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«Sudán para los sudaneses»: Una lectura de un documento histórico que sentó las bases del manifiesto de la independencia nacional.

A mediados de la década de 1950, Sudán se encontraba en la encrucijada más peligrosa de su historia moderna: o bien se disolvía en la entidad de su vecino del norte bajo el paraguas de la «Unidad del Valle del Nilo», o bien se aferraba a una identidad independiente y a una entidad de soberanía pura. En medio de esa encarnizada batalla política e intelectual, las balas no eran la única arma; más bien, la palabra y el documento eran la primera línea de defensa. De ahí deriva la importancia excepcional del libro «Sudán para los sudaneses: codicia, conflicto, salto y lucha», cuyos hechos y documentos fueron recopilados por el profesor Abdel Rahman Ali Taha, para servir como manifiesto político y el argumento histórico irrefutable de la corriente independentista.

Esta valiosa obra reaparece gracias al sobrio esfuerzo académico realizado por la Dra. Fadwa Abdel Rahman Ali Taha, quien asumió la tarea de editar críticamente el libro y reeditarlo en su segunda edición en 1992, luego de que su primera edición viera la luz en 1955 a través de la Editorial de la Universidad de Jartum. La edición crítica de este libro no fue simplemente la recuperación de un texto antiguo, sino más bien la deconstrucción de una fase sensible de la historia de Sudán durante el período del Condominio que se extendió desde 1899 hasta 1956.

Contexto de la publicación: la batalla por la supervivencia y la independencia

Para comprender el valor histórico de este libro, debemos situarlo en su contexto temporal preciso. La editora del libro señala que la primera edición se publicó en mayo de 1955. Esta fecha no fue aleatoria, sino que llegó en el apogeo de la fase de transición que siguió a las primeras elecciones parlamentarias en noviembre de 1953. Esa fase estaba limitada a un máximo de tres años, finalizando con la elección de una asamblea constituyente que colocaría a los sudaneses ante dos opciones fatídicas sin una tercera alternativa: o la unión con Egipto de cualquier forma, o la independencia total. Este derecho estaba estipulado en el Artículo Doce del Acuerdo de Autogobierno y Autodeterminación.

En ese ambiente cargado, donde las elecciones resultaron en la victoria del Partido Nacional Unionista y su formación de gobierno, el Partido Umma fue colocado en la trinchera de la oposición. Aquí, el papel de este libro emergió como una intensa herramienta de movilización y propaganda lanzada por el Partido Umma para promover la opción de la independencia total y confrontar la arrolladora marea de propaganda egipcia destinada a inclinar a los sudaneses hacia la opción de la unión. El libro, por su momento y contenido, fue como un proyectil intelectual disparado en la arena de una encarnizada batalla política, mientras la autodeterminación llamaba violentamente a las puertas.

El lema «Sudán para los sudaneses»: de táctica colonial a doctrina nacional

Quizás uno de los temas más controvertidos y que el libro plantea con profundidad es la historia del lema «Sudán para los sudaneses». Este brillante lema no nació en el vacío, sino que apareció en la vida política desde la década de 1920 y adquirió un brillo y esplendor especial en la década de 1940. La paradoja histórica que destaca el libro es que la administración británica fue la primera en enarbolar este lema, como una especie de táctica política para ganarse la lealtad de los sudaneses hacia su política de autogobierno gradual, y el objetivo subyacente era alejar la influencia egipcia de Sudán para que Gran Bretaña lo gobernara en exclusiva.

Esta doble táctica británica, que permitía la promoción del lema «Sudán para los sudaneses» y al mismo tiempo combatía la propaganda que apoyaba la unión con Egipto, creó un estado de profundo escepticismo entre la clase de intelectuales y graduados sudaneses. La inmensa mayoría de estos graduados pensaba que la verdadera independencia podía ser arrebatada a través de la cooperación con Egipto, considerándolo un vecino musulmán y de habla árabe, y lo que es más importante, que compartía con ellos el sufrimiento del sometimiento al dominio extranjero.

