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¿Quién Tiene Derecho a Definir China?

Introducción A Las Complejidades Del Concepto

En El Mundo De La Política Y La Historia Contemporánea, Pocos Conceptos Despiertan Tanta Controversia, Ambigüedad Cuestionamientos Como El Concepto De China. En Su Libro Excepcional Y Profundo The Idea Of China: A Contested History, Publicado Por Harvard University Press En Dos Mil Veintiséis, El Distinguido Historiador Xu Guoqi Nos Lleva En Un Viaje Intelectual Sin Precedentes Para Desmontar Y Reconstruir Nuestra Comprensión De Lo Que Realmente Significa Esta Nación. Con Un Estilo Periodístico Ágil Y Fluido, Y Mediante Rigurosas Herramientas De Investigación, El Autor Presenta Una Tesis Central E Intrigante: China No Es Un Hecho Fijo Ni Una Entidad Rígida, Sino Una Idea Flexible, Cambiante Y Profundamente Disputada, Cuyos Significados Y Connotaciones Han Variado A Lo Largo De Diferentes Épocas Y Pueblos. Este Artículo Es La Primera Entrega De Una Revisión Integral Y Una Lectura Detenida De Este Importante Tomo Histórico, En El Que Nos Sumergiremos En Las Problemáticas De La Denominación, Las Raíces De La Identidad Y Las Fluctuaciones Históricas Que Configuraron Lo Que Hoy Conocemos Como China.

Xu Guoqi Comienza Su Libro Con Una Profunda Reflexión Personal Que Se Remonta A Su Infancia En Una Aldea Pobre E Aislada De La Provincia De Anhui Durante La Década De Mil Novecientos Setenta, Donde Los Maestros Inculcaban En Las Mentes De Los Alumnos Una Idea Nueva Y Compleja Sobre La Nación: La China Socialista Es Grande, Y Solo El Partido Comunista Es Capaz De Salvarla. Esta Narrativa, En La Que La Imagen Del Partido Se Fusionó Con La De La Patria, Continúa Hasta El Día De Hoy, Dado Que El Partido Comunista De China Adopta Una Postura Que Recuerda La Famosa Frase De Luis Catorce «El Estado Soy Yo». En La China Contemporánea, Se Recuerda Constantemente A Los Ciudadanos Que Amar A La Nación Significa Necesariamente Amar Al Partido, Y La República Popular China Insiste Fieramente En Los Foros Internacionales En El Principio De Una Sola China, Exigiendo Al Mundo Y Al Público Interno Que Se Sometan A Esta Visión Monolítica.

El Autor Se Pregunta Con Brillantez: ¿Por Qué Los Estados Unidos De América No Sienten La Necesidad De Decirle Al Mundo Que Solo Hay Una América Y Que Guam Es Parte De Ella? ¿Por Qué El Reino Unido No Tiene Que Declarar Que Escocia E Irlanda Del Norte Le Pertenecen? ¿Y Por Qué Canadá No Se Vió, Hasta Hace Poco, Obligada A Enfatizar Que Quebec Es Parte Integrante De Su Territorio? Esta Obsesión China Por Afirmar La Identidad Y Unificar La Denominación Refleja Una Crisis Fundamental Y Continua Sobre Cómo Definir A China Hoy En Día, Tanto En El Interior Como En El Extranjero.

El Libro No Plantea La Pregunta «¿Qué Es China?», Sino Que Se Dirige Hacia Una Pregunta Mucho Más Profunda Y Compleja: «¿Qué Quieren Decir Los Chinos Y Los Extranjeros Por Igual Cuando Hablan De China?». La Primera Pregunta Presupone La Existencia De Una Realidad Fija Y Estable, Mientras Que La Segunda Pregunta Reconoce Que China Es Una Idea Que Lleva Significados Divergentes Para Diferentes Personas. Para Responder A Esta Pregunta, Debemos Explorar Cómo China Se Convirtió En China Y Cómo Los Chinos Se Convirtieron En Chinos, Un Viaje Que Requiere Sumergirse En Las Profundidades De La Historia, Lejos De Las Narrativas Oficiales Impuestas Por Las Autoridades Sucesivas.

