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Sudán: “Genocidio ambiental” Cuando las balas asesinan la memoria de la tierra y el futuro de la alimentación.

La crisis ambiental de Sudán: Consecuencias de la guerra sobre la biodiversidad

En medio de las tragedias humanas y políticas que dejan los conflictos armados, a menudo se ocultan otras crisis no menos peligrosas, entre las que destacan las repercusiones devastadoras sobre el medio ambiente y la naturaleza. La Dra. Maha Ali Abdellatif y el Dr. Abdelkader Mohammed Abdullah arrojan luz sobre esta tragedia silenciosa a través de un importante capítulo de investigación publicado en 2025 bajo el título «La crisis ambiental de Sudán: Consecuencias de la guerra sobre la biodiversidad». Este riguroso trabajo académico se enmarca dentro de esfuerzos más amplios destinados a la «reconstrucción de Sudán tras la guerra», con un enfoque especial en los sectores de la agricultura, el medio ambiente y los recursos naturales. El objetivo principal de esta investigación es aclarar cómo preservar la biodiversidad en Sudán, partiendo de una convicción profunda y firme de que esta diversidad es la piedra angular para mantener la resiliencia del ecosistema y mejorar los medios de vida y el bienestar humano. Además, esta conservación se considera un paso indispensable para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, mediante la integración de los esfuerzos de conservación y la participación de las partes interesadas de diversas disciplinas científicas y sociales.

Entender la biodiversidad y su importancia crítica

Para comprender las repercusiones y la magnitud de la catástrofe, primero se debe entender qué es la biodiversidad y su importancia vital. El Convenio sobre la Diversidad Biológica de 1992 define este concepto como la variabilidad de organismos vivos de todos los ecosistemas, incluidos los ecosistemas terrestres, marinos y otros sistemas acuáticos, además de los complejos ecológicos de los que forman parte. Este concepto integral no se limita a una sola especie, sino que incluye la diversidad dentro de cada especie, entre las diferentes especies y a través de ecosistemas enteros, representando finalmente la compleja composición genética de plantas, animales y microorganismos. En un contexto relacionado, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) explicó en un informe de 2016 que los recursos biológicos se expanden para incluir bosques, pastizales, plantas aromáticas y medicinales, y microorganismos, así como recursos animales y una vida silvestre diversa.

Beneficios para la vida humana y el desarrollo económico

Los beneficios de esta biodiversidad tocan el núcleo de la vida humana y el desarrollo económico. La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó en 2025 que la biodiversidad ofrece beneficios directos y vitales para lograr la seguridad alimentaria y proporcionar madera y leña, sin mencionar los productos médicos tradicionales y complementarios de los que dependen muchos pueblos. También representa una herramienta vital para la creación de empleo y la generación de ingresos, especialmente para las comunidades rurales pobres y marginadas. De aquí que la biodiversidad fomente el desarrollo económico y contribuya directamente a la reducción de la pobreza, lo cual concuerda con el primer Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS 1), además de contribuir a la erradicación del hambre (ODS 2) y la mejora de la salud pública (ODS 3). Junto a estos beneficios directos, existen beneficios indirectos no menos importantes, representados en el mantenimiento del funcionamiento del sistema ecosistémico, la regulación del aire, el suelo y las fuentes de agua, además de proporcionar espacios para la capacitación y la educación, y crear oportunidades prometedoras para activar el ecoturismo.

Amenazas existenciales sin precedentes

Sin embargo, esta riqueza natural única en Sudán se enfrenta a amenazas existenciales sin precedentes. La biodiversidad sudanesa se encuentra bajo el peso de duras intervenciones humanas, el uso insostenible de los recursos biológicos y la fragmentación continua de los hábitats naturales. La guerra y los conflictos armados han provocado un aumento aterrador en la tasa de degradación ambiental, una degradación que se agrava e intensifica debido a los factores del cambio climático, ya que Sudán está clasificado como uno de los países más afectados por estos cambios climáticos globales. El cambio climático se define como una transformación a largo plazo en las temperaturas y las condiciones climáticas, que puede deberse a factores naturales como cambios en la actividad solar o grandes erupciones volcánicas, o como resultado directo de la intervención humana negativa, como la quema de combustibles fósiles para obtener energía.

Las repercusiones del cambio climático sobre los ecosistemas se consideran catastróficas por todos los estándares. La OMS ha aclarado que el cambio climático tiene efectos negativos significativos que conducen a la destrucción de los hábitats. En el mismo contexto, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) explica que el cambio climático aumenta la acidez del agua y eleva el nivel del mar, lo que crea un entorno no apto para la vida de los organismos y conduce finalmente a la pérdida de especies biológicas. Asimismo, el desequilibrio del complejo balance ecológico se manifiesta claramente en el aumento de las temperaturas y el cambio en los patrones de precipitación, lo que deriva en ciclos sucesivos de sequías e inundaciones devastadoras. Estas fluctuaciones climáticas extremas someten a las plantas, que normalmente se adaptan a regímenes de humedad específicos, a un estrés hídrico que interrumpe su crecimiento vegetativo y su reproducción adecuada. El impacto no se limita a las plantas, sino que se extiende a los animales, ya que el cambio climático aumenta su susceptibilidad a enfermedades, estrés térmico y trastornos metabólicos, lo que provoca una disminución en la diversidad de especies animales. Paralelamente a estas amenazas climáticas, las intervenciones humanas emergen como otro factor de destrucción; algunos se refieren a estas intervenciones destructivas en el medio ambiente con el término «proceso de ecocidio», que incluye la introducción de especies exóticas, la fragmentación de hábitats y el agotamiento injusto de los recursos.

