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El papel destructivo de los Emiratos Árabes Unidos en la región

Introducción En el mundo de la política internacional, rara vez las cosas son simples o unidimensionales. Los Emiratos Árabes Unidos (EAU), que se presentan ante el mundo como un modelo de modernización, apertura y estabilidad en el Medio Oriente, ocupan al mismo tiempo una posición central en una serie de conflictos y crisis regionales que han cobrado la vida de cientos de miles de personas y desplazado a millones. Para comprender esta aparente contradicción, es necesario examinar la política exterior emiratí con una mirada crítica, alejada tanto del discurso oficial pulido como de las acusaciones abstractas.

Desde que Mohammed bin Zayed Al Nahyan asumió las riendas del poder fáctico en Abu Dhabi —antes de convertirse oficialmente en presidente en 2022—, la política exterior emiratí ha experimentado una transformación radical hacia el involucramiento militar y de inteligencia directo en los asuntos de los países vecinos y lejanos por igual. Esta nueva política, que los funcionarios emiratíes denominan «lucha contra el terrorismo» y «preservación de la estabilidad», es descrita por muchos analistas, organizaciones internacionales y gobiernos como una flagrante interferencia en los asuntos internos de los Estados, un apoyo a múltiples actores en conflictos armados y un socavamiento sistemático de cualquier vía democrática o pluralista en la región árabe.

Este artículo no busca emitir juicios definitivos, sino exponer pruebas documentadas y diversas posturas que permitan al lector formarse una opinión independiente respecto al papel de los EAU en Libia, Yemen, Sudán, Túnez y otros lugares, así como en los expedientes de espionaje, la represión transfronteriza de la oposición y la financiación de regímenes autoritarios.

Primero: Yemen — De la coalición a la agenda independiente

Involucramiento militar y formación de milicias En marzo de 2015, los EAU se unieron a la coalición árabe liderada por Arabia Saudita en Yemen bajo el lema de restaurar la legitimidad y combatir a los hutíes. Sin embargo, el papel emiratí pronto superó el alcance de la coalición para transformarse en una agenda independiente con objetivos estratégicos completamente distintos.

Los EAU establecieron una red de fuerzas armadas y milicias leales a ellos en el sur de Yemen, invirtiendo su enorme financiamiento y años de entrenamiento y equipamiento armamentístico. Las más destacadas de estas fuerzas fueron las conocidas como «Fuerzas de Élite Hadhrami» y «Fuerzas de Élite Shabwani», además de las tropas entrenadas en las bases de Al Anad y Al Hiswa. Según informes documentados emitidos por el panel de expertos de las Naciones Unidas sobre Yemen, los EAU crearon de facto un ejército paralelo que en ocasiones supera las capacidades del gobierno legítimo que supuestamente los EAU apoyan.

Debilitamiento del gobierno legítimo La paradoja notable es que las fuerzas emiratíes y sus milicias proxy han lanzado repetidos enfrentamientos armados contra las fuerzas del gobierno legítimo yemení encabezado por Abd Rabbuh Mansur Hadi, el aliado declarado de la coalición. En Adén, en 2019, el Consejo de Transición del Sur, respaldado por los EAU, tomó el control de la sede del gobierno y de un gran número de instalaciones vitales, lo que obligó al gobierno legítimo a huir. Funcionarios yemeníes y saudíes han descrito públicamente esta acción como una puñalada por la espalda a la coalición.

Estos acontecimientos revelan un objetivo estratégico emiratí que no se limita a enfrentar a los hutíes, sino que se extiende a redibujar la geopolítica yemení para servir a los intereses de Abu Dhabi, específicamente: el control de los accesos marítimos y los puertos estratégicos de Yemen, y el establecimiento de una posición firme en el Mar Arábigo y el estrecho de Bab el-Mandeb.