En El Contexto De Unas Relaciones Internacionales Volátiles, El Escritor Señala Que Las Relaciones Entre La República Popular China Y Los Estados Unidos De América Desde Mil Novecientos Ochenta Y Nueve Han Experimentado Situaciones De Colisión, Retroceso Y Acercamiento. Desde El Bombardeo De La Embajada China En Belgrado En Mil Novecientos Noventa Y Nueve, Pasando Por El Apoyo Chino A Estados Unidos Tras Los Ataques Del Once De Septiembre, Hasta Los Juegos Olímpicos De Pekín En Dos Mil Ocho, Que Parecían Señalar Un Ascenso Pacífico De China. Sin Embargo, Cuando El Presidente Xi Jinping Lanzó La Iniciativa De La Franja Y La Ruta En Dos Mil Trece, Las Relaciones Entraron En Una Fase De Estancamiento, Para Estallar Posteriormente En Dos Mil Dieciocho Bajo Donald Trump En Una Guerra Comercial Sin Precedentes. Estos Conflictos No Fueron Meras Disputas Comerciales, Sino Que Se Extendieron Para Abarcar Choques Ideológicos, Competencia Estratégica Y Disputas Sobre La Identidad Nacional Y Las Diferencias Civilizatorias Que Rodean La Idea De China.

El Autor Cita Un Artículo Del Periodista Thomas Friedman, Quien Advirtió Que El Enfoque Excesivo De Estados Unidos En Comprender Quiénes Son Los Chinos Y En Qué Están Intentando Convertirse Ha Hecho Que Los Estadounidenses Olviden Su Propia Identidad Y Cómo Llegaron A Donde Están, Considerando Que La Ausencia De Auto-Reflexión Representa Un Peligro Real. Esta Advertencia Se Aplica Con Mayor Fuerza Al Régimen Chino, Que Promueve La Idea De Una China Fuerte E Indomable Que Lidera Una Gloria Ascendente Para El Este Frente A Un Occidente En Decadencia, A Pesar De Que Muchas Elites Chinas Han Comenzado A Cuestionar La Precisión De Esta Visión A La Luz De Los Desafíos Económicos, Políticos Y Tecnológicos Que Enfrenta El País.

La Problemática De Los Nombres: Del Reino Del Centro A China

El Autor Dedica La Primera Parte De Su Libro A Discutir La Problemática De Los Nombres, Un Asunto Cuyas Raíces Se Remontan Al Filósofo Confucio, Quien Declaró En El Siglo Quinto Antes De Cristo Que Si El Nombre No Es Correcto O Adecuado, Nada Puede Ser Explicado O Aclarado De Manera Apagada. Durante La Mayor Parte De Los Períodos Del Imperio Chino, No Existió Un Solo Nombre Oficial Para Lo Que Hoy Llamamos China; Más Bien, Cada Dinastía Gobernante Otorgaba Su Propio Nombre Al País. La Idea De China Estaba Vinculada Principalmente A La Cultura Compartida, Los Rituales, Las Costumbres, Las Tradiciones Y Los Valores Morales Que Podían Ser Inventados O Alterados Con El Paso Del Tiempo.

El Libro Examina Cómo Cada Nueva Dinastía Gobernante Llegaba Al Poder Declarando A Su Predecesora Corrupta E Indigna De Portar Los Verdaderos Valores Morales Chinos. Por Ejemplo, Hace Tres Mil Años, Los Fundadores De La Dinastía Zhou Justificaron El Derrocamiento De La Dinastía Shang Acusando A Sus Gobernantes De Embriaguez Y De No Escuchar La Voz Del Pueblo Ni El Mandato Del Cielo. Este Concepto, El Mandato Del Cielo, Constituyó El Pilar Fundamental De La Legitimidad Política; Nadie Tenía Un Derecho Absoluto A Gobernar, Sino Que Tenía Que Ganar Y Mantener Ese Derecho A Través De La Virtud. La Dinastía Han Utilizó La Filosofía Moral Confuciana Para Legitimar Su Mandato, Y Esta Filosofía Se Convirtió En La Ideología Oficial Que Mantuvo La Cohesión Del Imperio.

Sorprendentemente, La Ausencia De Un Nombre Unificado Para China Fue Una Fuente De Vergüenza Y Frustración Para Las Elites Chinas A Finales De La Dinastía Qing. El Diplomático Y Poeta Huang Zunxian Notó A Finales Del Siglo Diecinueve Que Los Países Del Mundo Como Inglaterra Y Francia Tenían Nombres Que Abarcaban A Todo El Estado, Mientras Que China Carecía De Uno. Atribuyó Esto Al Hecho De Que China Durante Mucho Tiempo Estuvo Centrada En Sí Misma Y Se Consideraba El Único Estado Civilizado Rodeado De Vecinos Bárbaros. Por Su Parte, El Prominente Pensador Liang Qichao Expresó Una Amarga Vergüenza De Que Cientos De Millones De Seres Humanos Hubieran Mantenido Este Estado Durante Miles De Años Sin Tener Un Nombre Específico Para Él. Liang Se Preguntaba Si La China De La Antigüedad Era Un Estado O Simplemente La Corte De Una Dinastía Gobernante, Argumentando Que Los Nombres Dinásticos Convertían Al País En Propiedad Privada De Una Sola Familia, Mientras Que La Tierra Debía Ser Propiedad Común Del Pueblo.

