Anatomía De La Mente Religiosa: ¿Es La Fe Solo Una Imaginación Colectiva?

Una Introducción a la Anatomía de la Mente Religiosa y el Descifrado del «Credo»
En un mundo donde las creencias se entrelazan y las ideas chocan sobre la naturaleza y la esencia de la religión, el libro «La Religión como Juego de Suposiciones: Una Teoría de la Creencia, la Imaginación y la Identidad de Grupo» (Religion as Make-Believe: A Theory of Belief, Imagination, and Group Identity) del escritor y filósofo Neil Van Leeuwen, publicado por Harvard University Press en el año 2023, surge para representar un salto cualitativo en nuestra comprensión de los mecanismos psicológicos y cognitivos que se encuentran detrás de la fe religiosa. Este libro no es un mero análisis crítico tradicional ni un recorrido histórico de las religiones, sino que es una inmersión profunda y rigurosa en la estructura de la mente humana y en cómo esta procesa lo que llamamos «creencia».
Neil Van Leeuwen comienza su libro desafiando una suposición común y profundamente arraigada en nuestra conciencia colectiva: la suposición de que las creencias religiosas no difieren en su esencia de las creencias fácticas o de los hechos cotidianos. Tendemos habitualmente a creer que la fe de una persona en la existencia de un Dios, o de entidades sobrenaturales que responden a las oraciones, es un proceso mental totalmente similar a su creencia de que el mes de mayo precede al mes de junio, o de que el agua hierve a cien grados Celsius. Van Leeuwen asesta un golpe mortal a esta suposición, presentando su tesis central que se basa en la idea de que estos dos tipos de creencia difieren de manera fundamental y asombrosa. Nuestros cerebros, según argumenta el autor basándose en evidencias empíricas y psicológicas, no procesan las creencias religiosas de la misma manera en que procesan las creencias relacionadas con la realidad terrenal tangible. En su lugar, las creencias religiosas funcionan mediante un mecanismo que se asemeja enormemente a las «imaginaciones» que guían los juegos de «simulación» o «fantasía» (make-believe).
Para simplificar esta idea compleja, Van Leeuwen denomina a la creencia religiosa bajo el término «Credo Religioso» o «Convicción Religiosa» (Religious Credence), para distinguirla de la «Creencia Fáctica» (Factual Belief). Argumenta que este credo religioso se comprende mejor como una forma de imaginación que las personas utilizan para definir la identidad de su grupo y expresar los valores que consideran sagrados. No es un intento de describir la realidad física tal como es, sino una herramienta psicológica y social para vincular a los individuos entre sí dentro de un marco de símbolos y significados compartidos.
Uno de los métodos más destacados y amables que utilizó el autor para transmitir su idea es «La Parábola del Patio de Recreo» (The Parable of the Playground), una historia alegórica extensa y detallada con la que abre su libro para que sirva como la base sobre la cual construirá todas sus teorías posteriores. Van Leeuwen imagina a un grupo de niños que se reúnen todos los días durante el descanso del mediodía en un lugar sombreado bajo una gran estructura de juego de madera en el patio de la escuela, para jugar con muñecos de plástico que representan personajes ficticios. Este grupo es cerrado y exclusivo; los niños se sienten afortunados de ser parte de él y no permiten que los extraños se unan a menos que traigan el muñeco adecuado, e incluso ahuyentan a los demás.
Estos muñecos no son simples juguetes ordinarios; los niños les han otorgado nombres, atributos y poderes sobrenaturales. Está «Zalla», el más fuerte de todos, capaz de invocar rayos del cielo y electrocutar a sus enemigos. Está su esposa «Hirgin», quien posee una capacidad sobrenatural para leer y escuchar los pensamientos de las personas. Y están también los hermanos «Aeter» y «Aul», quienes vuelan y llevan espadas; la espada de Aeter es fría como el hielo, mientras que la espada de Aul está encendida en fuego, además del personaje del «Fantasma» (Ghost), el mensajero rápido. Con el paso del tiempo, los niños construyen castillos de arena para estos personajes, y el castillo de Zalla se convierte en el más grande e importante, y las líneas de la historia se desarrollan para incluir ritos, guerras contra los villanos y castigos para los infractores.