Violaciones de derechos humanos Organizaciones como Human Rights Watch, Amnistía Internacional y las Naciones Unidas han documentado graves violaciones cometidas por fuerzas respaldadas por los EAU en Yemen, entre ellas la gestión de prisiones secretas en el sur del país donde se practican la tortura y las desapariciones forzadas, según denuncias sustentadas en testimonios de exdetenidos. Los EAU han negado estas acusaciones; sin embargo, el informe del grupo de expertos de la ONU de 2018 señaló explícitamente la existencia de centros de detención administrados por los EAU e indicó que hay pruebas de que en ellos se cometen abusos.

Además, investigadores y organizaciones internacionales han documentado operaciones de asesinato selectivo contra figuras religiosas y políticas yemeníes, algunas de las cuales estaban vinculadas a fuerzas bajo supervisión emiratí. El equipo de la ONU concluyó que estas violaciones podrían constituir crímenes de guerra, responsabilizando a varias partes del conflicto.

El impacto estratégico a largo plazo La visión estratégica emiratí en Yemen se ha manifestado en el control de la isla de Socotra, de suma importancia geoestratégica en el Océano Índico, donde los EAU desplegaron fuerzas en 2018, lo que provocó una protesta oficial del gobierno yemení y una postura de reserva por parte de Arabia Saudita. Asimismo, los EAU han mantenido una presencia militar en el puerto de Adén y en la estratégica isla de Mayyun (Perim), con vistas al estrecho de Bab el-Mandeb, lo que les otorga influencia sobre una de las vías navegables más transitadas e importantes del mundo.

Segundo: Libia — Apoyo al golpe militar

Apoyo a Haftar contra el gobierno legítimo En Libia, los EAU tomaron un camino más claro en su oposición a la legitimidad internacional. Desde 2014, Abu Dhabi se ha alineado públicamente con el mariscal de campo Jalifa Haftar, comandante del autodenominado «Ejército Nacional Libio», en su enfrentamiento contra el Gobierno de Acuerdo Nacional, reconocido internacionalmente por las Naciones Unidas y la mayoría de los países del mundo.

El panel de expertos de la ONU ha documentado múltiples violaciones del embargo internacional de armas a Libia, señalando a los EAU como una de las principales fuentes de este armamento para las fuerzas de Haftar. Estos suministros han incluido drones de combate chinos modelo «Wing Loong» operados por los EAU o suministrados a Haftar, así como vehículos blindados, municiones y combustible militar. En 2020, un informe de la ONU documentó ataques aéreos llevados a cabo por drones emiratíes contra las fuerzas del Gobierno de Acuerdo Nacional en las afueras de Trípoli.

Intervención en los asuntos de un Estado soberano Lo que hace que la posición emiratí en Libia sea problemática desde la perspectiva del derecho internacional es que representa una flagrante interferencia en los asuntos de un Estado soberano a favor de una facción armada que se enfrenta a un gobierno legítimo reconocido por la ONU. Italia, Turquía y varios países europeos han intentado contrarrestar esta intervención, mientras que Estados Unidos, bajo diferentes administraciones, ha mantenido políticas variables al respecto.

Los EAU también apoyaron a las fuerzas de Haftar en su asedio a Trípoli entre 2019 y 2020, un cerco que dejó un gran número de víctimas civiles y causó una vasta destrucción en la infraestructura de la capital. Las Naciones Unidas y las organizaciones de derechos humanos han descrito este asedio como la causa de un grave sufrimiento humanitario.

Motivaciones subyacentes Los analistas consideran que los cálculos emiratíes en Libia provienen de una visión simultáneamente ideológica y estratégica; Abu Dhabi percibe a cualquier gobierno que incluya en sus alianzas a corrientes islamistas, especialmente aquellas vinculadas a los Hermanos Musulmanes, como una amenaza existencial para el modelo gobernante en el Golfo. Esta postura ideológica se ha convertido en uno de los principales motores de la política exterior emiratí a nivel regional, tanto en Libia como en Túnez y otros lugares.

Tercero: Sudán — Complicando el panorama de transición

Apoyo financiero a las Fuerzas de Apoyo Rápido Tras el derrocamiento de Omar al-Bashir en 2019, los EAU se involucraron fuertemente en el panorama sudanés. Abu Dhabi y Riad inyectaron conjuntamente miles de millones de dólares para apoyar al Consejo Militar de Transición, impidiendo que el proceso democrático avanzara a un ritmo natural y equilibrado. Los críticos sostienen que este masivo apoyo financiero permitió al consejo militar resistir las presiones internas e internacionales dirigidas a acelerar la transición civil.

