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La Guerra De Stalin

Recentrar La Guerra Alrededor Del Kremlin

En El Panorama Cultural E Histórico Contemporáneo, Rara Vez Un Historiador Se Atreve A Socavar Los Pilares Morales Y Geopolíticos Sobre Los Cuales Se Construyó La Narrativa De La Segunda Guerra Mundial; Esa Guerra Que Se Ha Asentado En La Conciencia Global Como La «Guerra Justa» O La «Guerra De Los Buenos Contra Los Malos.» Sin Embargo, El Profesor Sean McMeekin, Profesor De Historia En El Bard College De Nueva York, Decidió En Su Masivo Libro «La Guerra De Stalin: Una Nueva Historia De La Segunda Guerra Mundial» Lanzar Una Pesada Piedra En Las Aguas Estancadas De La Historia, Desatando Un Debate Revisionista De Peso Pesado A Través Del Cual Vuelve A Idear Los Mapas Políticos Y Los Motivos Estratégicos De Todo Un Siglo. El Libro No Ofrece Meramente Una Narrativa Adicional De Eventos Ya Saturados De Investigación, Sino Que Presenta Una Precisa Operación Quirúrgica Para Extirpar Los Mitos Históricos Que Oscurecieron Al Motor Primario De Los Eventos De Esa Era, Iósif Stalin, Para Devolverlo A Su Lugar Natural: No Como Una Víctima Repentina De La Agresión De Hitler En El Verano De 1941, Sino Como El Primer Arquitecto Estratégico Y Un HÁbil Creador De Crisis, Quien Manipuló Tanto Al Este Como Al Oeste Para Emerger Como El Único Vencedor Y El Recolector De Los Mayores Botines En Eurasia.

McMeekin Comienza Su Revisión Golpeando La Ideología Dominante En Las Capitales Occidentales, Específicamente En Londres Y Washington, Que Durante Mucho Tiempo Ha Considerado Que La Segunda Guerra Mundial Comenzó Y Terminó Como Una Lucha Directa Y Fatídica Para Salvar A La Democracia Del Fascismo Y Del Nazismo. El Autor Cree Que Esta Visión Miope Ignoró Por Completo Las Ambiciones Geopolíticas E Ideológicas Del Comunismo Soviético, Que Veía En La Anticipada Guerra Mundial Capitalista Una Oportunidad Histórica Irremplazable Para Madurar La Revolución Mundial Y Lograr La Expansión Imperial. Desde Aquí, McMeekin Cambia El Ángulo De Visión, Por Lo Que En Lugar Del Enfoque Tradicional En Hitler Y Sus Aventuras Militares, Coloca La Cámara De La Historia Dentro De Los Muros Del Kremlin, Rastreando Meticulosamente Los Movimientos De Stalin, Sus Decisiones Y Sus Informes De Inteligencia, Dejando Claro Al Lector Que Nos Enfrentamos A Una Guerra Cuyos Grandes Rasgos Fueron Diseñados En Moscú Tanto Como Fueron Diseñados En Berlín O Tokio.

La Tesis Central Alrededor De La Cual Gira Este Trabajo Estratégico Firmemente Elaborado Es Que La Segunda Guerra Mundial No Fue Necesariamente Una Guerra Alemana En Su Génesis Y Dirección, Sino Que Fue «La Guerra De Stalin» Por Excelencia. El Líder Soviético Se Dio Cuenta, Basándose En Su Estricto Entendimiento Leninista De Los Conflictos Imperialistas, De Que La Supervivencia Y Expansión De La Unión Soviética Dependían Primordialmente De Encender Una Conflagración Masiva Entre Las Potencias Capitalistas Fascistas (Alemania, Italia Y Japón) Y Las Potencias Capitalistas Democráticas (Gran Bretaña, Francia Y Los Estados Unidos). En Este Contexto, Stalin No Era Ese Líder Aterrorizado Que Esperaba Una Absolución Internacional, Sino Más Bien Un Jugador Que Inició La Agresión Y Maniobró Detrás De Escena. McMeekin Señala Claramente Que Los Esfuerzos Diplomáticos Y De Inteligencia De Stalin A Fines De La Década De 1930 Estuvieron Totalmente Dirigidos A Evitar Cualquier Acercamiento Entre Alemania Y Gran Bretaña, Y A Asegurar Las Fronteras Orientales De Rusia Atrapando A Japón En La Trampa De Un Conflicto A Largo Plazo Con China, Permitiendo Que El Kremlin Se Dedicara Por Completo A Su Gran Juego En El Continente Europeo.