Pero, ¿cómo este lema, cuyas intenciones por parte de sus primeros promotores eran dudosas, se convirtió en una doctrina nacional? El libro aclara que el lema encontró un fuerte eco y respuesta en la secta Ansar liderada por el Sayyid Abdel Rahman Al-Mahdi. Este alineamiento no surgió de la nada, sino que partió de una posición de principios de la secta que rechazaba categóricamente cualquier intento de imponer la soberanía egipcia sobre el suelo sudanés. Aunque el lema encontró inicialmente aceptación en el Sayyid Ali Al-Mirghani, líder de la secta Khatmiyya, quien a su vez rechazaba la influencia egipcia, la rivalidad personal entre los dos líderes y el sentimiento del Sayyid Ali de que la administración británica apoyaba la influencia del Sayyid Abdel Rahman, lo empujó más tarde a arrojarse a los brazos egipcios y rechazar el lema.

Las raíces históricas de la soberanía: de la Mahdiya de 1885 a Karari 1898

El autor no comienza su narrativa desde los pasillos de la política en la década de 1950, sino que remonta al lector a las profundas raíces de la soberanía nacional. El libro abre sus primeras páginas remontándose a 1885, venerando el establecimiento del «Sudán Libre e Independiente». El autor ve en la Revolución Mahdista la primera encarnación del rechazo al colonialismo extranjero y la fundación de una entidad nacional pura, describiendo cómo el Imán Al-Mahdi logró crear la entidad internacional de Sudán y demostrar al mundo la existencia de Sudán como una nación independiente.

Y el escritor no ve en los acontecimientos de 1898 y la batalla de Karari una mera derrota militar frente a la maquinaria de guerra anglo-egipcia, sino que describe a aquellos combatientes como «héroes de la liberación». Repasa cómo el Califa Abdallahi y los Ansar se enfrentaron al fuego de artillería con el pecho descubierto y armas primitivas, escribiendo con su sangre las más magníficas epopeyas en defensa de la soberanía de la tierra. Esta fundamentación histórica no fue en vano; era necesaria para que el autor demostrara que el conflicto sobre Sudán no es producto de los acuerdos del siglo XX, sino un conflicto histórico prolongado entre los intentos de invasión y la voluntad de liberación.

El Acuerdo de Condominio (1899): disección de la complicidad y la marginación

El libro pasa a diseccionar el núcleo de la crisis: el Acuerdo de Condominio Anglo-Egipcio de 1899. El autor presenta una mordaz lectura crítica de este acuerdo, explicando cómo despojó a Sudán de su soberanía y lo colocó a merced de las ambiciones de dos potencias coloniales.

El autor revela cómo este acuerdo fue en su esencia un arreglo político para repartir el botín; Gran Bretaña, que explotó los fondos del tesoro egipcio para financiar la campaña de invasión, se apoderó de la autoridad real, militar y civil. A cambio, los intereses chocaban ferozmente; Egipto veía a Sudán como una extensión vital, codiciaba asegurar el flujo de las aguas del Nilo, cada vez más necesario para sus requerimientos agrícolas, y consideraba las tierras de Sudán un desahogo demográfico para su creciente población. Mientras tanto, Inglaterra pretendía mantener a Sudán como un estado fragmentado, controlar sus recursos y convertirlo en una enorme granja algodonera al servicio de las fábricas de Lancashire, asegurando al mismo tiempo una posición estratégica en el corazón de África.

Este choque de intereses, fundamentado en la «codicia» de los dos estados, como indica el título del libro, es lo que generó el «conflicto» continuo que empujó a los sudaneses a dar un «salto» hacia la «lucha» política para conseguir la independencia.

