¿Por Qué Fracasaron Las Élites Sudanesas?

Una Lectura En La Anatomía Política
El Libro «La Élite Sudanesa Y La Adicción Al Fracaso» Del Difunto Dr. Mansour Khalid No Se Presenta Meramente Como Un Documento Histórico Que Relata Hechos Pasados, Sino Como Un Bisturí De Cirujano Que Se Sumerge En Las Complejidades De La Mente Política Sudanesa, Intentando Diseccionar Las Raíces Profundas De Las Crisis Que Han Azotado Y Continúan Azotando Al Estado Sudanés Moderno. Entrar En El Mundo De Este Libro Requiere Un Recuerdo Completo De Las Complejidades De La Economía Política Sudanesa, Las Dinámicas Del Conflicto Interno Y Las Acumulaciones De Deudas Nacionales Y Políticas Que Han Abrumado Al País. Estos Son Los Mismos Problemas Que El Autor Aborda Desde Una Perspectiva Crítica Estricta, Deconstruyendo La Estructura De La «Élite» Que Ha Liderado La Escena Desde El Amanecer De La Independencia. Mansour Khalid Comienza Este Viaje Masivo Con Una Amarga Confesión Que Toca El Corazón, Describiendo La Frustrante Sensación Que Lo Invadió Al Comenzar A Escribir Estos Artículos, Comparándola Con La Sensación De Alguien Que Vive La «Ordeal De Sísifo»; Ese Héroe Mítico Condenado A Hacer Rodar Una Roca Hasta La Cima De La Montaña, Solo Para Que Vuelva A Rodar Hacia Abajo En Un Ciclo De Absurdo Y Futilidad. Esta Analogía Brillante No Solo Resume La Frustración Personal Del Autor, Sino Que Encarna Con Precisión Extrema El Camino Del Estado Sudanés, Donde Cada Intento De Surgir Y Construir Es Seguido Por Reveses Destructivos Que Devuelven Al País Al Cuadrado Uno, Como Si El Fracaso Se Hubiera Transformado En Una Adicción Estructural Arraigada En El Cuerpo De La Élite Gobernante Y De La Oposición Por Igual.
El Autor Eligió Distanciarse Del Ruido De La Lucha Política Diaria Y Del Trabajo Público Dentro Del Sistema, Viajando A Washington Y Dedicándose Al Registro Documental Y A La Investigación Objetiva Y Paciente Respecto A La Crisis Del Sudán Contemporáneo. En Este Contexto, Mansour Khalid Enfatiza La Necesidad De Ir Más Allá De Los Juicios Impresionistas Cortos De Vista Que Han Llevado Durante Mucho Tiempo A Los Sudaneses A Los Senderos Del Vagabundeo, Llamando A Confiar En La Investigación Científica Seria, La Objetividad En El Análisis Y La Cita Documentada En La Argumentación; Porque La Ausencia De Esta Metodología Es Lo Que Llevó A Una Confusión Aleatoria En La Gestión De Los Asuntos Públicos. A Través De Su Inducción Precisa, El Autor Presenta Su Tesis Central De Que La Crisis De Sudán, En Su Esencia Original, No Es Meramente Una Crisis De Gobernanza O Una Lucha Por El Poder, Sino Una «Crisis De Visión» De La Cual La Élite Sudanesa Asume Toda La Responsabilidad. Por Élite Aquí, Se Refiere A Esa Minoría Estratégica De Personas Educadas O «Effendiya» Que Asumió Para Sí Misma El Derecho A La Toma De Decisiones Y A Determinar El Destino Del País En Virtud De Su Control Sobre Las Juntas De Gobernanza, Dinero Y Educación, Y Que Heredó Las Instituciones Estatales Del Colonizador Sin Poseer Un Proyecto Nacional Integral Capaz De Gestionar La Diversidad Y Establecer Una Economía Política Sostenible Que Satisfaga Las Ambiciones De Las Masas.