Esta parábola no es una simple historia infantil, sino un análisis anatómico preciso de lo que el autor llama la «Estructura Cognitiva de Dos Mapas» (Two-map cognitive structure). Cuando estos niños juegan, sus mentes no sufren de confusión o ilusión; se desplazan con destreza entre dos mapas mentales totalmente separados. El primer mapa representa la realidad terrenal material: saben que los muñecos están hechos de plástico y no pueden hablar ni moverse por sí mismos, saben que los castillos están hechos de arena mojada y saben cuándo termina el recreo para volver a sus aulas. En cuanto al segundo mapa, es el que impone el mundo de la fantasía sobre el primer mapa: en este mapa, los muñecos son seres sobrenaturales, la arena es oro y mármol, y los sonidos que emiten son las voces de estas grandes entidades.
Van Leeuwen sostiene que estos dos niveles funcionan juntos de manera simultánea. El niño que representa el papel de «Zalla» debe saber por virtud del primer mapa que el muñeco es silencioso e inerte para poder moverlo y emitir la voz en su nombre, pero al mismo tiempo debe imaginar por virtud del segundo mapa que «Zalla» es una entidad poderosa que habla y se mueve. Esta duplicidad cognitiva es la base del juego de «simulación». Aquí se destaca un concepto de suma importancia que plantea el autor, que es la «No Confusión» (Nonconfusion). El autor rechaza lo que llama el «mito de la confusión», que es la idea que afirma que los niños creen realmente que sus juguetes son reales o que confunden la fantasía con la realidad. Los experimentos científicos y la psicología del desarrollo demuestran que los niños, incluso a una edad temprana, distinguen claramente entre lo que es real y lo que es imaginario, y realizan lo que el autor llama el «Rastreo Continuo de la Realidad» (Continual reality tracking). Ellos siguen las referencias de la realidad terrenal con precisión (como la ubicación de la arena o el momento del fin del juego) para poder construir su imaginación sobre ella de manera correcta.
¿Qué relación tiene todo esto con la religión? Van Leeuwen plantea con audacia que las comunidades religiosas funcionan con un mecanismo muy similar a esta parábola. Los creyentes utilizan el mismo sistema cognitivo de dos mapas; poseen un mapa de la realidad terrenal (Factual-belief map) que trata con las cosas y eventos ordinarios de la vida cotidiana, y poseen otro mapa del credo religioso (Religious-credence map) que otorga a estas cosas y eventos ordinarios connotaciones sagradas y sobrenaturales. La copa ordinaria en la iglesia sigue siendo, por virtud del primer mapa, solo una copa de metal que contiene un líquido, pero por virtud del segundo mapa, se convierte en un recipiente sagrado que lleva sangre divina.
El asunto se desarrolla en la parábola del patio de recreo cuando estos niños crecen, y uno de ellos, «John», pasa por una crisis personal y familiar muy dura. En un momento de colapso en el desván, ve el muñeco de «Zalla» bajo un rayo de luz y siente una voz que le dice «no estás solo». A partir de aquí, el juego de la infancia se transforma en una doctrina, y los muñecos se transforman en fuerzas sagradas, y los jóvenes regresan al patio de recreo a medianoche para practicar ritos, y se funda un movimiento religioso completo llamado «El Patio de Recreo» (The Playground) que tiene sus principios sagrados y sus seguidores, e incluso incuba una corriente fundamentalista radical. Esta transición fluida en la historia encarna la tesis del autor: el credo religioso difiere de la creencia fáctica exactamente igual que difiere la imaginación de la creencia fáctica, con la diferencia de que el credo religioso está estrechamente vinculado a la identidad colectiva y a los valores sagrados.