Diseccionando la «codicia»: el conflicto de intereses sobre las arenas del Nilo

Cuando el autor Abdel Rahman Ali Taha habla de «codicia» en su libro, no utiliza un vocablo emocional, sino que pone el dedo en el motor principal de la maquinaria política internacional de aquella época. Sudán, en la imaginación de las dos potencias en conflicto, Gran Bretaña y Egipto, representaba un espacio geográfico de valor incalculable, pero por razones casi diametralmente opuestas. El libro se explaya documentando cómo Gran Bretaña, la potencia imperial en la que nunca se ponía el sol, veía a Sudán como un eslabón estratégico vital que aseguraba su ruta hacia la India, e impedía al mismo tiempo que cualquier influencia europea rival, especialmente la francesa, controlara las fuentes del Nilo. Para Londres, Sudán no era sólo tierra; era una cuestión de seguridad nacional imperial y una fuente prometedora para la producción de algodón de fibra larga que necesitaban las fábricas textiles de Lancashire para competir en los mercados mundiales.

Al otro lado del río, El Cairo veía a Sudán como una extensión natural e histórica que no podía separarse. El libro analiza con mirada escrutadora la «doctrina egipcia» hacia Sudán en ese momento, ya que la política egipcia partía del principio de la «Unidad del Valle del Nilo» como un derecho histórico heredado de la época del Jedive. Para Egipto, la cuestión era de vida o muerte; el Nilo es la arteria de la supervivencia, y controlar Sudán significaba controlar la llave de la válvula de agua que alimenta el Delta y el Alto Egipto. Aquí, el libro destaca documentos que prueban cómo los intereses egipcios chocaban continuamente con los recelos británicos; Gran Bretaña temía que la estabilidad de Egipto en Sudán pudiera otorgarle un gran poder de negociación en el expediente del Canal de Suez y otros asuntos pendientes entre los dos países.

El Acuerdo de 1899: la fabricación del callejón sin salida soberano

La narrativa histórica del libro nos traslada al momento de la firma del Acuerdo de Condominio en enero de 1899, un documento que el autor describe como el «nacimiento legal de la crisis». El acuerdo fue una extraña síntesis legal desconocida hasta entonces para el derecho internacional; no reconocía la plena soberanía de Egipto, ni declaraba a Sudán una colonia británica oficial, sino que lo mantenía en una zona gris bajo dos banderas y dos administraciones. El libro explica cómo Lord Cromer, el Cónsul General británico en Egipto, fue el verdadero arquitecto de este sistema, ya que quería crear una situación legal que impidiera a otros países europeos exigir privilegios en Sudán como ocurría en Egipto, y al mismo tiempo alejara a Sudán de la autoridad de los Tribunales Mixtos y del complejo sistema judicial egipcio.

Ese acuerdo, tal como lo analiza Abdel Rahman Ali Taha, supuso en esencia la marginación total del ser humano sudanés. Fue firmado entre «dos amos» que se disputaban la propiedad, mientras el verdadero dueño de la tierra estaba totalmente ausente de la escena. El libro repasa textos del acuerdo que otorgan al Gobernador General de Sudán, siempre británico, poderes absolutos que superan incluso los del rey de Gran Bretaña en sus colonias, convirtiendo a Sudán en un «feudo administrativo» subordinado al Ministerio de Asuntos Exteriores británico, mientras Egipto se limitaba a pagar las facturas financieras y a proporcionar los cuadros administrativos menores y los soldados. Esta flagrante disparidad de poder dentro de la «empresa» colonial es lo que más tarde generó las chispas del conflicto entre los socios, un conflicto que los sudaneses capitalizaron posteriormente para abrirse camino hacia la independencia.

Deconstruyendo la estructura de la administración: ilusión e interés

En esta parte del libro, encontramos un material denso sobre cómo se administraba el país en las primeras décadas del siglo XX. El autor describe brillantemente cómo la administración británica practicaba la política de «divide y vencerás» de forma suave, trabajando para debilitar los lazos culturales y políticos entre Sudán y Egipto mediante leyes estrictas, como la Ley de Zonas Cerradas que aisló el sur de Sudán de su norte, e impidió la entrada de influencias árabes e islámicas a las provincias del sur. No se trataba de una simple medida administrativa, sino de un intento de ingeniería social a largo plazo para crear una identidad sudanesa distorsionada, subordinada a la Corona británica y amputada de su entorno natural.