El Escritor También Señala Las Paradojas Históricas Asociadas A La Denominación De China. En El Siglo Dieciséis, Un Comerciante Y Militar Portugués Llamado Galeote Pereira Se Sorprendió Al Descubrir Que Los Chinos No Sabían Que Se Les Llamaba Chinos. Cuando Les Preguntó Sobre El Nombre De Su País, Le Dijeron Que No Tenían Tal Nombre, Y Que Usaban El Nombre De La Dinastía Gobernante, Que En Ese Momento Era La Gran Dinastía Ming. Por Otro Lado, El Término China Entró En Las Lenguas Occidentales A Través De Rutas Sinuosas, Comenzando Por La Influencia De Marco Polo, Quien La Llamó Catay, Hasta Las Traducciones Derivadas De La Palabra India Sina, Utilizada Para Describir Las Entidades Chinas.

El Nombre Zhongguo, Que Hoy Traducimos Como China, No Se Convirtió En El Nombre Oficial Del Estado Hasta Mil Novecientos Doce Con La Fundació De La República De China. Sin Embargo, Incluso Este Término Presenta Numerosas Problemáticas; Se Refiere Literalmente Al Reino Del Centro O Al Estado Central, Y Se Utilizaba En La Antigüedad Para Referirse A Las Llanuras Centrales O A La Corte Imperial, Y No Como Designación De Un Estado-Nación Con Fronteras Claras Y Definidas En El Sentido Moderno. Los Historiadores Señalan Que Fue La Dinastía Manchú Qing La Que Inventó Un Nuevo Significado Para China Para Justificar Su Reclamo Legal De Gobernar Un Imperio Multiétnico, Equiparando El Mundo Qing Con China. Esta Fusión Entre Los Términos Zhongguo Y El Gran Estado Qing Ayudó A Moldear Una Identidad Nacional China Moderna, A Pesar De Que Muchos Nacionalistas Chinos Posteriores Vieron En La Dinastía Qing Una Ocupación Extranjera.

La Problemática De Los Nombres Se Extiende Para Incluir Un Término Japonés Utilizado Para Referirse A China, A Saber, Shina. Xu Guoqi Explica Que Este Término No Fue Una Invención Japonesa, Sino La Pronunciación Japonesa De La Palabra Que Se Originó En La India. Inicialmente, Los Propios Chinos Usaban Este Término Para Referirse A Su País Sin Ninguna Connotación Negativa; El Emperador Xuanzong De La Dinastía Tang Incluso Lo Usó En Su Poesía. Pensadores Chinos De Finales Del Siglo Diecinueve Y Principios Del Siglo Veinte, Como Liang Qichao Y Sun Yat-sen, Utilizaron El Término Shina De Manera Habitual. Pero Tras La Derrota De China Ante Japón En Mil Ochocientos Noventa Y Cinco, Y Con El Creciente Invasión Y Dominio Japonés, Este Término Adquirió Un Carácter Despectivo, Convirtiéndose En Un Medio Para Que Los Japoneses Insultaran A Los Chinos Y Menospreciaran A Su País. Para La Década De Mil Novecientos Treinta, El Gobierno Chino Exigió Oficialmente A Japón Que Dejara De Usar Esta Palabra Y La Reemplazara Por República De China. Tras La Segunda Guerra Mundial, El Japón Derrotado Se Vió Obligado A Volver Al Uso Del Término Chūgoku (El Reino Del Centro).