El impacto de la guerra reciente

La guerra reciente ha venido a añadir un nuevo capítulo sangriento y catastrófico en el historial de degradación ambiental en Sudán. Históricamente, Sudán ha sufrido guerras civiles y conflictos armados prolongados por más de 60 años, lo que ha provocado una grave degradación de los recursos biológicos que ha llegado hasta la extinción de ciertas especies de plantas y animales. El 15 de abril de 2023, estallaron feroces conflictos armados entre las Fuerzas Armadas Sudanesas y las Fuerzas de Apoyo Rápido, que afectaron a estados vitales y numerosos como Jartum, Al-Jazirah, Darfur Central y Occidental, y Kordofán del Norte, Sur y Oeste. Esta guerra devastadora resultó en la muerte de más de 12,000 personas, el desplazamiento de más de 5 millones de personas internamente y la migración de otros 1.4 millones en busca de seguridad.

Los efectos catastróficos de esta guerra no se limitaron solo a los seres humanos, sino que se extendieron para afectar al medio ambiente en todos sus componentes vivos. La guerra causa una contaminación ambiental a gran escala y la degradación de los hábitats naturales, lo que conduce inevitablemente a la pérdida de biodiversidad. El desplazamiento de la población que huye de la violencia provoca una intensificación de la presión y el agotamiento de los recursos biológicos, ya que los desplazados se ven obligados a la tala indiscriminada de árboles para obtener combustible o construir refugios temporales para vivir. Este agotamiento intensivo de los bosques para la producción de carbón vegetal y leña conlleva graves repercusiones ambientales a largo plazo, entre ellas la degradación de la tierra, la expansión de la desertificación y la pérdida de fertilidad de los suelos agrícolas. Además, los ataques aéreos y los ataques con drones durante el periodo de guerra provocan incendios devastadores que consumen vastas áreas de cobertura vegetal.

La vida silvestre y la amenaza a los bancos de genes

La vida silvestre y la ganadería en Sudán tampoco se han librado del infierno de este conflicto abrasador. La guerra ha afectado de manera directa y cruel al cuidado animal, aumentando su sufrimiento y mortalidad debido a matanzas indiscriminadas, prácticas de caza furtiva y la ausencia de servicios veterinarios necesarios, además de la aguda escasez de forraje dentro de las zonas de conflicto. Asimismo, los museos naturales y los bancos de germoplasma, que se consideran las cámaras que custodian el patrimonio cultural y natural, han sufrido daños severos. Quizás una de las amenazas más destacadas y peligrosas sea el riesgo que corre el Banco de Genes de Sudán, que contiene variedades esenciales e importantes de sorgo y mijo perla, además de 16,739 muestras de semillas de 69 cultivos diferentes en almacenamiento a largo plazo, 359 muestras de banano y 179 muestras de palma datilera; todas ellas preservadas para garantizar la seguridad alimentaria y reducir el hambre.

Destellos de esperanza y esfuerzos de reconstrucción

A pesar de este panorama sombrío y doloroso, existe un destello de esperanza y esfuerzos diligentes para salvar lo que se pueda salvar y reconstruir. Sudán muestra un compromiso político para hacer de los componentes de la biodiversidad y los ecosistemas prioridades de desarrollo superiores, lo que se manifestó en su ratificación del Convenio sobre la Diversidad Biológica en 1995, cuyos principios se centran en la conservación, el uso sostenible y el reparto equitativo de los recursos. También se ha elaborado una estrategia nacional y planes de acción para la biodiversidad como principal herramienta de planificación para la conservación y el cumplimiento de las obligaciones internacionales impuestas. Entre los ejemplos brillantes en este contexto se encuentra la iniciativa basada en la sostenibilidad lanzada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) en estrecha colaboración con la Unión Europea en Sudán, que tiene como firme objetivo fortalecer la seguridad alimentaria de las comunidades que viven dentro y alrededor del Parque Nacional Dinder. Este parque, creado en 1935, es una de las áreas protegidas más antiguas del continente africano y desempeña un papel ambiental vital e indispensable en la regulación del flujo de agua de dos de los afluentes más importantes del río Nilo: los ríos Dinder y Rahad. El suministro de estas aguas apoya directamente la agricultura de subsistencia y ayuda a la estabilidad de los desplazados, reduciendo eficazmente su impacto ambiental negativo y disminuyendo la presión sobre la naturaleza.