El libro revela documentos apasionantes sobre los presupuestos financieros de aquel período, demostrando el autor con hechos y cifras que Egipto soportaba la mayor carga de los gastos de la administración y el ejército en Sudán, mientras Gran Bretaña cosechaba los frutos políticos y estratégicos. Este desequilibrio estructural fue motivo de queja constante por parte de la élite egipcia y material fértil para la prensa nacional en El Cairo, que clamaba contra el «engaño británico». Sin embargo, mientras el conflicto se recrudecía entre Londres y El Cairo, se formaba bajo la superficie en Jartum, Wad Madani y El Obeid una «nueva conciencia»; una conciencia que empezaba a darse cuenta de que el interés de Sudán no residía en alinearse con ninguno de los polos en conflicto, sino en salir juntos de la órbita de ambos.

El surgimiento de la personalidad nacional: de la conmoción a la cristalización

El libro aborda la conmoción de los sudaneses tras la derrota de la Mahdiya, y cómo esa conmoción se transformó con el tiempo en un deseo abrumador de recuperación de sí mismos. El autor se centra en el papel de la educación, concretamente en el «Gordon Memorial College», que los británicos querían que formara a oficinistas y empleados obedientes, pero que se transformó en un laboratorio incubador de revolucionarios y pensadores. Estos graduados, que bebieron de la cultura occidental sin olvidar sus raíces sudanesas, empezaron a preguntarse: Si ingleses y egipcios se disputan sobre nosotros, ¿por qué no somos nosotros los dueños del derecho a gestionar nuestros propios asuntos?

Aquí empezaron a aparecer los rasgos del «salto». Al principio no fue un salto militar, sino un salto cultural y social representado en la fundación de sociedades literarias, la publicación de periódicos y revistas, y los acalorados debates en las casas de los graduados. El libro documenta cómo estos jóvenes empezaron a formular el concepto de «Sudán para los sudaneses» como alternativa al proyecto de la «Unidad del Valle del Nilo» promovido por los unionistas, y como alternativa al colonialismo británico promovido por algunos colaboradores. Este lema fue el salvavidas que salvaría al país de desvanecerse en las identidades de otros, algo que el libro explica profusamente repasando las posturas de las personalidades nacionales que adoptaron esta línea, encabezadas por el Sayyid Abdel Rahman Al-Mahdi, a quien el autor considera el símbolo más destacado de la transformación de la energía combativa mahdista en una energía política diplomática, serena y capaz de enfrentarse a la astucia del imperio.

El conflicto entre Gran Bretaña y Egipto por la soberanía sobre Sudán fue la brecha por la que penetró la voluntad nacional sudanesa. Debido a la falta de acuerdo de ambos socios sobre a quién pertenecía la tierra, quedó un vacío legal y político que los sudaneses lograron llenar, con inteligencia y paciencia, con sus continuas demandas de autodeterminación. En estas partes, el libro no narra hechos secos, sino que pinta un cuadro artístico del choque de voluntades, donde la codicia engendra conflicto, el conflicto otorga la oportunidad para el salto, y el salto conduce finalmente a la sagrada lucha nacional por la libertad.

El amanecer de la conciencia organizada

El libro del profesor Abdel Rahman Ali Taha nos traslada a la fase más vital de la conciencia nacional sudanesa, que es la fase del «salto». Este salto, tal y como lo describe el libro, no fue una simple reacción emocional, sino un cambio estructural en la forma en que los sudaneses abordaban su causa nacional, ya que el peso se desplazó de la resistencia armada tradicional que terminó en «Karari» y «Umm Diwaykarat», a la resistencia civil y política organizada.