El Conflicto De Identidad: Cuando Otros Reclaman Ser La Verdadera China

La Cuestión De Definir La Identidad China Adquiere Una Complejidad Adicional Cuando Nos Damos Cuenta De Que Otros Países Vecinos Reclamaron, En Determinados Períodos Históricos, Representar La Auténtica Cultura China Más Que La Propia China. Los Coreanos, Por Ejemplo, Creían Que Eran Los Verdaderos Herederos De La Cultura Y Civilización Chinas Tras La Toma Del Poder Por Parte De Los Manchúes Y La Fundación De La Dinastía Qing. Las Elites Confucianas Coreanas Consideraban Que La Dinastía Qing Era Meramente Un Estado Bárbaro, Y Que La Esencia De La Idea De China Se Había Trasladado A Ellos. Esta Creencia Llevó A La Corte Coreana A Continuar Usando El Calendario De La Dinastía Ming Y A Vestir Los Atavíos Oficiales De Esa Dinastía Durante Mucho Tiempo, E Incluso Levantaron Santuarios Que Glorificaban A Los Emperadores Ming. De Manera Similar, Algunos Pensadores Japoneses Afirmaron Que Japón Había Heredado Los Valores Fundamentales Del Confucianismo, Especialmente En Un Momento En Que Estos Valores Estaban Siendo Objeto De Fieros Ataques Y Críticas En La Propia China. Creían Que La Verdadera China Basada En La Cultura Tradicional Fue Destruida Cuando Los Mongoles Tomaron El Control De Ella, Y Que Japón Había Asumido El Deber De Preservar Los Auténticos Valores Civilizatorios Chinos.

La Crisis De La Idea De China Se Manifiesta Con Fuerza En La Estruendosa Contradicción En La Que Vive La República Popular China Hoy En Día. Se Llama A Sí Misma La Nueva China, Pero Su Territorio Se Basa En Realidad En Las Fronteras Del Imperio Multiétnico Qing, Y Para Reforzar Su Legitimidad, El Gobierno Ha Intentado Recientemente Envolver Se En El Manto De Los Valores Tradicionales Y El Patrimonio Confuciano Que Alguna Vez Intentó Arrancar De Raíz Durante La Revolución Cultural En La Era De Mao Zedong. Al Mismo Tiempo, Los Habitantes De Taiwán, Muchos De Los Cuales Prefieren La Autonomía De Su Identidad, Llevan El Nombre Oficial De República De China, Un Régimen Que Goza De Una Historia Más Larga Que La De La República Popular China Como China Oficial. Esta Contradicción Nos Hace Preguntarnos Con Razón: ¿Quién Tiene La Autoridad Para Definir China? ¿Y Quién Tiene El Derecho De Decidir Quién Es Chino Y Quién No Lo Es?

La Crisis Del Idioma Y Las Guerras De Los Caracteres

Junto A Los Nombres Y Las Identidades Regionales, El Idioma Sigue Siendo Uno De Los Desafíos Más Destacados Que Han Enfrentado Y Enfrentan A La Idea De La Identidad China. El Autor Señala Que El Idioma Chino Se Expandió Enormemente A Finales Del Siglo Diecinueve Y Principios Del Siglo Veinte Con La Importación De Términos Que Expresaban Conceptos Modernos De Occidente A Través De Japón. Palabras Como Revolución, Sociedad, Constitución, Entre Otras, Fueron El Fruto De Estas Interacciones Culturales Y Lingüísticas. En Medio Del Movimiento Por La Nueva Cultura En La Segunda Década Del Siglo Veinte, Los Intelectuales Exigieron Abandonar El Chino Clásico Y Usar El Lenguaje Vernáculo Cotidiano Para Modernizar El País. Incluso Algunos Radicales Como Qian Xuantong Y Chen Duxiu Llegaron A Exigir La Abolición Completa De Los Caracteres Chinos Y Su Reemplazo Por Un Sistema Alfabético, Considerando Que El Idioma Tradicional Representaba Un Obstáculo Para El Progreso Y Reflejaba Un Pensamiento Infantil Y No Civilizado. En La Década De Mil Novecientos Cincuenta, La República Popular China Simplificó Los Caracteres Chinos Con El Argumento De Facilitar El Aprendizaje, Lo Que Provocó El Corte De La Conexión Directa Entre Las Nuevas Generaciones Y El Antiguo Patrimonio Cultural Registrado En Los Caracteres Tradicionales Que Aún Se Utilizan En Taiwán Y Hong Kong.

El Autor Vuelve A Enfatizar Que Comprender A China Requiere Sumergirse En Su Pasado De Manera Metódica Y Explícita. La Construcción De Una Nación, Como Observó El Historiador Francés Ernest Renan, Requiere Mucho Olvido E Incluso Errores Históricos, Lo Que Convierte A La Investigación Histórica Profunda En Un Enemigo Potencial De Las Narrativas Nacionales Simplificadas. El Partido Comunista De China Ha Realizado Esfuerzos Enormes Para Reescribir La Historia Al Servicio Del Presente, Eliminando Eventos Cruciales Como La Gran Hambruna Y El Incidente De La Plaza De Tiananmen, En Un Intento De Crear Una Versión Armoniosa Y Monolítica De La Idea De China. Sin Embargo, La Historia Compartida, Que Estudia Las Interacciones Culturales, Diplomáticas Y Políticas Entre Los Chinos Y Los Demás A Lo Largo De Las Épocas, Es La Única Herramienta Capaz De Disipar Esta Niebla Y Revelar La Rica Y Compleja Pluralidad De Lo Que Realmente Significa Ser Chino.