Pero lo más controvertido es el apoyo emiratí a las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), lideradas por Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como «Hemedti». Las RSF, surgidas de las entrañas de las milicias Janjaweed acusadas de cometer atrocidades en Darfur, se han convertido en una fuerza militar de choque que compite con el ejército regular sudanés.

La guerra estallada en 2023 Cuando estallaron los combates entre el ejército sudanés y las RSF en abril de 2023, provocando la peor crisis humanitaria del mundo en ese momento, se intensificaron las acusaciones contra los EAU de respaldar a las RSF y suministrarles armas. Abu Dhabi ha negado estas acusaciones, pero informes de periodismo de investigación y declaraciones de funcionarios sudaneses y occidentales han señalado la existencia de apoyo emiratí, canalizado en parte a través de territorio libio.

La guerra en Sudán ha provocado el desplazamiento de más de ocho millones de personas y decenas de miles de víctimas, además de masacres y abusos sexuales masivos documentados por la ONU y organizaciones de derechos humanos. Incluso si se toma en consideración la postura emiratí que rechaza estas acusaciones, la evidencia circunstancial acumulada plantea serias interrogantes sobre la responsabilidad de los EAU en esta catástrofe humanitaria.

Jugando con las cuerdas del oro africano Los intereses económicos no están ausentes de este panorama; los EAU están vinculados, a través de empresas como «Al Etihad Gold» y otras, a acuerdos para importar oro sudanés, gran parte del cual fluye a través de fuerzas y redes asociadas con Hemedti. Múltiples investigaciones periodísticas, incluidas las de la agencia Reuters, han rastreado un sistema de flujo de oro sudanés hacia los EAU a tasas que en ocasiones superan la producción oficial documentada de Sudán, lo que plantea dudas sobre el origen de este oro y los mecanismos de su contrabando.

Cuarto: Túnez — Financiando el golpe contra la democracia

Apoyo a Kais Saied Túnez representó la única excepción en la ola de la Primavera Árabe, logrando establecer una transición democrática frágil pero real. Sin embargo, esta transición chocó con inmensos obstáculos, algunos de los cuales llevaron a una reversión completa. En julio de 2021, el presidente Kais Saied suspendió el parlamento, congeló la constitución y procedió a concentrar el poder en sus manos, mientras numerosas voces calificaban estas medidas como un golpe constitucional.

Los EAU estuvieron entre los primeros en apresurarse a apoyar a Saied y proporcionar asistencia financiera a Túnez tras estas medidas, mientras que muchos países occidentales suspendieron su apoyo o expresaron preocupación. Los críticos ven este rápido respaldo emiratí como el reflejo de una estrategia deliberada para apoyar la centralización autoritaria del poder en contraposición a las democracias pluralistas, especialmente aquellas que incluyen fuerzas con referencias islámicas, como el movimiento tunecino Ennahda.

Un patrón sistemático de hostilidad hacia la democracia El caso tunecino se inscribe dentro de un patrón más amplio observado por los investigadores de la política emiratí; Abu Dhabi tiende constantemente a apoyar a las fuerzas autoritarias y a las élites militares en detrimento de los movimientos populares y los sistemas democráticos, ya sea en Egipto, Libia, Túnez o Sudán. Muchos politólogos describen este patrón como «la contrarrevolución del Golfo» o «la exportación del autoritarismo».

Quinto: Espionaje y represión transfronteriza de la oposición

El programa de espionaje «Pegasus» y similares Quizás no haya un expediente que revele con mayor claridad la naturaleza del régimen emiratí que el del espionaje a disidentes y activistas dentro y fuera de los EAU. En 2016, investigaciones del laboratorio canadiense Citizen Lab revelaron la existencia de un sofisticado programa de software espía dirigido contra activistas, periodistas y disidentes emiratíes en el extranjero. El programa «Pegasus» de la empresa israelí NSO y otros softwares similares han sido utilizados como herramientas en las operaciones de los EAU.