El autor narra cómo la década de 1920 representó el difícil parto. Mientras las autoridades del Condominio intentaban consolidar su posición, en 1924 surgió la «Liga de la Bandera Blanca» para constituir el primer verdadero temblor en el muro del colonialismo. El libro analiza este momento como el primer intento de romper el silencio y unificar las filas entre militares y civiles, y aunque el movimiento fue reprimido por la fuerza de las armas, dejó una profunda lección en la memoria colectiva: que la soberanía no se otorga como una concesión, sino que se arrebata como un derecho. Este primer «salto» fue la chispa que preparó el terreno para el trabajo sindical y político, más maduro e influyente, que vendría después.

El Congreso de Graduados: el laboratorio político de la nación

El libro pasa a 1938, año en que se fundó el «Congreso General de Graduados». El autor otorga una importancia capital a esta entidad, no sólo como plataforma para la élite educada, sino como alternativa nacional legítima que empezó a llenar el vacío dejado por la disputa de soberanía entre El Cairo y Londres. El libro describe cómo el Congreso pasó de ser una entidad que buscaba mejorar las condiciones de los empleados y prestar servicios sociales, a un «parlamento popular» que ponía sobre la mesa internacional las cuestiones fatídicas.

En uno de los documentos más importantes del libro se repasa el famoso «Memorando de los Graduados» de 1942. Este memorando no era una mera petición administrativa, sino una declaración política madura que exigía el derecho a la autodeterminación inmediatamente después del fin de la Segunda Guerra Mundial. Abdel Rahman Ali Taha analiza la arrogante reacción británica al memorando, y cómo esa respuesta fue el «combustible» que hizo pasar el trabajo político de la fase de «salto» a la fase de «lucha» nacional integral. Los sudaneses se dieron cuenta entonces de que el imperio que había recabado su ayuda para el esfuerzo bélico no estaba dispuesto a concederles la libertad voluntariamente, y a partir de ahí comenzó el verdadero choque que se trasladó de los pasillos de los despachos a las calles, los clubes y las asociaciones.

La división de la élite: ¿unidad del valle o independencia total?

El libro no se limita a documentar los éxitos, sino que se sumerge en las complejidades del escenario interno y en el conflicto de identidades políticas. El autor analiza el proceso de división que se produjo en las filas del movimiento nacional entre dos grandes corrientes: los «unionistas», que veían en la unidad con Egipto el medio para deshacerse del colonialismo británico, y los «independentistas», que enarbolaron el lema «Sudán para los sudaneses» y rechazaron cualquier forma de subordinación al exterior.

El libro aclara cómo esta división no era una mera diferencia de puntos de vista, sino que reflejaba visiones estratégicas divergentes sobre el futuro del Estado. El autor repasa los argumentos esgrimidos por ambas partes, explicando que la corriente independentista temía que la «unidad» se convirtiera en una «ocupación» encubierta, mientras que la corriente unionista temía que la «independencia» bajo patrocinio británico condujera a la permanencia de la influencia inglesa para siempre. Este amargo conflicto intelectual, que el libro describe como un «conflicto interno», fue la verdadera prueba de la capacidad de los sudaneses para gestionar sus asuntos antes de alcanzar la independencia efectiva, algo que distinguió la experiencia sudanesa al convertirla en una experiencia democrática y pluralista desde la cuna.

La diplomacia del Sayyid Abdel Rahman Al-Mahdi: la Mahdiya con su ropaje moderno

El libro dedica un amplio espacio al papel del Imán Sayyid Abdel Rahman Al-Mahdi, no sólo como líder espiritual de la secta Ansar, sino como un brillante arquitecto político que logró transformar el legado revolucionario de la Mahdiya en una fuerza política y diplomática serena e influyente. El autor documenta cómo el Sayyid Abdel Rahman logró convencer a los círculos internacionales, especialmente en Londres, de que Sudán poseía un liderazgo nacional capaz de gestionar un Estado moderno e independiente.