El Diagnóstico Más Profundo Que Mansour Khalid Presenta Para Esta Élite Se Resume En El Concepto De «Fractura De Sí Mismo», Que Es Esa Contradicción Flagrante Y Brecha Profunda Entre El Pensamiento Y La Práctica, Y Entre Lo Que Dice El Político Y Lo Que Hace En El Terreno. Esta Fractura Psicológica E Intelectual Impulsa A La Élite A Vestirse Con Túnicas Ideológicas Sueltas, Ya Sean Nacionalistas, Marxistas-Izquierdistas O Islámicas, Para Convertirlas En Escudos Detrás De Los Cuales Se Esconde, Escapando A La Responsabilidad Política Directa Por Los Logros Reales Que Afectan La Vida Diaria Del Ciudadano. El Verdadero Criterio Para El Éxito De Cualquier Teoría O Partido, Como Lo Ve El Autor, Debe Medirse Mediante Indicadores Materiales Concretos, Como El Número De Kilómetros De Carreteras Pavimentadas, Las Oportunidades De Empleo Real Creadas, Las Tasas De Disminución Del Analfabetismo, El Volumen De Expansión En Los Servicios De Salud Y El Desarrollo De Tierras Agrícolas De Regadío Para Resolver Los Dilemas De Seguridad Alimentaria, Y No Mediante El Levantamiento De Eslóganes Llamativos Y Cantos Entusiastas Que Carecen De Cualquier Contenido Ejecutivo. En Lugar De Enfrentar Los Desafíos Del Desarrollo Y Detener El Colapso Económico Y La Desertificación, La Élite Está Preocupada Por Las Pujas Ideológicas Y Las Batallas Verbales, Lo Que Refleja Un Estado De Esquizofrenia Aguda Entre Ambiciones Colgando En El Aire Y Una Incapacidad Total Para Gestionar La Compleja Realidad En El Terreno.
El Libro Se Sumerge Aún Más En Eso, Para Revelar Cómo Esta Élite, Que Reclama Modernidad E Ilustración, Sigue Siendo Prisionera En Su Pensamiento De La «Cultura Oral» (Taga Al-Hank), Y Se Somete A La Lógica De La Sociedad Patriarcal, Pastoral Y De Tutela, Donde Sus Valores Internos Contradicen La Racionalidad Y El Individualismo Requeridos Por La Construcción Del Estado Moderno. Esta Dependencia De La Cultura Tradicional Hace Que El Discurso De La Élite Sea Meramente «Cantar Eslóganes» Y Agitación Que Carece De Metodología, Lo Que Conduce A Falsificar La Conciencia Pública Y A Consumir Energías Nacionales En Conflictos Absurdos Que No Llevan A Ninguna Parte. El Autor Da Ejemplos Decisivos Del Levantamiento De Octubre De 1964, Que, A Pesar De Su Importancia Como Punto De Inflexión, Encarnó Las Imágenes Más Profundas Del Fracaso De La Élite Al Traducir El Impulso Popular En Programas Políticos Y Administrativos Prácticos, Donde Los Eslóganes Radicales Se Convirtieron Meramente En Una Cobertura Para Luchar Por El Poder, Y El Oportunismo Político Se Manifestó En Sus Imágenes Más Feas Cuando El Lenguaje Del Discurso Progresista Se Convirtió En Contradicciones Que Abortaron La Visión Estratégica Para El Cambio, Y Legaron Al País Un Vórtice De Inestabilidad Que Preparó El Camino Para Sucesivos Golpes Militares, Que Reciclaron Las Crisis En Formas Más Severas, Llevando A Las Complejidades De La Escena Militar Y Política Que Produjo Deformidades Estructurales En La Estructura Del Estado Sudanés.