McMeekin Nos Lleva De Regreso Al Famoso Pacto Molotov-Ribbentrop Firmado En Agosto De 1939. Aquí, El Pacto No Aparece Meramente Como Una «Maniobra Defensiva» Mediante La Cual Stalin Ganó Tiempo Para Preparar A Su Ejército, Como Lo Promovió La Historiografía Soviética Y Muchos Historiadores Occidentales Moderados, Sino Que Emerge Como Un Documento De Agresión Ofensiva Mutua, En El Cual Stalin Fue La Parte Más Astuta Y Voraz. Bajo Este Acuerdo, Stalin Le Dio A Hitler Luz Verde Para Invadir Polonia E Encender La Guerra Con El Oeste, Mientras Él Mismo Se Preparaba Para Arrancar Su Parte Pastel Europeo, Que No Se Limitó A Polonia Oriental, Sino Que Se Extendió Para Incluir A Letonia, Estonia, Lituania, Una Parte De Finlandia Y Rumania. McMeekin Demuestra, Apoyándose En Archivos Rusos Y Europeos, Que La Unión Soviética En El Otoño De 1939 No Era Neutral, Sino Que Era Un Socio Esencial Y Un Financiador Estratégico De La Maquinaria De Guerra Nazi, Mientras Convoyes De Petróleo, Caucho Y Grano Soviéticos Fluían Hacia Alemania Para Armarla Para Su Batalla Contra Francia Y Gran Bretaña.

En El Momento En Que Los Ejércitos Alemanes Estaban Triturando El Frente Occidental Y Derribando A París, Stalin Estaba Ejecutando La Más Amplia Expansión Imperial En La Historia Rusa Moderna Sin Provocar Suficientemente A La Opinión Pública Occidental. McMeekin Destaca La Guerra De Invierno Contra Finlandia En 1939-1940, Mostrando Cómo Esta Guerra, A Pesar Del Absoluto Fracaso Militar Inicial Del Ejército Rojo, Reveló Las Verdaderas Intenciones Del Kremlin De Controlar Todo El Mar Báltico Y Asegurar Ciudadelas Avanzadas Para Futuros Ataques. La Narrativa Histórica Fluye Aquí Para Revelar Una Paradoja Desgarradora: Mientras Hitler Estaba Agotando Sus Fuerzas Y Su Economía Al Enfrentar El Bloqueo Británico, Stalin Estaba Tragándose A Los Países Y Sociedades Que Lo Rodeaban, Consolidando Su Influencia Geopolítica Y Preparándose Para El Momento En Que Las Potencias Capitalistas Se Colapsaran Bajo El Peso Del Agotamiento Mutuo, Para Que El Ejército Rojo Pudiera Avanzar Como Salvador Y Amo De Todo El Continente Europeo.

Esta Fundación Sentada Por McMeekin En Los Primeros Capítulos De Su Libro Presenta Un Verdadero Choque Intelectual Para El Lector Acostumbrado A La Literatura Tradicional. Despoja A Stalin Ropaje De Líder Pragmático Defensivo, Y Lo Viste Con El Ropaje De Un Estratega Ideológico Que Manejó El Juego Geopolítico Con Absoluta Frialdad. La Fuerza De McMeekin Radica En Su Habilidad Para Transformar Cifras Silenciosas En Los Presupuestos Comerciales, Programas De Envíos De Materias Primas Y Correspondencia Secreta Entre Embajadores En Un Medio Vivo Y Parlante Que Revela Cómo Moscú Estaba Manejando Los Hilos Del Juego. A Través De Este Profundo Análisis, Vemos Cómo El Kremlin Fue Capaz De Neutralizar El Peligro Japonés En El Este A Través Del Pacto De Neutralidad En Abril De 1941, Permitiendo A Stalin Concentrar Todo Su Peso En El Frente Europeo, Esperando El Momento Decisivo.

A Través De Las Primeras Páginas De Su Libro, McMeekin Coloca Al Lector Ante Una Sólida Realidad Geopolítica: En El Verano De 1941, El Mundo No Estaba Presenciando Una Lucha Entre Democracia Y Fascismo Solamente, Sino Que Estaba Presenciando Una Inevitable Confrontación Entre Dos Proyectos Imperiales Totalitarios, Uno De Los Cuales (El Ruso) Manejó Los Hilos De La Diplomacia Y El Comercio Global Con Una Inteligencia Extraordinaria Que Superó Con Creces La Temeridad E Impetuosidad Del Otro Proyecto (El Alemán). Esta Rigurosa Evaluación Vuelve A Dar Forma A La Escena Introductoria De Toda La Guerra, Y Nos Hace Cuestionar Profundamente El Alcance De la Responsabilidad De Las Potencias Occidentales En Facilitar El Terrorífico Ascenso Geopolítico De La Unión Soviética.