Y el libro revela los detalles de las negociaciones y viajes realizados por la delegación de «Independencia» al extranjero, y cómo estos movimientos inquietaban a las autoridades egipcias, que insistían en que Sudán era parte integrante de la Corona egipcia. El autor destaca aquí la inteligencia del lema «Sudán para los sudaneses»; no era un mero rechazo al otro, sino una afirmación del «yo nacional» que posee los componentes de la soberanía plena. Esta orientación es la que hizo que la causa de Sudán saliera del marco de un «conflicto regional» para convertirse en una causa de «liberación nacional» reconocida mundialmente, lo que allanó el camino posteriormente para internacionalizar la cuestión en las Naciones Unidas y en el Consejo de Seguridad.

Los socios enemigos y las maniobras de última hora

Al acercarse el final de la década de 1940, el libro describe el estado de «confusión» que invadió a los dos Estados del Condominio. Gran Bretaña, debilitada por la guerra, empezaba a darse cuenta de que permanecer en Sudán resultaba ya costoso a nivel político y militar, y Egipto, que atravesaba por transformaciones políticas tormentosas, intentaba aferrarse a sus últimas bazas en el Valle. El libro repasa con una narrativa atractiva cómo Londres y El Cairo se intercambiaban los papeles en un intento de contener al movimiento nacional sudanés; unas veces prometiendo el autogobierno, y otras amenazando con imponer una soberanía unilateral.

La «lucha» se materializa en esta etapa en la capacidad de los sudaneses para jugar con las contradicciones de las dos superpotencias. El libro documenta cómo la Asamblea Legislativa de 1948, a pesar de las críticas que se le dirigieron al principio, se transformó en una plataforma nacional para arrebatar más prerrogativas. Los sudaneses practicaban en ese momento el «arte de lo posible», aprovechando cada centímetro de libertad disponible para ampliar la base de la participación nacional, lo que demostró al mundo que el pueblo descrito como «perezoso» o «subordinado» en la literatura colonial es, en realidad, un pueblo dotado de una genialidad política que le permitió derrotar a dos imperios al mismo tiempo sin que se produjera un derramamiento de sangre a gran escala.

La fase de «salto y luego lucha» fue el capítulo más inspirador del libro, donde Sudán pasó de ser un «objeto» en una oración colonial, a un «sujeto» que escribía su historia con su propia mano. En la siguiente parte, ampliaremos los detalles de la «hora de la verdad»: cómo el sueño de «Sudán para los sudaneses» pasó de las páginas de este libro a ser una brillante realidad bajo el sol de la independencia.

La hora cero: del acuerdo de 1953 a la tribuna del Parlamento

El viaje histórico documentado por el profesor Abdel Rahman Ali Taha en su libro «Sudán para los sudaneses» llega a su estación decisiva con la aparición del cambio radical en la política egipcia tras la revolución de julio de 1952, un cambio que confundió los cálculos de la administración británica y situó a Sudán en una vía sin retorno hacia la autodeterminación. El Acuerdo de Autogobierno firmado en febrero de 1953 fue la «contraseña» que trasladó la cuestión del ámbito del conflicto bilateral entre El Cairo y Londres al ámbito de la estricta ejecución nacional, donde se estipulaba claramente un período transitorio no superior a tres años, destinado a liquidar la administración colonial (la «sudanización») y allanar el camino hacia la autodeterminación.

En esta parte, el autor analiza cómo el Partido Umma, que veía en el libro un manifiesto político propio, pasó de la trinchera de la oposición tras las elecciones de 1953 que ganó el Partido Nacional Unionista, a ser una fuerza de presión que logró cambiar el curso de la historia. A pesar de que el gobierno electo presidido por Ismail al-Azhari se inclinaba en un principio por la opción de la «unidad con Egipto», la presión de la calle independentista y el impulso intelectual proporcionado por el lema «Sudán para los sudaneses» hicieron comprender al gobierno que la soberanía total era la exigencia que no admitía concesiones. El libro fue en aquel momento la referencia de la que el negociador sudanés extrajo su argumento histórico para demostrar que la «codicia» extranjera en Sudán no había cesado, y que la independencia era la única garantía para que no se repitieran las tragedias del pasado.