La Problemática De La Constitución Y Los Intentos De Restringir El Poder Absoluto

El Historiador Xu Guoqi Pasa En Esta Fase De Su Desmontaje Del Concepto De China A Abordar Una De Las Problemáticas Más Complejas Que Ha Enfrentado El Estado Chino Moderno: La Cuestión De La Constitución Y La Transición Del Modelo Imperial Autocrático Al Modelo De Un Estado-Nación Con Un Marco Constitucional. Históricamente, China No Conoció El Concepto De Constitución En El Sentido Moderno Occidental Que Impone Restricciones Legales Estrictas Al Gobernante Y Garantiza Derechos Fundamentales A Los Gobernados. En Su Lugar, La Legitimidad Se Derivaba Del «Mandato Del Cielo» Y De La Adhesión A Los Rituales Y Virtudes Confucianas. Pero Con Las Sucesivas Derrotas Militares Ante Las Potencias Occidentales Y Japón En El Siglo Diecinueve, Las Elites Chinas Se Dieron Cuenta De Que El Secreto Del Poder De Occidente No Radicaba Solo En La Tecnología Militar, Sino En La Organización Política E Institucional Que Proporciona Una Constitución.

Así Comenzaron Los Primeros Intentos Infructuosos De Redactar Una Constitución China A Finales De La Dinastía Qing, En Un Intento Desesperado Por Salvar Al Tambaleante Imperio De La Decadencia. Sin Embargo, Estos Intentos Fueron Formales En Su Esencia, Ya Que Tenían Como Objetivo Consolidar El Poder De La Familia Real En Lugar De Empoderar Al Pueblo. Con La Caída Del Imperio Y La Fundación De La República De China En Mil Novecientos Doce, China Entró En Un Caos Constitucional Absoluto. Se Sucedieron Las Constituciones Y Los Borradores Constitucionales, Pero Siguieron Siendo Papel Mojado Bajo El Dominio De Los Señores De La Guerra Y Los Continuos Conflictos Militares. El Autor Considera Que El Problema No Era La Ausencia De Textos, Sino La Ausencia De Una Cultura Constitucional Que Convirtiera A La Ley En Una Autoridad Suprema Por Encima De La Autoridad De Los Individuos Y Los Partidos.

Esta Crisis Constitucional No Termino Con La Victoria Del Partido Comunista Y La Fundación De La República Popular China En Mil Novecientos Cuarenta Y Nueve. Aunque La China Contemporánea Posee Una Constitución Escrita, La Práctica Política Real Coloca Al Partido Comunista Por Encima De La Constitución Y Por Encima Del Estado. En Este Contexto, El Libro Analiza Las Recurrentes Enmiendas Constitucionales Que Reflejan Los Cambios En El Equilibrio De Poder Dentro Del Partido Más Que Una Evolución En Los Derechos Civiles Y Políticos. Tal Vez La Enmienda Constitucional Que Abolió Recientemente Los Límites A Los Mandatos Presidenciales Sea El Ejemplo Más Prominente Citado Por El Autor Para Demostrar Que La Idea De China Políticamente Sigue Girando En La Órbita Del Poder Absoluto Que Rechaza Las Limitaciones Institucionales, Convirtiendo A La Constitución En Una Herramienta Moldeable En Manos De La Cúpula Política Para Sostener Su Propia Visión Y Asegurar Su Continuidad, En Lugar De Ser Un Contrato Social Estable Entre Gobernante Y Gobernados.

El Dilema Del Confucianismo: De La Prohibición Radical Al Uso Político

Si La Constitución Representa El Desafío Político Y Organizativo Para La Idea De China, El Confucianismo Representa Su Desafío Espiritual E Ideológico Más Profundo. Xu Guoqi Se Sumerge En La Turbulenta Historia De La Relación Del Estado Chino Moderno Con El Confucianismo, Explicando Cómo Esta Filosofía Pasó De Ser La Columna Vertebral Del Imperio Al Enemigo Número Uno De La Modernidad, Y Luego A Una Herramienta De Poder Blando En El Siglo Veintiuno. Durante Miles De Años, Las Enseñanzas Confucianas Constituyeron La Base Sobre La Que Se Levantó La Burocracia China, Y Regularon Las Relaciones Sociales Y Políticas Basándose En Conceptos De Obediencia Y Armonía Jerárquica. Sin Embargo, A Principios Del Siglo Veinte, Especialmente Durante El Movimiento Del Cuatro De Mayo De Mil Novecientos Diecinueve, Los Intelectuales Reformistas Y Radicales Lanzaron Un Feroz Ataque Contra El Confucianismo, Haciéndolo Responsable Del Atraso Y La Debilidad Que Sufría China.