Líneas De Ataque Entrecruzadas Y El Cordón Umbilical Americano Hacia El Kremlin

El Profesor Sean McMeekin Pasa A Deconstruir Uno De Los Mitos Más Estables En La Narrativa Histórica Dominante, A Saber, El Mito De La «Sorpresa Completa» Que Sufrió Iósif Stalin Al Comienzo De La Invasión Alemana A La Unión Soviética El Veintidós De Junio De 1941 Dentro De La Operación Barbarroja. El Autor No Niega Que Stalin Quedó Conmocionado Por El Momento Real Del Ataque Y La Temeridad De Hitler Al Abrir Un Segundo Frente, Pero Rechaza Completamente La Imagen Común De Un Líder Soviético Ingenuo Que Confiaba En El Pacto Alemán. En Su Lugar, McMeekin Vuelve A Leer El Archivo Militar, Señalando Una Hipótesis Altamente Peligrosa Y Emocionante Que Se Entrecruza Con Las Tesis De Algunos Historiadores Revisionistas Como Viktor Suvorov, En El Sentido De Que El Ejército Rojo No Estaba En Un Estado Defensivo Al Acecho, Sino Que Estaba En Medio De Una Masiva Movilización Ofensiva A Lo Largo De La Frontera Occidental. Stalin, Según Los Documentos Rusos Disponibles, Se Estaba Preparando Para Lanzar Su Propio Ataque Preventivo Contra Alemania En El Verano O Otoño De 1941, O Al Menos, Estaba Colocando A Sus Fuerzas En Una Postura Ofensiva Avanzada Que Le Permitiría Lanzarse Sobre Los Campos Petroleros Rumanos En Ploiești, El Cordón Umbilical Vital Sin El Cual La Maquinaria De Guerra Nazi No Podría Moverse Ni Un Solo Paso, Lo Que Explica La Catástrofe Militar Soviética En Las Primeras Semanas De La Guerra, Donde Las Líneas Soviéticas Avanzadas Y Los Almacenes Apilados Cerca De La Frontera Fueron Destruidos Porque No Estaban Diseñados Ingeniosamente O Logísticamente Para La Defensa Y Retirada, Sino Que Estaban Diseñados Para Correr Hacia El Oeste.

Esta Audaz Lectura De La Postura Militar Soviética Le Da Al Lector Una Nueva Explicación Para El Rápido Colapso Del Ejército Rojo Al Comienzo De La Invasión; No Fue Un Colapso Resultante De Una Escasez De Armas, Sino De Un Pobre Posicionamiento Estratégico Resultante De Una Mentalidad Excesivamente Ofensiva Que Neutralizó Las Líneas Defensivas Tradicionales Como La «Línea Stalin.» Aquí, La Extraordinaria Inteligencia Política Del Líder Soviético Se Manifiesta; Tan Pronto Como Absorbió El Golpe Y Regresó A Las Oficinas Del Kremlin, Tuvo Éxito En Transformar La Catástrofe Militar En Una Inmediata Victoria Diplomática Y Moral, Mientras La Unión Soviética Se Transformaba En Unos Pocos Días, A Ojos De La Opinión Pública Británica Y Americana, De Un Agresor Imperial Que Se Había Tragado La Mitad De Europa Oriental Y Atacado A Finlandia, En Una Víctima Inocente Que Defendía La Libertad Global Contra La Barbarie Nazi. McMeekin Describe Con Tangible Amargura Periodística Cómo El Primer Ministro Británico Winston Churchill Se Apresuró A Extender Una Mano Amiga A Stalin Sin Ninguna Precondición, Ignorando Las Advertencias De Sus Ministros Y Diplomáticos De Que Apoyar Al Totalitarismo Comunista Podría Crear Un Peligro Geopolítico Futuro Que Superaría Al Peligro Del Nazismo Mismo.

Sin Embargo, El Eje Más Controvertido, Al Cual McMeekin Dedica Páginas Extensas Y Meticulosamente Documentadas Con Cifras Y Estadísticas, Es El Programa Americano De «Préstamo Y Arriendo» (Lend-Lease), Específicamente El Rol Desempeñado Por Harry Hopkins, El Asesor Cercano Al Presidente Americano Franklin Roosevelt. El Autor Cree Que Washington No Se Detuvo En Asistir A Un Aliado En Problemas, Sino Que Mostró Una Extraña Disposición, Que Se Acercaba A La Complicidad Ideológica O A La Completa Impotencia Estratégica, Para Satisfacer Todas Las Demandas De Stalin, Sin Importar Qué Tan Perjudiciales Fueran Para El Esfuerzo De Guerra Americano Y Británico Mismo. Hopkins Visitó Moscú En Julio De 1941, Y Regresó Cargado Con Una Amplia Lista De Peticiones Soviéticas, Y En Lugar De Que Washington Usara Su Peso Económico Para Imponer Condiciones A Stalin Respecto A La Futura Independencia De Polonia O De Los Estados Bálticos Después De La Guerra, La Administración Americana Le Otorgó Al Kremlin Un Cheque En Blanco, Y Masivos Envíos De Armas, Materias Primas, Aluminio, Trenes, Combustible De Alto Octanaje Y Camiones Studebaker Comenzaron A Fluir A Través De Los Puertos De Arjánguelsk Y El Corredor Persa.