La alianza necesaria: cuando la voluntad se une tras el lema

En sus capítulos finales, el libro revela los entresijos del acercamiento que se produjo entre las sectas Ansar y Khatmiyya, un acercamiento que muchos consideraban imposible dada la rivalidad histórica y personal entre el Sayyid Abdel Rahman Al-Mahdi y el Sayyid Ali Al-Mirghani. El autor explica que el sentido de la responsabilidad nacional ante el momento crucial de la autodeterminación hizo que ambos líderes superasen las profundas diferencias, para que todos se alinearan tras un único objetivo. Esta unión no fue un mero consenso político pasajero, sino el gran «salto» que menciona el título, donde todas las fuerzas comprendieron que la independencia total requería un frente interno sólido que no permitiera ser penetrado por la propaganda exterior.

El libro repasa cómo la propaganda egipcia comenzó a perder gradualmente su efecto ante el creciente y puro sentimiento nacional, y cómo el Partido Umma invirtió el libro «Sudán para los sudaneses» como herramienta de movilización en las provincias y ciudades para concienciar a las masas del peligro de disolverse en una entidad política externa. Los documentos que contenía el libro sobre el «conflicto» anglo-egipcio actuaron como un espejo que reveló a los sudaneses que siempre habían sido un «premio» en una lucha internacional, lo que aumentó su aferramiento a que Sudán fuera propiedad exclusiva de sus hijos.

La declaración desde dentro: una independencia que no espera al referéndum

El libro alcanza su clímax dramático el 19 de diciembre de 1955. Aquí el autor destaca la genialidad de la maniobra política sudanesa; mientras el acuerdo de 1953 estipulaba la celebración de un referéndum popular para la autodeterminación, las fuerzas nacionales se dieron cuenta de que el referéndum podría abrir la puerta a las injerencias extranjeras y al dinero político. Inspirado por el espíritu nacional infundido por el lema «Sudán para los sudaneses», el parlamento sudanés decidió cortar el paso a todas las posibilidades declarando la independencia desde el interior de la cúpula y por unanimidad de todos los bloques políticos.

Este momento no fue un mero procedimiento legal, sino la encarnación del triunfo de la «lucha» política librada por la primera generación. Y el autor concluye su visión subrayando que el izado de la bandera de Sudán independiente el 1 de enero de 1956 no fue el final del camino, sino el comienzo de una gran responsabilidad que recae sobre los hombros de los sudaneses para preservar esta soberanía arrebatada con la paciencia de los años y la sabiduría de los documentos.

Conclusión de la obra: el deber de la edición crítica y la continuidad de las generaciones

Este libro no puede leerse de forma aislada del inmenso esfuerzo realizado por la Dra. Fadwa Abdel Rahman Ali Taha para su edición crítica y su nueva presentación a las nuevas generaciones. Desde la publicación de su primera edición en mayo de 1955 por la Editorial de la Universidad de Jartum, el libro ha seguido siendo la referencia más importante de la historia del movimiento nacional en aquel periodo crítico. Gracias a la segunda edición crítica de 1992, el lector contemporáneo ha podido comprender los complejos contextos que rodearon al Acuerdo de Condominio y los conflictos posteriores.

El libro «Sudán para los sudaneses» sigue siendo un documento vivo que nos recuerda que la independencia no fue una casualidad geográfica, sino el producto de una conciencia intelectual y política que logró transformar la «codicia» extranjera en una fuerza motriz para la libertad. Es un registro del viaje de una nación que se negó a ser subordinada y eligió adentrarse en el «conflicto» para llegar al «salto» y luego a la «lucha» que culminó con la soberanía del Estado sudanés contemporáneo. Es la historia de una patria que forjó su identidad desde el vientre del desafío, y dejó a las generaciones venideras un manifiesto que sigue siendo válido para su lectura y reflexión en cada momento histórico por el que atraviesa el país.

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