El Dr. Mansour Khalid Avanza En Su Anatomía Profunda De La Historia De La Decepción Política Sudanesa Hacia Una Etapa Fundamental Que Enmarcó La Forma Del Estado Moderno, Que Es La Era Del Levantamiento De Octubre En El Año 1964 Y Las Repercusiones Subsiguientes Que Llevaron Al Régimen De Mayo En 1969. La Lectura Cuidadosa Del Camino De Estos Eventos Revela Claramente La Distorsión De La Visión Estratégica Entre Los Defensores Del Cambio Radical, Quienes Se Distrajeron Con La Lucha Situacional Y Los Eslóganes En Lugar De Lograr La Victoria Histórica Destinada Al Cambio Estructural. La Crisis Real Nunca Fue La Ausencia De Entusiasmo Popular O La Pobreza De La Calle De La Revolución, Sino Que Se Representó En La Falta De Una Visión Común Unificada De Los Problemas Fundamentales De Sudán Por Parte Del Liderazgo De La Élite, Donde El Liderazgo De Las Revoluciones Siempre Terminó En Lo Que El Autor Llama «Políticos Accidentales»; Son Hombres Con Los Que La Gente Está De Acuerdo Solo Porque Representan Un Mínimo Común Denominador Que No Provoca A Nadie, Y Al Mismo Tiempo No Poseen La Verdadera Capacidad Para Dar O Liderar. Este Vacío Liderazgo E Intelectual Llevó Al Desequilibrio Del Lenguaje Del Discurso Político Progresista Para Llenarse De Contradicciones Que No Llevan A La Certeza, Y A La Transformación De La Acción Revolucionaria Seria En Meramente «Cantar Eslóganes» Y Agitación Emocional Ausente De Un Plan Metodológico Para El Desarrollo, Reemplazado Por Entusiasmos Regidos Por Una Pedagogía Política Consistente En Apariencia Y Hueca En Esencia, Incapaz De Distinguir Entre El Surgimiento Fugaz Y El Cambio Social Y Político Sostenible.
En La Exposición De Su Análisis De La Crisis De Gobernanza A Través De Las Tres Escuelas Políticas Que Siguieron A La Escena Sudanesa, El Autor Coloca Su Mano Sobre La Herida Profunda Representada En Dos Problemas Fundamentales Que No Se Trataron Con La Seriedad Necesaria: El Problema De La Unidad Nacional Y El Problema Del Desarrollo O La Salida Del Yugo Del Subdesarrollo. La Élite Sudanesa Ha Fallado Miserablemente En Encontrar Una Fórmula Equilibrada Para Gestionar La Diversidad, Ya Que Los Regímenes Sucesivos, Con Sus Civiles Y Militares, Fallaron En Resolver El Problema De La Fusión Nacional Hasta Que El Vínculo De Ciudadanía Se Convierte En El Agarre Firme Que Reúne A Los Hijos De La Una Patria. En Lugar De Eso, El Concepto De Unidad Se Redujo A Proyectos Ideológicos Estrechos, Ya Sea A Través De Imponer La Arabización Forzada O Islamizar El Estado Por La Fuerza Del Poder, Ignorando Así El Pluralismo Étnico Y Cultural Original Que Caracteriza A Sudán, E Intentando Borrar Identidades Locales En Favor De Identidades Impuestas Que No Reflejan La Compleja Realidad Demográfica. Este Fracaso Estratégico Llevó Necesariamente A Encender Y Alimentar Las Destructivas Guerras Civiles En El Sur Y La Periferia, Y A Profundizar Las Divisiones Sociales, Donde Las Instituciones Estatales Se Convirtieron En Una Herramienta De Opresión En Manos De Un Grupo Específico Que Busca Patrones De Sociedad De Acuerdo Con Sus Moldes Unitarios, Lo Que Profundizó El Sentido Histórico De Marginación Y Convirtió Al País En Un Barril De Pólvora Siempre Listo Para Explotar En Ausencia Total De Cualquier Visión Proactiva Para Abordar Las Raíces Del Conflicto Y Distribuir La Riqueza Y El Poder Con Justicia.