McMeekin Confirma A Través De Cifras Contenidas En Los Presupuestos Americanos, Específicamente En Las Páginas Que Abarcan Las Revisiones De Apoyo Logístico, Que La Maquinaria De Guerra Soviética Que Derrotó A Los Alemanes En Stalingrado Y En La Batalla De Kursk No Fue Un Producto Puro De La Economía Planificada Soviética, Sino Que Estaba Corriendo Sobre Neumáticos Americanos, Alimentándose De Carne Enlatada «Spam» Americana Y Comunicándose A Través De Cables De Cobre Y Dispositivos Inalámbricos Fabricados En Fábricas Americanas, Donde Menciona En Una Importante Nota Al Pie Estadística El Volumen Del Masivo Flujo De Aluminio Que Permitió A Rusia Construir Sus Aviones Y Motores De Tanques Sin Interrupción (McMeekin, 2021, p. 284). Esta Absoluta Dependencia Del Apoyo Occidental Revela Que Stalin Fue Capaz, Con Genio Estratégico, De Ganar Por Los Esfuerzos De Los Trabajadores Rusos Y El Financiamiento De Los Contribuyentes Americanos, En Un Momento En Que Los Diplomáticos Soviéticos En Washington Y Londres Estaban Ejerciendo Masivas Presiones Y Amenazando Con Concluir Una Paz Separada Con Hitler Si El Oeste No Se Apresuraba A Abrir El Segundo Frente En Europa.

Él Se Adentra Profundamente En Rastrear Las Redes De Influencia Soviética Dentro De La Administración Americana Durante Ese Período, Destacando Cómo El Aparato De Inteligencia Soviético (NKVD) Tuvo Éxito En Penetrar Instituciones Vitales Como El Departamento Del Tesoro De Los Estados Unidos A Través De Figuras Como Harry Dexter White, El Departamento De Estado E Incluso El Círculo Inmediato De Roosevelt. McMeekin Cree Que Esta Penetración No Fue Meramente Una Operación De Espionaje Tradicional Para Robar Secretos, Sino Que Fue Una «Operación De Influencia» Estratégica Que Tuvo Éxito En Dirigir La Política Exterior Americana Para Servir A Los Intereses De Moscú, Como Dirigir Violentas Presiones Americanas Contra Japón A Fines De 1941 Para Impulsarlo Hacia Un Choque Con Washington En Lugar De Atacar A La Siberia Soviética, Lo Que Aseguró Por Completo La Espalda De Stalin En El Este Y Le Permitió Transferir Legiones Siberianas Altamente Entrenadas Para Salvar A Moscú En El Invierno De 1941.

Este Análisis Ofrecido By McMeekin Vuelve La Mesa Sobre El Entendimiento Tradicional De La Gran Guerra; Ya Que Mientras Gran Bretaña Estaba Luchando Por Su Supervivencia Imperial Y Los Estados Unidos Estaban Construyendo El Arsenal De La Democracia, Stalin Era La Única Parte Que Sabía Exactamente Lo Que Quería De Esta Guerra Después De Su Fin. Él No Estaba Buscando La Mera Supervivencia, Sino Que Estaba Planeando Diseñar Un Nuevo Espacio Geopolítico Que Se Extendiera Desde Berlín Hasta Manchuria. Con El Flujo De Miles De Toneladas De Equipo Americano A Través De Peligrosas Rutas Marítimas, Las Semillas De La Guerra Fría Y La Extensión De La Influencia Comunista Sobre La Mitad Del Continente Europeo Se Estaban Plantando Con Absoluto Cuidado, Y Con La Facilitación Directa De Los Aliados Occidentales Que Desestimaron Por Completo La Lógica Del Equilibrio Internacional En Favor De Una Victoria Militar Inmediata Y Cercana, Lo Que Llevó Al Final A Las Grandes Conferencias De Concesión Que Cambiaron La Faz Del Mundo.

La Arquitectura De Las Concesiones En Teherán Y Yalta Y La Formulación De La Hegemonía Euroasiática

El Profesor Sean McMeekin Se Traslada A Las Arenas De La Diplomacia Internacional Que Presenciaron Encuentros Directos Entre Los Gigantes De La Guerra, Para Ofrecer Una Lectura Altamente Dura Y Deconstructiva De Las Grandes Cumbres Que Reunieron A Stalin, Churchill Y Roosevelt En Teherán En 1943 Y Yalta En 1945. El Autor Cree Que Estas Conferencias No Fueron Solo Rondas Para Coordinar El Esfuerzo Militar Final Contra El Eje, Sino Que Fueron Un Escenario Para Una Histórica Operación De Engaño Estratégico, En La Cual El Líder Soviético Impuso Sus Condiciones Y Visión Para El Futuro Del Mundo, Explotando La Excesiva Naividad Política Del Presidente Americano Franklin Roosevelt, Y El Creciente Agotamiento Británico Que Transformó A Winston Churchill De Un Líder Imperial En Un Socio Incapable De Frenar La Expansión Comunista. McMeekin Demuestra Con Documentos Diplomáticos Que El Kremlin No Estaba Negociando Desde La Posición De Un Socio Que Deseaba Establecer Una Paz Democrática, Sino Desde La Posición De Un Conquistador Geopolítico Que Sabe Que La Presencia De Sus Ejércitos En El Terreno Le Otorga El Derecho De Dibujar Las Fronteras Del Continente Europeo En Tinta Roja Que No Se Puede Borrar.