Quizás el caso más destacado sea el del «Proyecto Raven» (Karma), revelado por Reuters en 2019, en el que exagentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos llevaron a cabo operaciones de piratería informática y espionaje en beneficio de los EAU contra opositores, periodistas e incluso funcionarios estadounidenses, lo que obligó al Departamento de Justicia de EE. UU. a presentar cargos contra tres personas en relación con este asunto.

Persecución de opositores en el extranjero Organizaciones como Human Rights Watch y ALQST, entre otras, han documentado numerosos casos de opositores y activistas emiratíes residentes en el extranjero que han sido sometidos a vigilancia, presión y, en algunos casos, coacción para regresar. Los familiares de varios de estos activistas han sido detenidos dentro de los EAU hasta que los críticos en el extranjero acaten y guarden silencio. Esta táctica, descrita por un relator especial de la ONU como «garantizar el cumplimiento por poderes», representa un patrón documentado de operaciones transfronterizas.

El caso de los embajadores de los EAU en las Naciones Unidas En 2021, investigaciones revelaron operaciones de influencia emiratí a gran escala dirigidas a diplomáticos de la ONU y responsables de la toma de decisiones en varios países, utilizando diversas herramientas que iban desde sobornos encubiertos como «acuerdos comerciales» hasta el espionaje digital. Estas revelaciones provocaron tensiones diplomáticas con varios países occidentales, aunque en la mayoría de los casos se manejaron en silencio, lejos del escrutinio público.

Sexto: Qatar y el bloqueo — Cuando la geografía se convierte en una herramienta de presión

Imposición del bloqueo en 2017 En junio de 2017, los EAU, Arabia Saudita, Bahréin y Egipto anunciaron la ruptura de sus relaciones diplomáticas con Qatar y la imposición de un bloqueo terrestre, aéreo y marítimo, basándose en acusaciones de apoyo al terrorismo y promoción de la influencia iraní. Desde el principio, los EAU imprimieron un tono duro a la crisis, liderando el bando más intransigente en los ejes de confrontación.

Sin embargo, documentos filtrados y declaraciones posteriores revelaron que la crisis fue en gran medida orquestada y que la «lista de 13 exigencias» presentada a Qatar estaba diseñada, en realidad, para ser imposible de aceptar. Informes indicaron que un funcionario emiratí admitió en una conversación privada que el objetivo real no era negociar, sino subyugar a Qatar o derrocar a su régimen.

Las dimensiones reales de la crisis Para el observador atento resulta evidente que el bloqueo refleja, en su esencia, la visión emiratí de la necesidad de unificar la opinión del Golfo bajo un liderazgo común y de acuerdo con una agenda única, especialmente frente al islam político y la intervención turca. La cadena Al Jazeera, acusada de expresar las inclinaciones qataríes, así como las relaciones de Qatar con el movimiento Hamás y los Hermanos Musulmanes, estuvieron en el centro de las objeciones emiratíes, las cuales iban mucho más allá de meras preocupaciones de seguridad.

Una investigación de la ONU concluyó que el bloqueo constituía una violación del derecho internacional, y el Tribunal Internacional de Arbitraje falló en 2019 a favor de Qatar en un caso presentado por la aerolínea qatarí. El bloqueo terminó oficialmente en enero de 2021 tras la firma de la «Declaración de Al-Ula», aunque las tensiones subyacentes se mantuvieron sin una resolución genuina.

Séptimo: Emiratos Árabes Unidos y Egipto — Financiación del golpe militar

Apoyo al golpe contra la democracia egipcia En julio de 2013, pocos días después del golpe militar que derrocó al presidente electo Mohamed Morsi y llevó al poder al mariscal de campo Abdel Fattah el-Sisi, los EAU, Arabia Saudita y Kuwait anunciaron conjuntamente la entrega de un apoyo financiero inmediato a Egipto por valor de doce mil millones de dólares. Esta rápida maniobra fue un mensaje claro a Occidente, que dudaba en aceptar el cambio como un golpe de Estado, y proporcionó un impulso económico vital que permitió a Sisi superar las presiones derivadas de la suspensión inicial de la ayuda estadounidense.