La Crítica Metodológica De Mansour Khalid No Se Detiene En Los Límites Del Fracaso Político Relacionado Con La Identidad, Sino Que Se Extiende Para Incluir El Terrible Fracaso Económico Y De Desarrollo, Donde Expone Cómo Las Fuerzas Políticas Sudanesas Trataron La Economía Como Un Accesorio Secundario A Las Disputas Ideológicas Y No Como Un Nervio Para Construir El Estado. La Élite Ha Estado Absorta En El Debate Bizantino Teórico Sobre Modelos Económicos Importados, Sin Molestarse Con El Problema De Idear Políticas Que Se Adapten A La Realidad Agrícola Y Pastoral Única De Sudán. Hablar De Desarrollo En La Agenda De Esta Élite No Excedió El Techo De Los Eslóganes Levantados En Manifestaciones, Donde Faltaban Planes Realistas Prácticos Para Proporcionar Las Necesidades Básicas De Vida A Los Ciudadanos, Y Para Detener El Aterrador Colapso Ambiental, Y Para Abordar El Fenómeno De La Desertificación Que Devoró Vastas Áreas De Tierras Productivas, Además De Limitar El Terrible Deterioro Del Servicio En Las Ciudades Que Envejecieron En Su Juventud. En Lugar De Dirigir Escasos Recursos Hacia La Producción Y Desarrollar La Infraestructura Y La Mecanización Agrícola, Fueron Drenados En Financiar La Máquina De Guerra Civil, Y El Gasto Lujoso En Aparatos Burocráticos Hinchados Que Carecen De Eficiencia, Para Que El Resultado Inevitable Se Convirtiera En El Colapso De La Economía Rural, La Ruralización De Las Ciudades Y La Propagación De Hambrunas Trágicas Que Expusieron La Incapacidad De La Mente De La Élite Para Proporcionar Respuestas Reales Al Sufrimiento Del Ciudadano Simple, Quien Se Encontró Pagando Facturas Caras Por Las Aventuras De Políticos Que No Poseen Habilidades De Gestión Más Que La Capacidad De Orar Y Formular Declaraciones Rotundas.
El Gran Desastre Que El Libro Detalla En Este Contexto, Y Que Contribuyó A Perpetuar El Subdesarrollo, Se Representa En El Fenómeno De «Religionalizar La Política» Y Politizar La Religión, Que Es El Fenómeno Que Se Utilizó Como Una Herramienta Para La Opresión Intelectual Y Aterrorizar A Los Oponentes Políticos. Algunas Corrientes, Especialmente Las Fuerzas De La Nueva Derecha Descritas Como Manía Religiosa, Han Pretendido Convertir Los Textos Sagrados En Barricadas Políticas Para Confiscar La Libertad De Pensamiento, Y Justificar El Terrible Fracaso Administrativo Y Económico Refiriendo Todos Los Fracasos Mundanos Resultantes De La Mala Gestión A Aflicciones Divinas Que Requieren Que El Pueblo Sea Paciente Y Cumpla. Esta Mezcla Deliberada Y Oportunista Entre Teología Y Asuntos Humanos Llevó A La Ausencia Total De Mente Crítica, Y Contribuyó A Difundir Una Cultura De Sumisión, Donde El Diálogo Político Racional Construido Sobre Números Y Planes Se Convirtió En Una Especie De Imposibilidad Frente Al Torrente De Fatwas Y Acusaciones Listas De Takfir O Traición Para Aquellos Que Disienten En Opinión. En Lugar De Presentar Programas Electorales Y Planes Económicos Medibles Y Rendibles A La Sociedad, Se Levantaron Eslóganes Gelatinosos Que Eximen Al Gobernante De Cualquier Responsabilidad Mundana Y Le Conceden Un Aura De Santidad, Para Que El Discurso General Se Convierta En Un Estado De Dervishismo Político Que Cancela El Papel Del Humano En La Creación De Su Presente, Lo Que Solidifica El Hecho De Que La Élite Gobernante No Solo Se Volvió Adicta Al Fracaso, Sino Que Fabricó Sus Mecanismos Ideológicos Y Legitimó Su Continuidad Por Diversos Medios.