Reserva Nacional Dinder: El pulmón verde y regulador del torrente vital

Lejos de los frentes de combate directos en la capital, la Reserva Nacional Dinder destaca como uno de los puntos de anclaje ambiental más importantes del continente africano. El informe menciona que esta reserva, fundada en 1935, no es solo un refugio para la vida silvestre, sino un «regulador biológico» de los flujos de agua de dos afluentes fundamentales del río Nilo: el Dinder y el Rahad. Este papel hidrológico de la reserva es lo que garantiza la continuidad de la agricultura de subsistencia para los habitantes locales, lo que impulsó al PNUMA en colaboración con la Unión Europea a lanzar una iniciativa basada en la sostenibilidad para fortalecer la seguridad alimentaria en las zonas aledañas a la reserva.

El objetivo de este proyecto internacional, según explica el informe, es mejorar la capacidad de resiliencia frente a los cambios climáticos y contribuir a lograr una paz y estabilidad social duradera. Quizás el aspecto más impresionante de estos esfuerzos sea el intento de asentar a las personas desplazadas de las zonas de conflicto y proporcionarles medios de vida sostenibles, reduciendo así su impacto ambiental negativo representado en la deforestación o la caza furtiva de animales salvajes. El éxito de esta experiencia en Dinder podría ofrecer un modelo global sobre cómo transformar las reservas naturales en centros de estabilidad y recuperación tras las guerras.

El término «Ecocidio»: Cuando la guerra se convierte en un crimen contra la naturaleza

El informe pasa a un nivel más profundo de análisis filosófico y legal de la crisis, donde los investigadores adoptan el término «proceso de ecocidio» (Ecocide process) para describir las intervenciones humanas destructivas en el medio ambiente sudanés. Este proceso no se limita a la matanza directa de organismos, sino que incluye la introducción de especies exóticas invasoras, la fragmentación de hábitats naturales y el uso injusto e insostenible de los recursos biológicos.

La guerra ha añadido dimensiones aterradoras a este ecocidio; el uso de drones y ataques aéreos ha causado incendios a gran escala que han acabado con vastas extensiones de cobertura vegetal. Asimismo, el desplazamiento forzado de millones de personas ha provocado presiones enormes sobre los recursos forestales, ya que los desplazados se han visto obligados a talar árboles de forma intensiva para producir carbón, obtener leña y construir refugios temporales. Estas actividades, como confirman Yassin y sus colegas en un estudio de 2023 citado por el informe, conducen a resultados catastróficos que incluyen la degradación del suelo, el avance de la desertificación y la pérdida de fertilidad de la tierra, lo que introduce al país en un círculo vicioso de pobreza y colapso ambiental.

El legado de la investigación científica: De la era colonial a la Agenda 2030

El informe no ignora el aspecto histórico de los esfuerzos de protección ambiental en Sudán, señalando que las investigaciones sobre biodiversidad comenzaron desde antes de la independencia. En aquellas etapas tempranas, el enfoque se centraba en las plantas agrícolas y forestales, los animales domesticados y los insectos de importancia médica y veterinaria. Con el paso de las décadas, estas investigaciones evolucionaron para incluir la documentación de organismos vivos y la identificación de necesidades de conservación, teniendo en cuenta los valores sociales y económicos de estos recursos.

Hoy en día, con la escalada de las crisis, grandes instituciones de investigación como el Centro Nacional de Investigación (NCR) y la Corporación de Investigación Agrícola (ARC), en colaboración con universidades regionales como la Universidad de Kordofán, han buscado alinear sus proyectos de investigación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Este giro hacia la «investigación multidisciplinaria» tiene como objetivo no solo estudiar la naturaleza, sino encontrar soluciones prácticas que garanticen el uso sostenible de los recursos en los sistemas ecosistémicos semiáridos y aseguren una distribución justa de los beneficios entre las generaciones actuales y futuras.

Conclusión

En conclusión, las investigaciones científicas especializadas confirman que la conservación de la biodiversidad es un pilar fundamental y la columna vertebral para alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible. Para proteger la biodiversidad en Sudán en la etapa de posguerra, es imperativo que investigadores, académicos, partes interesadas y tomadores de decisiones se unan para trazar una hoja de ruta con metas claras. Esta debe comenzar con una evaluación precisa y exhaustiva del impacto de la guerra, y recomendar actividades con plazos definidos para restaurar la cobertura vegetal, incentivando a las comunidades locales, especialmente a los sectores de jóvenes y mujeres, a participar activamente en estas actividades ambientales. La difusión de la educación ambiental, la intensificación de la capacitación y la elevación del nivel de conciencia sobre el valor y la importancia de la biodiversidad, junto con el fortalecimiento de legislaciones y políticas estrictas, son todos factores clave para asegurar el éxito de cualquier esfuerzo futuro de conservación y restauración del equilibrio natural perdido en este país ancestral.

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