Esta Hostilidad Alcanzó Su Punto Máximo Durante La Revolución Cultural En La Era De Mao Zedong, Donde Se Lanzaron Fieras Campañas Para Destruir Lo «Viejo», Destruyendo Templos Confucianos, Humillando Intelectuales Y Quemando Libros Tradicionales. La Idea De La Nueva China En Esa Época Requería Una Ruptura Total Con El Pasado Y La Borradura Completa De Cualquier Referente Ideológico Que Compitiera Con El Marxismo-Leninismo Y El Pensamiento De Mao Zedong. Sin Embargo, Este Vacío Espiritual Y Moral Que Dejó La Revolución Cultural, Y La Posterior Apertura Económica Capitalista Arrolladora, Crearon Una Aguda Crisis De Identidad En La Sociedad China.

Aquí, El Autor Observa Con Brillantez La Sorprendente Transformación Pragmática Liderada Por La Cúpula China En Las Últimas Décadas. El Confucianismo Ha Sido Convocado De Nuevo Y Rehabilitado, No Como Una Religión O Filosofía Que Restringe El Poder, Sino Como Un Patrimonio Nacional Que Refuerza El Orgullo Nacional Y Apoya La Estabilidad Social. El Gobierno Comenzó A Promover Los Valores Confucianos Como La «Sociedad Armoniosa» Para Justificar El Autoritarismo Político Y Rechazar La Democracia Occidental Por Considerarla Incompatible Con Las «Características Chinas». Este Uso Se Extendió A La Política Exterior Mediante La Creación De Cientos De «Institutos Confucio» En Todo El Mundo, Destinados A Difundir El Idioma Y La Cultura Chinas Y A Mejorar La Imagen Del País A Nivel Internacional. Esta Estruendosa Contradicción Entre La Destrucción Del Confucianismo Ayer Y Su Santificación Hoy Refleja Con Claridad Cómo La «Idea De China» Se Adapta Y Se Reorganiza Constantemente Para Ajustarse A Las Necesidades Políticas Momentáneas De La Clase Gobernante.

La Conformación De La Identidad Nacional: ¿Una Sola Nación China O Múltiples Etnias?

El Libro Aborda Posteriormente El Dilema De La Identidad Étnica Y Nacional, Una Problemática Que Sigue Proyectando Su Pesada Sombra Sobre La Política Interna De China Hasta El Día De Hoy. Históricamente, El Imperio Chino, Especialmente Durante La Dinastía Manchú Qing, Fue Una Entidad Cosmopolita Que Acogía A Pueblos Y Culturas Diversas, Como Los Han, Los Manchúes, Los Mongoles, Los Tibetanos Y Los Uigures, Y La Idea De Identidad No Estaba Basada En La Etnia Sino En La Subordinación Al Emperador Y La Integración En El Sistema Cultural Del Reino Del Centro. Sin Embargo, Con El Colapso Del Imperio Y El Ascenso Del Nacionalismo Moderno, Las Elites Chinas Enfrentaron Un Desafío Existencial: ¿Cómo Transformar Este Imperio Vasto Y Multiétnico En Un Estado-Nación Moderno Y Cohesionado?

El Autor Explica Cómo El Pensador Liang Qichao Formuló A Principios Del Siglo Veinte El Concepto De «Zhonghua Minzu» (La Nación China), Una Genial Innovación Lingüística Y Política Destinada A Fundir A Todos Los Grupos Étnicos Existentes Dentro De Las Fronteras Del Antiguo Imperio Qing En Una Sola Identidad Nacional. Aunque Este Concepto Fue Adoptado Oficialmente, La Aplicación Práctica Estuvo Y Sigue Estando Llena De Contradicciones Y Tensiones. Por Un Lado, El Estado Reconoce Oficialmente La Existencia De Cincuenta Y Seis Etnias Y Otorga A Algunas Regiones Una Autonomía Nominal; Por Otro Lado, La Abrumadora Mayoría De La Etnia «Han» Ejerce Un Dominio Absoluto Sobre Las Riendas Del Poder, La Economía Y La Cultura.