En La Otra Orilla Del Río Político, La «Izquierda Marxista» No Escapa Al Bisturí De La Anatomía Crítica Y Dura De Mansour Khalid, Ya Que Refuta Cómo Estas Fuerzas Progresistas Cayeron En La Trampa De La Transferencia Literal Y El Estancamiento Dogmático, Clonando Las Experiencias De Otras Naciones Con Diferentes Contextos Industriales E Históricos, Sin Ninguna Consideración Por La Especificidad De La Composición Social Y Económica De Sudán. Algunas Élites De Izquierda Trataron El Marxismo Como Textos Sagrados Cerrados Que No Aceptan Adaptación O Ijtihad, Lo Que Lo Hizo Cantar Fuera Del Rebaño Y Aislarse De Las Preocupaciones De Las Masas Reales Que Llevaba Mucho Tiempo Pretendiendo Representar En Su Literatura. En Lugar De Sumergirse En Analizar Las Complejas Relaciones De Producción En Una Sociedad Pastoral Y Agrícola Regida Por Lazos Tribales Y Sectarios Profundamente Arraigados, Los Teóricos De Izquierda Se Contentaron Con Repetir Dichos Hechos Sobre La Lucha De Clases Y La Inevitabilidad Del Desarrollo Histórico, Que Son Dichos Que Parecían Extraños, Incluso Arrogantes, Para La Conciencia Colectiva Simple. Esta Desconexión De La Realidad Llevó A Las Fuerzas De Izquierda A Adoptar Posiciones Políticas Caracterizadas Por La Agudeza Y La Aventura No Calculada, Lo Que Proporcionó Pretextos De Oro Para Que Las Fuerzas Tradicionales Y Conservadoras Se Lanzaran Sobre Ella Y La Eliminaran, Como Sucedió Sangrientamente En Muchos Puntos De Inflexión Históricos Cruciales Que Siguieron Al Levantamiento De Octubre, Para Que El País Perdiera Así Energías Intelectuales Y Organizativas Jóvenes Que Podrían Haber Contribuido A Cristalizar Un Proyecto Nacional Para La Modernización, Si Hubiera Sido Liberado Del Dogma De La Ideología Y Abierto A La Realidad Viva Con Flexibilidad Y Pragmatismo Político Que Absorbe Las Complejidades De La Sociedad.
En Cuanto A Las Fuerzas Tradicionales Y Sectarias, Que Formaron Y Siguen Formando La Piedra Angular En La Escena Política Sudanesa En Virtud De Su Influencia Espiritual Y De Masas Heredada, Su Cuota De Crítica Fue La Más Profunda, Ya Que El Autor Las Considera El Mayor Obstáculo Ante Cualquier Intento Serio De Reestructurar La Sociedad Y Modernizar Las Instituciones Estatales. Estas Fuerzas Que Invirtieron Durante Décadas En Lealtades Tribales Y Sectarias Para Mantener Sus Ganancias Históricas, Vieron Al Estado Y Sus Instituciones Como Botín Electoral Y Acciones Divididas De Acuerdo Con Sus Pesos Tradicionales, Sin Poseer Jamás Ningún Programa De Desarrollo Real Que Satisfaga Las Necesidades Del Campo Que Forma Su Reservorio Humano Permanente Y La Fuente De Su Legitimidad En Las Urnas. El Interés Supremo De Estos Líderes Recaía Exclusivamente En Mantener La Situación Existente Tal Como Es, Y Combatir Cualquier Orientación Nacional Hacia La Industrialización, O La Educación Cualitativa Moderna, O La Reforma Agraria Radical; Porque Eso Liberaría Al Ciudadano De Las Cadenas De Dependencia Ciega, Y Crearía Una Clase Media Racional Capaz De Rendir Cuentas Y Auditar Y Rechazar La Tutela Paternal. Así, Las Fuerzas Tradicionales Se Interpusieron En El Camino De Todas Las Llamadas De Cambio Radical Producidas Por La Revolución De Octubre, Y Se Coludieron Fuertemente Para Abortar Sus Decisiones Que Pedían Liquidar La Administración Nativa Desgastada Y Modernizar Las Estructuras De Gobernanza, Para Confirmar Así Que No Saben Sino El Arte De Sobrevivir En El Poder A Cualquier Precio, Incluso Si Este Precio Es El Deslizamiento De Todo Sudán Hacia El Fondo Del Subdesarrollo, El Estancamiento Económico Y El Desgarro Social.