En La Conferencia De Teherán Celebrada En Noviembre De 1943, El Escritor Destaca La Atmósfera De Inteligencia Y Seguridad Impuesta Por Los Soviéticos A Las Delegaciones Americana Y Británica, Donde Stalin Tuvo Éxito En Convencer A Roosevelt De Residir Dentro Del Recinto Soviético Bajo El Pretexto De La Existencia De Complots De Asesinato Alemanes, Lo Que Permitió A Los Dispositivos De Escucha Soviéticos Monitorear Todas Las Conversaciones Del Presidente Americano Y Sus Asesores Las Veinticuatro Horas Del Día. Esta Penetración Logística Le Otorgó A Stalin Una Absoluta Superioridad Negociadora, Permitiéndole Leer Las Cartas De Sus Oponentes Y Aliados Antes De Sentarse A La Mesa De Negociaciones. McMeekin Documenta En Las Páginas Centrales De Este Capítulo Cómo Esta Superioridad Se Reflejó En Que Stalin Arrancó Una Aprobación Preliminar De Roosevelt Y Churchill Para Transferir Las Fronteras De Polonia Hacia El Oeste, Sacrificar A Los Países Bálticos Y Aprobar La Inclusión De Europa Oriental Dentro De La «Esfera De Influencia De Seguridad» De La Unión Soviética (McMeekin, 2021, p. 412). Esta Concesión, A Ojos Del Autor, Fue Una Puñalada Por La Espalda A Los Principios Morales Declarados Por Gran Bretaña Y América En La «Carta Del Atlántico,» Y Un Abandono Explícito De La Justificación Primaria Por La Cual Londres Declaró La Guerra A Hitler, Que Era Defender La Soberanía E Independencia De Polonia.

En La Cumbre De Yalta En Febrero De 1945, Donde El Ejército Rojo Ya Había Penetrado En El Corazón De La Geografía Europea Y Se Encontraba A Corta Distancia De Berlín, McMeekin Describe La Escena En La Península De Crimea En Un Estilo Periodístico Que Mezcla La Descripción Psicológica Con Un Magistral Análisis Geopolítico; Donde Roosevelt Aparecía Achacoso Y Mental Y Físicamente Agotado, Mientras Stalin Estaba En El Apogeo De Su Presencia Mental Y Política, Respaldado Por Informes De Inteligencia Precisos Y Una Red De Asesores Que Dirigieron Las Discusiones Hacia El Logro De Las Ambiciones Históricas Del Imperio Ruso. Yalta, A Ojos De McMeekin, No Fue Meramente Un Acuerdo Para Establecer La Organización De Las Naciones Unidas O Dividir A Alemania En Zonas De Ocupación, Sino Que Fue Una «Operación De Indulgencia» Estratégica Por La Cual El Oeste Le Otorgó A Stalin El Derecho De Control Absoluto Sobre La Mitad Del Continente Europeo, Incluyendo Capitales Históricas Como Varsovia, Budapest, Praga, Bucarest Y Sofía.

La Codicia Geopolítica Del Kremlin No Se Detuvo En Las Fronteras Del Viejo Continente, Ya Que McMeekin Dedica Un Capítulo Entero A Deconstruir Los Pesados Precios Pagados Por El Oeste A Stalin En Asia A Cambio De Su Promesa De Entrar En La Guerra Contra Japón Después De La Derrota De Alemania. En Yalta, Bajo Acuerdos Secretos No Revelados Al Gobierno Chino Legítimo En Ese Momento, Roosevelt Le Otorgó A Stalin El Control Sobre Los Ferrocarriles En Manchuria, Derechos Exclusivos En El Puerto De Dairen Y Una Base Naval En Port Arthur, Además Del Control Sobre Las Islas Kuriles Y El Sur De Sajalín. El Autor Cree Que Esta Catastrófica Concesión Asiática Fue La Piedra Angular Que Allanó El Camino Para Socavar La Influencia De Las Fuerzas Nacionalistas Chinas Led Por Chiang Kai-shek, Y Permitió A La Unión Soviética Entregar Masivas Cantidades De Armas Japonesas Confiscadas A Los Comunistas Chinos Led Por Mao Zedong, Lo Que Alteró El Equilibrio De Poder En La Guerra Civil China Y Llevó Al Final Al Ascenso De La China Comunista Y A La Interrupción Del Equilibrio Estratégico En El Este de Asia Durante Las Décadas Siguientes.