El Autor Analiza Cómo La Idea De China Se Somete A Una Prueba Real En Regiones Como El Tíbet, Xinjiang Y Mongolia Interior, Donde La Narrativa Nacional Oficial Que Promueve La Armonía Y La Integración Choca Con Los Deseos De Las Comunidades Locales De Preservar Sus Identidades Lingüísticas, Religiosas Y Culturales Distintivas. Las Políticas De Asentamiento, La Educación Obligatoria En Mandarín Y El Estricto Control De Seguridad En Estas Regiones No Solo Reflejan Preocupaciones De Seguridad, Sino Que Encarnan Un Deseo Desesperado Por Parte Del Centro De Unificar Por La Fuerza La «Idea De China» Y Borrar Cualquier Narrativa Alternativa Que Pueda Desafiar La Visión Monolítica De Una Nación China Homogénea.

La Extensión Transnacional: Los Chinos En El Ultramar Y Las Complejidades De La Lealtad

El Análisis De Xu Guoqi No Se Limita A Las Fronteras Geográficas De China, Sino Que Se Extiende Para Abarcar La Idea De China Fuera De Sus Fronteras, A Través De Destacar El Fenómeno De Los «Huaqiao» O Chinos En El Extranjero. Durante Siglos, Millones De Chinos Dejaron Su País Y Se Establecieron En El Sureste Asiático, Las Américas Y Europa. En Las Antiguas Épocas Imperiales, Estos Inmigrantes Eran Vistos Como Traidores Que Habían Abandonado La Tierra De Sus Antepasados, Pero Con La Fundación De La República, Sun Yat-sen Reconoció Su Importancia Vital Y Los Nombró «La Madre De La Revolución», Dado El Enorme Apoyo Financiero Y Político Que Brindaron A Los Movimientos Revolucionarios.

Con La Fundación De La República Popular China, La Cuestión De Los Emigrantes Se Volvió Más Compleja. En La Era De La Guerra Fría, Eran Vistos En Los Países Receptores Como Una Posible Quinta Columna Leal A Pekín, Lo Que Los Expuso A La Persecución En Varios Países. En Respuesta A Esto, Pekín Abandonó En La Década De Mil Novecientos Cincuenta El Principio Del «Jus Sanguinis» Para Conceder La Ciudadanía, Y Alentó A Los Emigrantes A Integrarse En Sus Nuevas Sociedades. Sin Embargo, El Ascenso De China Como Una Gran Potencia Económica Ha Reconfigurado Por Completo Esta Dinámica. Hoy En Día, El Estado Chino Busca Activamente Atraer Talentos Y Capitales De La Diáspora China, Promoviendo La Idea De Que La Pertenencia A La Nación China Trasciende El Pasaporte Para Convertirse En Una Pertenencia Cultural Y Espiritual Inseparable. Esta Política Genera Hoy Nuevas Tensiones Geopolíticas, Ya Que Se Materializan Los Temores De Algunos Países De Que Pekín Utilice Esta Pertenencia Cultural Como Un Arma Para Lograr Ganancias Estratégicas Y Políticas Fuera De Sus Fronteras, Convirtiendo A La Idea De China En Un Fenómeno Transnacional Y En Un Desafío Directo A Los Conceptos Tradicionales De Soberanía Nacional.

Entre El Sistema Imperial Y Westfalia: Choque De Visiones En El Sistema Internacional

Al Final De Esta Parte Del Análisis, El Autor Vincula Las Problemáticas Internas De China Con Su Visión Del Sistema Internacional. Durante Largos Períodos, China No Se Vió A Sí Misma Como Un Estado Entre Estados, Sino Como El Centro De La Civilización Y «Todo Bajo El Cielo» (Tianxia). Este Sistema Imperial Universal Se Basaba En El Sistema De Tributo, Donde Los Países Vecinos Reconocían La Superioridad Moral Y Cultural Del Emperador Chino A Cambio De Protección Y Relaciones Comerciales, Y No Reconocía El Concepto De Soberanía Igualitaria Establecido Por El Tratado De Westfalia En Europa.