Quizás El Resultado Final Y Destructivo De Este Absurdo Político Que Fue Gestionado Por Estas Tres Escuelas Con Todas Sus Contradicciones Y Conflictos De Suma Cero, Es Vaciar El Proceso Democrático De Su Contenido Social Y Económico, Y Convertirlo Meramente En Un «Juego» Electoral Formal Que No Cambia Nada De La Realidad De La Miseria Y El Subdesarrollo. El Votante Sudanés Fue Llevado A Las Urnas Basado En Afiliaciones Tribales, Sectarias Y Regionales Estrechas, Para Otorgar Un Mandato Similar Al Mandato Divino A Líderes Que No Se Comprometen Con Ningún Programa Nacional Claro, Y Consideran Meramente Responsabilizarlos Políticamente Una Especie De Incursión En Posiciones Sagradas. Esta Profunda Deformidad Estructural En La Estructura De La Democracia Sudanesa Es Lo Que Hizo De Los Golpes Militares Una Opción Esperada, Incluso Bienvenida En Muchas Veces Por Amplios Sectores De La Gente Que No Creyó En Los Partidos Y Sus Falsas Promesas, Lo Que Abrió La Puerta De Par En Par Ante Las Aventuras Militares, Comenzando Desde El Golpe Del General Ibrahim Abboud, Pasando Por El Régimen De Mayo De Jaafar Nimeiri, Y Terminando Con Los Desastres Extendidos Que Siguieron A Eso, En Una Sucesión Histórica Que Confirma Sin Dejar Lugar A Dudas Que La Élite Sudanesa No Fue Una Víctima De Circunstancias Externas Repentinas, Sino Que Fue El Primer Arquitecto De Su Autodestrucción, Y El Verdadero Asesino De Los Sueños De Desarrollo Y Estabilidad En El Altar Del Egoísmo Político Y La Estrechez Intelectual.
El Dr. Mansour Khalid Continúa Su Análisis Investigativo Sumergiéndose En Las Complejidades Del «Estado Nacional» Que Heredó La Élite, Aclarando Cómo El Aparato Administrativo E Institucional Del Estado Se Transformó De Una Herramienta Para Proporcionar Servicios Y Construir Desarrollo, En Algo Que Se Parecía Al «Impuesto Exorbitante» Que El Ciudadano Paga Meramente Para Sobrevivir, En La Sombra De La Flacidez Funcional Producida Por Las Cuotas Políticas. El Concepto Del «Estado» En La Mente De La Élite Sudanesa, De Acuerdo Con La Visión Del Autor, Ha Sido Malinterpretado Radicalmente; En Lugar De Que El Estado Sea Una Expresión Del Contrato Social Que Garantiza Derechos Y Deberes, Se Convirtió En El Gran Botín Y La Única Fuente De Riqueza E Influencia. Esta Percepción Utilitaria Estrecha Es Lo Que Alimentó La Tendencia A La Arrogancia En El Empleado Público, Quien No Ve En Su Posición Una Tarea Para Servir Al Público, Sino Un Poder Para La Dominación Y El Chantaje, Lo Que Creó Una Brecha Profunda De Distanciamiento Y Hostilidad Oculta Entre El «Centro» Con Sus Instituciones Hinchadas Y La «Periferia» Que Sufre De La Ausencia De Los Componentes Más Simples De Una Vida Decente. El Autor Describe Este Estado Con Habilidad, Utilizando Herramientas De Análisis Político Y Social, Para Aclarar Cómo Se Perpetúa La Dependencia De La Antigua Administración Colonial, Que Estableció Un Sistema De Gobernanza Basado En La Separación Y La Discriminación, Sin Que La Élite Nacional Lograra Desmantelar Estas Estructuras Heredadas, Sino Por El Contrario, Intentó Reproducirlas Y Desarrollarlas Para Proteger Sus Intereses Faccionales, Lo Que Hizo Del Aparato Estatal Moderno En Sudán Una Estructura Extraña A La Naturaleza De La Pluralista Sociedad Sudanesa, E Incapaz De Absorber Sus Ambiciones De Desarrollo.