El apoyo emiratí a Egipto después de 2013 constituyó un modelo explícito de los esfuerzos de Abu Dhabi por erradicar el experimento democrático árabe cuando este produce resultados no deseados. El volumen de la ayuda emiratí y del Golfo a Egipto en los primeros años superó con creces toda la asistencia proporcionada por instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional, otorgando a Sisi un amplio margen para implementar políticas de represión y restricción sin tener que enfrentarse a la condicionalidad internacional.

Coordinación de seguridad Documentos filtrados y numerosas correspondencias han revelado una estrecha coordinación entre los aparatos de inteligencia emiratíes y sus homólogos egipcios en materia de vigilancia y persecución de la oposición, particularmente aquellos vinculados a los Hermanos Musulmanes en terceros países. En ocasiones, esta coordinación ha dado lugar a operaciones conjuntas dirigidas contra individuos en países europeos y del norte de África.

Octavo: El Cuerno de África y el Mar Rojo — Construyendo un imperio de bases militares

El despliegue militar emiratí En la segunda década del tercer milenio, los EAU han trazado un mapa militar que trasciende ampliamente sus fronteras geográficas; han establecido, alquilado o desarrollado bases militares en: Eritrea (puerto de Assab), Yibuti, Somalia (Berbera y Mogadiscio), Libia, Yemen y, según algunos informes, islas griegas. Esta extensa red de enclaves militares otorga a los EAU capacidades militares y una influencia que supera con creces las necesidades de defensa de un país con una población de unos diez millones de habitantes.

Eritrea y la explotación estratégica En Eritrea, los EAU establecieron y reforzaron una base militar en el puerto de Assab, la cual fue utilizada como plataforma para sus operaciones en Yemen. Imágenes satelitales y análisis de inteligencia de fuentes abiertas revelaron un desarrollo significativo en esta base, incluyendo instalaciones fijas evidentes. Más importante aún, esta presencia emiratí en Eritrea ha complicado los esfuerzos de Estados Unidos y de la ONU para abordar las violaciones de derechos humanos en el país, ya que en ocasiones los intereses estratégicos emiratíes se han priorizado por encima de la rendición de cuentas del régimen de Asmara.

Somalia y la flagrante violación de la soberanía El caso somalí merece una mención especial. En 2018, los EAU firmaron un acuerdo con la región de Somalilandia sobre el puerto de Berbera, pasando por alto al gobierno federal legítimo de Somalia, lo que provocó una aguda crisis diplomática. Las relaciones entre Abu Dhabi y Mogadiscio se deterioraron progresivamente hasta el punto de que las autoridades somalíes confiscaron en 2018 un avión emiratí que transportaba dinero en efectivo. Abu Dhabi calificó esta medida de robo y suspendió su programa de entrenamiento del ejército somalí.

Noveno: Represión de las libertades en el interior y su exportación al exterior

El interior emiratí: un modelo de represión La política exterior emiratí no puede entenderse desvinculada de la naturaleza interna del régimen. Los EAU ocupan posiciones muy bajas en todos los índices de democracia, libertad de prensa y derechos humanos. El índice de la organización Freedom House clasifica a los EAU en la categoría de país «No libre». Las violaciones documentadas incluyen: el encarcelamiento de blogueros, activistas y académicos por tuits o artículos; la imposición de leyes estrictas que criminalizan cualquier crítica a la dirección del país o a sus aliados; y una restricción total del derecho de reunión y asociación.

El caso de los 94 En 2013, se llevó a cabo el juicio de 94 de los más destacados intelectuales, académicos, jueces y abogados, en lo que se conoció como el «Caso de los EAU 94», bajo cargos de intentar derrocar al régimen. Observadores internacionales y organizaciones de derechos humanos describieron este juicio como una persecución política a voces reformistas que exigían elecciones y un parlamento elegido en su totalidad.