La Mordaz Crítica Que McMeekin Dirige A Las Administraciones Occidentales Radica En Su Completa Ausencia De La Clásica Lógica Del Equilibrio De Poder En Las Relaciones Internacionales, Y Su Identificación Con La Propaganda Soviética Que Retrataba A Stalin Como Un Socio Democrático En La Creación De La Nueva Paz Mundial. El Libro Destaca Cómo El Oeste Incluso Aprobó Devolver Por La Fuerza A Cientos De Miles De Prisioneros, Emigrantes Y Fugitivos Rusos Del Infierno Del Comunismo A La Unión Soviética Dentro De Lo Que Se Conoció Como «Operación Keelhaul,» Donde La Mayoría De Ellos Enfrentó La Ejecución Inmediata O El Exilio A Campos Del Gulag, En Una Escena Que Representa Una De Las Mayores Falacias Morales De Los Aliados Occidentales En La Guerra.

El Autor Nos Coloca Ante Una Realidad Histórica Enteramente Contraria A La Visión Dominante: Que El Fin De La Segunda Guerra Mundial No Fue Una Verdadera Victoria Para La Democracia Liberal Tanto Como Fue Una Victoria Decisiva Y Una Expansión Terrorífica Del Totalitarismo Soviético, Que Tuvo Éxito, Gracias A La Sangre De Sus Soldados, Al Financiamiento Logístico Americano Integral Y A La Impotencia De Los Políticos Occidentales, En Extender Su Influencia Desde El Río Elba En El Corazón De Alemania Hasta Las Costas Del Océano Pacífico En Asia. Esta Compleja Escena De Cierre De La Guerra No Fue El Comienzo De Una Paz Sostenible, Sino Que Fue En Sí Misma El Documento Oficial Que Anunciaba El Nacimiento De La Guerra Fría, Y El Comienzo De Una Nueva Lucha Imperial Por La Soberanía Global.

La Cosecha De Sangre, El Último Sangrado Del Reich Y La Extensión Del Telón De Acero

El Profesor Sean McMeekin Rastrea Los Momentos Finales De La Maquinaria De la Segunda Guerra Mundial En El Continente Europeo, Enfocando Su Lente Histórica En El Terrorífico Impulso Militar Soviético Hacia Berlín En La Primavera De 1945. El Autor Cree Que El Juego Militar En Sus Últimas Semanas No Fue Meramente Una Persecución De Los Remanentes Del Agotado Ejército Alemán, Sino Una Frenética Carrera Estratégica Librada Por Stalin Para Adquirir Tanto Territorio, Fábricas, Centros Vitales Y, Sobre Todo, Mentes Científicas Y Técnicas En El Corazón Del Colapsado Reich Como Fuera Posible. En Este Contexto, McMeekin Revela Cómo El Líder Soviético Tuvo Éxito En Dirigir A Sus Generales, Específicamente Guiorgui Zhúkov E Iván Kónev, Para Lanzar Sangrientos Ataques De Inmenso Costo Humano Para Derribar A Berlín Antes De La Llegada De Las Fuerzas Americanas Y Británicas, Explotando La Decisión Del Comandante Supremo De Las Fuerzas Aliadas Occidentales, El General Dwight Eisenhower, De Detener El Avance De Sus Fuerzas En El Río Elba Para Coincidir Con Las Líneas De División Dibujadas Previamente En Yalta, Una Decisión Que McMeekin Considera Uno De Los Mayores Errores Estratégicos Que Le Otorgó Al Kremlin Una Absoluta Superioridad Geopolítica En El Corazón Del Continente.

El Autor Nos Conduce A Las Atrocidades De La Caída Y Al Cruel Trato Experimentado Por Las Comunidades Locales En Europa Oriental Y Alemania A Manos De Las Conquistadoras Fuerzas Soviéticas. En Lugar De Repetir La Propaganda Tradicional Que Se Enfocaba En El Concepto De «Liberación,» McMeekin Se Sumerge En Documentos E Informes De Disciplina Militar Y Correspondencia Interna, Mostrando Que Las Directivas Emitidas Desde Moscú Hicieron La Vista Gorda, Y A Veces Alentaron, El Saqueo Organizado, La Violación Masiva Y La Destrucción De La Infraestructura Civil Como Una Herramienta Para Romper La Moral De Las Naciones Derrotadas Y Someterlas Política Y Psicológicamente A La Nueva Ideología Comunista. La Impactante Escena Pintada Por La Narrativa Aquí No Se Limita A Berlín, Sino Que Se Extiende Para Incluir La Tragedia Vivida Por Budapest, Viena Y Varsovia, Donde Los Aliados Soviéticos Se Transformaron A Ojos De Los Habitantes Locales De Salvadores Del Fascismo En Invasores Que Impusieron Un Nuevo Patrón De Totalitarismo Violento Y Organizado.