En La Exposición De Abordar El Problema Cultural, Mansour Khalid Abre Una Ventana Amplia Sobre La «Crisis De Identidad» Que Desgarró El Tejido Nacional, Confirmando Que La Élite No Era Meramente Incapaz De Formular Un Proyecto Cultural Reconciliado Con El Yo, Sino Que Era Responsable De «Falsificar La Conciencia» Integral A Través De Promover Narrativas De Un Solo Lado Que Excluyen Componentes Básicos De La Identidad Sudanesa. El Autor Aclara Cómo La Élite Se Identificó Con El Centralismo Cultural Que Vincula La «Sudanesidad» A Una Estrecha Afiliación Árabe-Islámica, Marginalizando Así La Diversidad Étnica Y Cultural En Diferentes Regiones De Sudán, Lo Que Creó Un Sentimiento De Inferioridad En Los Bordes Del País, Y Convocó Consecuentemente Movimientos De Resistencia Radical Que Exigieron El Reconocimiento De Derechos Culturales Y Políticos Saqueados. Estos Conflictos De Identidad No Fueron Una Coincidencia, Sino Que Fueron Un Resultado Directo De Políticas Educativas, Mediáticas Y Culturales Dirigidas, Con El Objetivo De Derretir La Diversidad En Un Crisol Forzado, Lo Que Generó Una Resistencia Inversa Que Llevó Al Estallido De Guerras Que Desgarraron Al País. Mansour Khalid Ve Que La Ausencia De Una Visión Integral Para Abordar Esta Pluralidad Es Lo Que Hizo De Sudán Un Escenario Permanente Para Conflictos Étnicos, Donde La Identidad Se Convirtió En Una Herramienta Para La Movilización Política, Y Un Arma En Manos De Señores De La Guerra, En Lugar De Ser Un Puente Para La Coexistencia Pacífica Que Construye El Estado De Ciudadanía Que No Discrimina Entre Sus Ciudadanos Sobre La Base De Religión, Raza O Color.
En El Nivel De La Economía, El Autor Se Mueve A Criticar Las Políticas De «Desarrollo Distorsionado» Que La Élite Adoptó Desde La Independencia, Y Que Se Centraron En Establecer Grandes Proyectos De Carácter Central Que Sirven A Los Círculos De Influencia En Jartum, E Ignoran Las Necesidades De Las Regiones Y La Producción Rural Simple Que Representa El Nervio De La Economía Sudanesa. El Autor Explica Cómo La Planificación Económica Fue Dominada Por La Tendencia «Espectacular», Donde El Gasto Lujoso En Instalaciones Enormes Que No Sirven A La Economía Real, Mientras Que La Agricultura De Secano Y Tradicional -De La Que Depende La Mayoría De La Población- Se Dejó Sufriendo Por La Escasez De Recursos, El Deterioro De Los Servicios Y Los Ataques De Desertificación. Este Sesgo De Clase Y Espacial En Las Políticas Económicas Es Lo Que Llevó A La Amplia Migración Del Campo A Las Ciudades, Y A La Hinchazón De Los Barrios Marginales Que Se Convirtieron En Focos De Pobreza Y Extremismo Social, Lo Que Creó Una Realidad Económica Y Social Explosiva Que No Puede Abordarse Meramente Con Promesas Llamativas. Mansour Khalid Aquí Coloca Su Mano Sobre El Origen De La Enfermedad: La Ausencia De Democracia Participativa Al Establecer Políticas Económicas, Donde El Destino De Los Recursos Estatales Es Decidido Por Un Grupo Estrecho Que No Posee Una Visión De Desarrollo Integral, Sino Que Apunta A Acumular Riqueza E Influencia, Lo Que Llevó A La Propagación De La Corrupción Institucional, Y La Pérdida De Recursos Nacionales, Lo Que Hizo De La Economía Sudanesa Un Rehén De Las Deudas Externas Y Las Fluctuaciones Políticas Internacionales.