El modelo de exportación Lo que vincula este expediente con la política exterior es que los EAU no se limitan a aplicar su modelo represivo a nivel interno, sino que buscan promoverlo y consolidarlo en otros países. Siempre que se presenta la oportunidad, Abu Dhabi apoya a los regímenes y fuerzas que adoptan este mismo enfoque: centralización del poder, exclusión de islamistas y liberales por igual, y presentación de la estabilidad de seguridad como pretexto para suspender los derechos civiles.

Décimo: La relación con Israel — La normalización como carta de presión

Los Acuerdos de Abraham y sus repercusiones En septiembre de 2020, los EAU y Bahréin firmaron acuerdos de normalización con Israel bajo el patrocinio de Estados Unidos, conocidos como los «Acuerdos de Abraham». Aunque muchos coinciden en calificar este acontecimiento de histórico, sus repercusiones sobre la causa palestina han sido objeto de un amplio debate.

Desde una perspectiva crítica, los palestinos y muchos analistas consideraron que la normalización emiratí se produjo sin obtener ninguna garantía real para los derechos de los palestinos; de hecho, algunos analistas señalaron que otorgó a Israel una cobertura diplomática que debilitó la presión sobre dicho país. En lo que respecta a Gaza, funcionarios palestinos describieron explícitamente la normalización como una «puñalada por la espalda», mientras que los funcionarios emiratíes argumentaron que proporcionó garantías para congelar la anexión israelí de Cisjordania.

El uso militar de Israel Aún más controvertido es el hecho de que la normalización abrió la puerta a acuerdos de armas israelíes para los EAU; informes han indicado que Abu Dhabi buscó adquirir sistemas de armamento avanzados de Israel, incluyendo, supuestamente, tecnología relacionada con el sistema Cúpula de Hierro y software de espionaje digital. Estos acuerdos han suscitado temores en Estados Unidos respecto a la transferencia de tecnología militar a una región inestable.

Conclusión: Una lectura crítica de la estrategia emiratí

Rasgos del proyecto emiratí El examen de la política exterior emiratí a lo largo de la última década revela las características de un proyecto con objetivos coherentes, aunque sumamente polémico:

Primero: La lucha contra el islam político en todas sus formas, desde los movimientos moderados de reforma democrática hasta las organizaciones militantes, tratándolos a todos como una amenaza existencial unificada para el modelo de gobierno del Golfo. Segundo: La construcción de influencia marítima y económica en el Océano Índico, el Mar Rojo y el Golfo de Adén, mediante la inversión en puertos, bases militares y corredores estratégicos. Tercero: El fortalecimiento de los regímenes autoritarios y los líderes militares en detrimento de los gobiernos consensuados y representativos, partiendo de la premisa de que la estabilidad precede a la democracia en la escala de prioridades. Cuarto: El uso del poder blando, la riqueza soberana y las inversiones masivas como herramientas de influencia internacional, a través de fondos de riqueza soberana, contratos de armamento e inversiones estratégicas.

En la balanza Este artículo no debe interpretarse como una defensa de la otra parte en ninguno de estos conflictos; los hutíes en Yemen han cometido graves abusos, Libia sufre la implicación de múltiples actores en violaciones del derecho internacional, y Sudán gime bajo el peso de un conflicto sangriento del que son responsables varias partes. Lo que se requiere es evaluar el papel emiratí de forma independiente y objetiva a la luz de las pruebas disponibles.

Lo que revela esta evidencia acumulada es que los EAU, a pesar de su pequeño tamaño y corta historia, se han convertido en un actor regional de peso excepcional que ejerce una influencia que trasciende sus fronteras geográficas; sin embargo, esta influencia se emplea en la mayoría de los casos para complicar las crisis en lugar de resolverlas, apoyar el autoritarismo en lugar de la democracia y lograr estrechos beneficios geopolíticos, incluso cuando el precio es un vasto sufrimiento humanitario.

Estas cuestiones seguirán siendo objeto de debate, investigación y evaluación continua, y serán juzgadas en última instancia por los tribunales internacionales, la historia y, por encima de todo, por la conciencia de los pueblos afectados.

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