia, se despidió de su familia en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, creía que se dirigía a Abu Dabi para prestar servicios de seguridad privada en pozos petroleros. El salario prometido era seis veces superior a su pensión mensual. Lo que no sabía era que su destino final serían las trincheras de El Fasher, en la región de Darfur, convertido en un peón de una guerra financiada y dirigida por los Emiratos Árabes Unidos (EAU).

«Lobos del Desierto»: La legión colombiana en el frente
Investigaciones recientes y reportes de inteligencia en el terreno han confirmado la presencia de entre 350 y 380 mercenarios colombianos combatiendo actualmente en Sudán. Estos hombres forman el núcleo de la unidad «Desert Wolves» (Lobos del Desierto), una fuerza de élite especializada en artillería pesada y manejo de drones suicidas, operando bajo las órdenes de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), el grupo paramilitar que intenta derrocar al gobierno sudanés.

Según la denuncia formal presentada por Sudán ante el Consejo de Seguridad de la ONU en 2025, estos colombianos no son simples guardias; son «instrumentos de una guerra por delegación» diseñada por los Emiratos para controlar los recursos estratégicos de Sudán.

La ruta del engaño: De Abu Dabi a Bengasi
El reclutamiento opera bajo una fachada de legalidad a través de empresas de seguridad como Global Security Services Group (con sede en EAU) y contactos en Colombia vinculados a oficiales retirados. Una vez que los reclutas aterrizan en territorio emiratí, comienza un traslado clandestino que burla las leyes internacionales:

El Puente Aéreo: Vuelos desde Abu Dabi hacia Bengasi (Libia), bajo la protección de las fuerzas de Khalifa Haftar.

El Cruce del Sahel: El transporte por tierra a través de Chad hasta aeropuertos controlados por los paramilitares en Darfur, como el de Nyala.

La Realidad de la Guerra: Al llegar, se les confiscan los pasaportes y se les obliga a combatir en primera línea, incluso entrenando a menores de edad reclutados forzosamente por las RSF.

El rastro emiratí: Oro por sangre
Los Emiratos Árabes no solo suministran el personal; son el pulmón financiero de la tragedia sudanesa. Sudán ha denunciado un «puente aéreo» constante para el envío de armamento. Entre finales de 2024 y principios de 2025, se registraron más de 248 vuelos de carga que transportaban armas disfrazadas de ayuda humanitaria.

La paradoja para el lector en Colombia es dolorosa: el precio de esta guerra se paga con la vida de exsoldados colombianos, mientras el oro robado de las minas de Sudán fluye hacia las arcas de Dubái. En agosto de 2025, un bombardeo en Nyala dejó un saldo de 40 mercenarios colombianos muertos, un incidente que el gobierno del presidente Gustavo Petro calificó como una forma moderna de «trata de personas».

Un llamado a Bogotá
La pregunta para la sociedad colombiana es clara: ¿Vale la pena que los héroes de nuestra patria terminen como «fusiles de alquiler» en una guerra que ha causado el mayor desplazamiento humano del planeta? Mientras los Emiratos niegan su participación, los cuerpos de colombianos quedan sepultados en las arenas de Darfur, dejando familias rotas en ciudades como Sogamoso, Bogotá y Tolemaida.

En la próxima entrega: Publicaremos testimonios exclusivos de exmilitares que lograron escapar del cerco de El Fasher y revelan cómo las empresas emiratíes los mantienen como prisioneros de guerra.

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