La Anatomía No Está Completa Sin Tocar El Papel Regional E Internacional Que La Élite Jugó En El Marco De Sus Conflictos Internos, Donde El Autor Analiza Cómo La Decisión Nacional Se Convirtió En Un Rehén De Las Alianzas Externas, Y Cómo La Élite, En Su Fiebre Por Alcanzar El Poder O Mantenerlo, No Dudó En Explotar Los Conflictos Regionales, Y Convoar A Poderes Externos Para Intervenir En Los Asuntos Sudaneses. Mansour Khalid Muestra Claramente Cómo Esta «Introversión Externa» Fue Un Medio Entre Los Medios De Debilitar El Frente Interno, Donde El Estado Comenzó A Actuar De Acuerdo Con Las Agendas De Poderes Internacionales O Regionales, Ignorando Así Los Intereses Estratégicos Supremos De La Patria. Esta Política Que Se Basa En «Internacionalizar» Las Crisis Locales Fue, De Acuerdo Con La Visión Del Autor, El Último Clavo En El Ataúd De La Soberanía Nacional, Donde El Estado Perdió Su Capacidad Para Tomar Sus Decisiones Independientes, Y Se Convirtió En Un Escenario Para Resolver Cuentas Internacionales, Lo Que Complicó Las Soluciones Políticas A Las Crisis Nacionales Y Prolongó La Duración De Las Guerras Y Conflictos, E Hizo Que Las Soluciones Políticas Pacíficas Estuvieran Fuera Del Alcance, En La Sombra De La Ausencia De Cualquier Visión Estratégica Nacional Capaz De Proteger A La Patria De Intervenciones Externas Que Explotan La División De La Élite Para Servir A Sus Intereses Especiales A Expensas De Desmantelar La Unidad Del País.
El Autor Enfatiza El Hecho De Que Salir De Este Túnel Oscuro No Requiere Meramente Un Cambio En Personas O Regímenes, Sino Que Requiere Una «Revolución Del Conocimiento» Integral Que Reconstruya La Mente De La Élite, Y La Exponga A Los Delirios De Grandeza Y Dominación. Mansour Khalid Ve Que El Camino Hacia El Futuro Comienza Con Poseer El Coraje De Enfrentar El Yo Honestamente, Y Admitir Que Todos Los Fracasos Que Sudán Presenció Son Un Resultado Directo De La Ausencia De Conciencia Crítica Y La Superficialidad De Los Proyectos Nacionales. «La Adicción Al Fracaso» No Es Un Destino Fatalista, Sino Que Es Un Estado Mental Y Político Del Que Se Puede Liberar A Través De Adoptar Los Valores De Modernidad, Pluralismo Y Verdadera Democracia Que Se Basa En La Responsabilidad, La Transparencia Y El Compromiso Con Los Principios De Los Derechos Humanos. La Llamada Del Autor Es Una Llamada A Restaurar El Espíritu De «El Nuevo Sudán» Que Acomoda A Todos, Un Estado Basado En La Base De Ciudadanía, Justicia Social Y Desarrollo Equilibrado, Que Es La Visión Que Mansour Khalid Dedicó Su Vida Y Pensamiento A Defender, No Como Una Idea Utópica, Sino Como Un Proyecto Político Práctico Que Puede Lograrse Si La Voluntad Sincera Y La Conciencia Necesaria De Los Desafíos De La Etapa Histórica Por La Que Sudán Está Pasando Están Disponibles. Este Análisis Sobrio Coloca Al Lector Ante Sus Responsabilidades Históricas, Confirmando Que La Historia No Tiene Piedad De Las Élites Que No Aprenden De Las Lecciones Del Pasado, Y Repiten Los Mismos Errores En Cada Turno, Convirtiendo A La Patria En Un Laboratorio Permanente Para Experimentos Fallidos Y Tragedias Repetidas.