El Escritor Menciona En Cifras Documentadas Cómo Equipos Soviéticos Especializados Desmantelaron Fábricas Enteras, Líneas Ferroviarias, Laboratorios Científicos, Estaciones De Generación De Energía E Incluso Existencias De Metales Preciosos Y Ganado De Alemania, Austria, Polonia, Finlandia Y Rumania, Y Los Enviaron En Miles De Trenes Dirigidos Hacia El Este Para Reconstruir La Devastada Economía Soviética (McMeekin, 2021, p. 531). Este Saqueo Económico Organizado, Ejecutado Con La Aprobación Implícita O Impotencia De Las Potencias Occidentales, No Fue Meramente Un Castigo Para Los Derrotados, Sino Que Fue Una Operación De Ingeniería Geopolítica Destinada A Mantener A Los Países Europeos Orientales En Un Estado De Completa Dependencia Económica Y De Desarrollo Respecto A Moscú, Allanando El Camino Para Someterlos Políticamente A Través Del Establecimiento De Regímenes Títere Dirigidos Por Comunistas Locales Que Habían Sido Entrenados Durante Años En El Kremlin.

Mostrando Cómo El «Telón De Acero,» Del Cual Winston Churchill Habló Más Tarde En Su Famoso Discurso En La Ciudad De Fulton, Descendió Para Dividir Al Continente Europeo En Dos Mundos En Conflicto. Sin Embargo, McMeekin Argumenta Que Este Telón No Descendió De Repente En 1946 O 1947, Sino Que Sus Líneas Fueron Dibujadas Y Sus Pilares Fijados Gradualmente A Lo Largo De Los Años De Guerra Gracias A Las Concesiones Políticas Y Logísticas Otorgadas Por El Oeste A Stalin. Los Políticos En Washington Y Londres Se Encontraron, Para El Final Del Verano De 1945, Frente A Una Realidad Terrorífica: Habían Destruido La Dictadura Nazi En Berlín Solo Para Verse Sorprendidos Por El Ascenso De Un Imperio Totalitario Más Letal, Más Expansivo Y Que Poseía Un Ejército Poderoso Que Se Encontraba A Corta Distancia De Las Costas Atlánticas, Alimentándose De Lo Que Quedaba De Los Envíos De Apoyo Occidentales.

McMeekin Tampoco Pasa Por Alto El Estrecho Vínculo Entre Los Frentes Europeo Y Asiático En Las Semanas Finales De La Guerra, Revisando Cómo Stalin Explotó El Inminente Colapso Japonés Después Del Lanzamiento De Las Dos Bombas Atómicas En Hiroshima Y Nagasaki Para Declarar La Guerra A Tokio E Invadir Manchuria Y Corea Del Norte En Una Rápida Operación Conocida Como «Operación Tormenta De Agosto.» Aquí, La Tesis Reemerge Para Confirmar Que La Codicia Del Kremlin Era Transcontinental, Ya Que Esta Rápida Invasión Le Permitió A Stalin Poner Sus Manos En El Arsenal Del Ejército Japonés De Kwantung Y Entregarlo Al Ejército Popular De Liberación De China, Colocando Con Ello El Primer Clavo En El Ataúd Del Régimen Nacionalista De Chiang Kai-shek, Y Estableciendo El Violento Teatro Geopolítico Que Más Tarde Encendió La Guerra De Corea A Principios De La Década De 1950.

Esta Terrorífica Cosecha Geopolítica Presentada Por McMeekin En Los Últimos Capítulos De Su Libro Vuelve A Dar Forma Al Concepto De Victoria En La Segunda Guerra Mundial; No Fue Una Victoria Para Las Democracias Liberales Que Emergieron De La Guerra Agobiadas Por Deudas, Obligaciones Y Enfrentando La Inminente Desintegración De Sus Viejos Imperios Coloniales, Sino Que Fue La Mayor Y Única Victoria Para Iósif Stalin Quien Se Sentó En El Trono De Eurasia Desde Berlín Hasta Pionyang. Esta Superioridad Totalitaria Soviética, Elaborada Con Riqueza Y Sangre Mutuas, Dejó Al Oeste En Un Estado De Asombro Estratégico Y Auténtico Choque Intelectual, Forzándolos A Entrar Inmediatamente En Una Nueva Confrontación Circular Para Sitiar A Este Gigante Que Ellos Mismos Contribuyeron A Liberar De Sus Cadenas.