La Entrada Forzada De China En El Sistema Internacional Westfaliano En El Siglo Diecinueve A Través De Las Cañoneras Occidentales Representó Un Gran Choque Civilizatorio. A Lo Largo Del Siglo Veinte, China Intentó Adaptarse A Este Sistema, A Veces Rechazándolo Y Rebelándose Contra Él Como En La Era De Mao, Y A Veces Integrándose En Él Y Aprovechando Sus Instituciones Como En La Era De La Apertura. Sin Embargo, Con El Crecimiento De Su Poder Integral Hoy En Día, El Autor Señala Que China Ha Comenzado A Convocar Sus Antiguos Conceptos Tradicionales Sobre Su Centralidad En El Mundo. Las Grandes Iniciativas Y Las Ambiciones De Reconfigurar Las Cadenas De Suministro Y La Estructura Global No Solo Expresan Intereses Económicos, Sino Que Llevan En Su Interior Un Deseo Implícito De Recomponer Las Reglas Del Sistema Internacional Para Que Se Adapten A La «Idea De China» Como Una Potencia Civilizatoria Dominante, Y No Como Un Mero Actor Tradicional En El Sistema Internacional.

La Contradicción Interna: La Dualidad Estado Y Sociedad En La Era Digital

El Análisis Se Dirige En Esta Fase Hacia El Desmontaje De Las Profundas Contradicciones Internas Que Afectan Los Esfuerzos Por Unificar Y Empaquetar La «Idea De China» En La Era Moderna. Mientras Que La Elite Gobernante Insiste En Imponer Una Narrativa Monolítica Y Rígida Que Equipara De Manera Categórica A La Nación, El Estado Y El Partido, La Sociedad China, Como Resultado De Décadas De Apertura Económica, Experimenta Dinámicas E Interacciones Aceleradas Caracterizadas Por Una Extrema Diversidad Y Complejidad. Esta Profunda Brecha Entre La Visión Oficial Rígida Y La Realidad Social En Movimiento Genera Un Estado De Tensión Continua Que Amenaza La Estabilidad Interna. Para Enfrentar Estos Desafíos, La Autoridad Central Recurre Al Uso De Tecnología Avanzada Y Herramientas De Control Digital Integral, No Solo Para Mantener La Seguridad Física Tradicional, Sino Para Imponer Un Estricto Control Sobre Las Narrativas Culturales, La Memoria Histórica Y Los Canales De Expresión, En Un Intento Por Monopolizar El Derecho A Definir La Identidad Nacional. Este Enfoque Tecno-Autoritario Contradice Fundamentalmente La Naturaleza Histórica Flexible Del Concepto De China, Que A Lo Largo De Las Épocas Se Ha Expandido Para Dar Cabida A Múltiples Culturas Y Visiones, Lo Que Plantea Serias Preguntas Teóricas Y Prácticas Sobre La Sostenibilidad De Este Modelo Centralizado Y Estricto En Una Sociedad Globalizada E Inseparablemente Entrelazada Con El Mundo Exterior.

El Dilema Del Poder Blando Y La Rigidez Del Modelo Ideológico

Estas Contradicciones Internas Se Reflejan De Manera Directa Y Dura En La Capacidad De China Para Ejercer Lo Que En Relaciones Internacionales Se Conoce Como Atractivo Ideológico O Poder Blando. A Pesar De Poseer Grandes Capacidades Materiales Y Económicas Capaces De Generar Enormes Transformaciones Geopolíticas Y Modificar Los Mapas Del Comercio Mundial, Pekín Enfrenta Una Gran Dificultad Para Moldear Un Atractivo Cultural O Político Global Capaz De Competir De Manera Sostenible Con El Modelo Occidental. La Insistencia De China En Presentar Su Modelo Como Un Caso Pura Y Exclusivamente Excepcional Con «Características Chinas» Cerradas, Dificulta Su Capacidad Para Plantear Un Mensaje Universal Transnacional Que Atraiga A Los Pueblos Más Allá Del Círculo De Los Puros Intereses De Inversión. Mientras Que Los Antiguos Imperios Chinos Lograron Integrar A Los Pueblos Vecinos Y Expandir Su Influencia A Través Del Atractivo De Los Valores Confucianos Centrales Y Los Logros Civilizatorios, La China Contemporánea Se Encuentra Prisionera De Un Discurso Nacionalista Estrecho, Que Tiende A Exagerar El Victimismo Histórico Y A Dirigir Sus Mensajes Principalmente Al Interior Con El Fin De Reforzar La Legitimidad. Esta Rigidez Limita La Efectividad De Sus Herramientas Diplomáticas, Haciendo Que Sus Relaciones Con Las Potencias Internacionales Y Regionales Se Reduzcan En Su Mayoría Al Lenguaje Del Intercambio Comercial Y Los Beneficios Inmediatos, Sin Llegar Al Nivel De Las Alianzas Orgánicas Basadas En Valores.

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