Resultados Estratégicos Y El Juicio Histórico De La Victoria Del Totalitarismo

En Los Capítulos Conclusivos De Su Seminal Libro, El Profesor Sean McMeekin Llega A Presentar Un Riguroso Juicio Intelectual Y Geopolítico De Los Resultados De Esta Guerra Global, Extrayendo Las Lecciones Aprendidas Que Alteraron El Curso De Las Relaciones Internacionales Y Dieron Forma A Las Características Del Siglo Veinte Y Más Allá. El Autor Cree Que La Evaluación Final De La Segunda Guerra Mundial No Puede Mantenerse Recta Si Las Elites Intelectuales Y Políticas Occidentales Continúan Mirándola A Través Del Lente De La «Guerra Justa» Que Terminó Con La Victoria De La Democracia Y El Deshacerse Del Fascismo, Sino Que Deben Enfrentar La Verdad Desnuda Representada En Que La Guerra Terminó Reemplazando Un Totalitarismo Nazi Temerario Y De Corta Duración Con Un Totalitarismo Comunista Soviético Bien Establecido, Más Organizado, Geográficamente Más Amplio Y Más Capaz De Maniobras Estratégicas A Largo Plazo. McMeekin Argumenta Profundamente Que El Costo Moral Y Político De Esta Victoria Fue Extremadamente Pesado, Y Que Los Mapas Dibujados En Yalta Y Potsdam No Fueron Un Mapa De Paz, Sino Que Fueron Una Receta Precisa Para El Estallido De Un Conflicto Geopolítico Extendido Y De Múltiples Frentes Conocido Como La Guerra Fría.

Donde McMeekin Cree Que La Naividad Excesiva Mostrada Por Líderes Como Franklin Roosevelt, Y El Deseo Frenético De Winston Churchill De Aplastar A Alemania A Cualquier Precio Y Sin Regard Por Las Consecuencias Del Día Siguiente, Fueron Lo Que Permitió A Stalin Lograr Sus Objetivos De Largo Alcance. El Oeste Le Proporcionó Al Kremlin Todas Las Herramientas De Poder Material, Cobertura Moral Y Cobertura Política Para Expandirse En Eurasia, Y Los Políticos Occidentales No Se Dieron Cuenta De La Enormidad De Su Error Hasta Que Encontraron Tanques Soviéticos Parados En El Corazón De Berlín, Al Comunismo Tragándose A China Y A Los Ejércitos Rojos Amenazando Los Campos Petroleros En El Medio Oriente Y Los Estrechos Del Mar Negro. El Autor Señala Que La Guerra Fría No Fue Un Conflicto Repentino Que Emergió Después De 1945 Resultante De Diferencias Transitorias, Sino Que Fue El Resultado Inevitable Y Lógico De La Manera En Que El Oeste Manejó Su Alianza Con Stalin, Ya Que Le Otorgaron El Cordón Umbilical Económico Y Militar Sin Precondiciones Que Aseguraran La Libertad Y Soberanía De Las Pequeñas Naciones (McMeekin, 2021, p. 611).

Él Se Vuelve Hacia Una Lectura De Los Efectos De Largo Alcance De Esta Victoria Totalitaria En El Continente Asiático, Mostrando Que Las Concesiones Geopolíticas Otorgadas A Stalin En Manchuria Y Las Islas Kuriles No Fueron Meros Precios Militares Temporales, Sino Que Fueron El Mayor Terremoto Estratégico Que Alteró El Equilibrio Regional De Poder En El Lejano Oriente. El Ascenso De La China Comunista Y El Establecimiento Del Régimen De Kim Il-sung En Corea Del Norte, Gracias Al Apoyo Logístico Y Militar Soviético Directo, Detonaron Posteriores Guerras Sangrientas Que Le Costaron Al Contribuyente Americano Y A Las Sociedades Asiáticas Millones De Vidas Y Miles De Millones De Dólares En Los Años Cincuenta Y Sesenta, Demostrando Que «La Guerra De Stalin» No Terminó Realmente En Agosto De 1945, Sino Que Sus Fuegos Se Extendieron Para Cubrir Una Amplia Geografía En Las Montañas De Corea, Las Selvas De Vietnam Y Los Estrechos De Taiwán, Revelando Una Enorme Miopía En La Infraestructura De La Toma De Decisiones Estratégicas En Washington.

Desde Una Perspectiva Filosófica E Histórica, McMeekin Dirige Una Mordaz Crítica A La Literatura Histórica Tradicional Que Durante Mucho Tiempo Justificó El Comportamiento Colonial Y Expansionista De Stalin In Los Períodos Antes Y Después De 1941 Como Medidas De «Seguridad Defensiva» Impuestas Por Las Circunstancias De Enfrentar El Peligro Nazi. El Escritor Cree Que Esta Lectura Justificativa Implica Un Gran Defecto Moral, Porque Equipara A La Víctima Y Al Verdugo, E Ignora El Hecho De Que La Unión Soviética Fue Un Socio Esencial Y Financiador De La Maquinaria De Guerra Hitleriana En Los Primeros Dos Años De la Guerra, Y Que Cometió Masacres Brutales No Menos Atroces Que Los Crímenes Nazis, Como La Masacre Del Bosque De Katyn En La Cual Miles De Oficiales Y Elites Intelectuales Polacas Fueron Eliminados A Sangre Fría Y Con Una Firma Directa De Stalin Y Miembros Del Politburó Del Kremlin. Devolver La Consideración A Estos Hechos Documentados En Los Archivos De Guerra Representa, A Ojos De McMeekin, Un Paso Necesario Para Purgar La Memoria Histórica Global De Los Efectos De La Propaganda Compartida Soviética Y Occidental Que Prevaleció Durante Los Años De La Alianza.

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