El reconocimiento de que nuestras mentes procesan las creencias fácticas y religiosas de maneras fundamentalmente diferentes abre de par en par la puerta hacia una comprensión más profunda y precisa de la psicología de la fe individual y colectiva. La religión ya no es solo un conjunto de hipótesis que admiten la verdad o la falsedad material, sino que es un espacio psicológico amplio y complejo donde se cruzan las necesidades sociales con las capacidades cognitivas imaginativas del ser humano.
Anatomía de las Actitudes Cognitivas y la Brecha entre lo Fáctico y lo Sagrado
Basándonos en «La Parábola del Patio de Recreo» con la que asentamos nuestra comprensión de la estructura cognitiva de dos mapas en la primera entrega, Neil Van Leeuwen se sumerge en esta etapa en las profundidades de la filosofía cognitiva y la psicología cognitiva para formular una pregunta fundamental y decisiva: ¿Qué es lo que hace que la «Creencia Fáctica» (Factual Belief) sea funcional y fisiológicamente diferente del «Credo Religioso» o «Convicción Religiosa» (Religious Credence)? Para responder a esta cuestión compleja, el autor descompone con minuciosidad las características de lo que llama «Actitudes Cognitivas» (Cognitive Attitudes), para demostrar con evidencias empíricas y teóricas que estamos ante dos fenómenos mentales totalmente diferentes, que funcionan según sistemas operativos independientes y desempeñan papeles radicalmente distintos en el escenario de la conciencia humana.
La creencia fáctica, tal como la describe Van Leeuwen, es nuestro sistema básico e innato para la supervivencia, para navegar por el mundo físico y manejar sus datos directos. Este tipo de creencia se caracteriza por ser «Involuntaria» (Involuntary) y de impacto integral en todos los aspectos de la vida. Tú como ser humano no eliges con tu conciencia creer que el cielo es azul, o que la gravedad atrae las cosas hacia abajo, o que el fuego quema la piel; tan pronto como te expones a la experiencia directa o a la información sensorial clara, tu cerebro actualiza su mapa fáctico de manera forzada y automática. Lo más importante es que la creencia fáctica guía tu comportamiento motor, práctico y diario en todos los contextos y sin interrupción. Si crees realmente y de manera fáctica que hay un oso depredador suelto en la habitación en la que estás sentado, esta creencia guiará tu comportamiento de inmediato hacia la huida o el escondite, y esta creencia no necesitará ritos determinados, ni un espacio dedicado, ni un estado de ánimo específico para activarse en tu mente y dominar tus acciones.
Por el contrario, el libro plantea la idea de que el «Credo Religioso» funciona como una actitud cognitiva secundaria que se construye sobre esta base material previa, exactamente como se construyen las reglas de los juegos de simulación y la imaginación humana avanzada. Estas convicciones se caracterizan por estar profundamente «Dependientes del Contexto» (Context-dependent). El creyente dedicado puede profesar una convicción firme y certera de que una fuerza sagrada divina lo cuida y lo protege de todo mal y daño, pero aun así, y motivado por la fuerte creencia fáctica que funciona en el fondo cognitivo de su cerebro, mirará inevitablemente a la derecha y a la izquierda antes de cruzar una calle transitada para evitar ser atropellado por los automóviles a gran velocidad. El credo religioso se activa de manera intensa y eficaz en contextos específicos, como la estancia dentro de los templos, o durante la práctica de los ritos religiosos, o al enfrentar grandes crisis existenciales, pero por lo general no gobierna los movimientos físicos básicos del ser humano con la misma rigidez y globalidad momentánea que impone la creencia fáctica.
Entre los puntos que plantea Van Leeuwen en este contexto está el concepto de la «Vulnerabilidad a la Evidencia» (Evidential Vulnerability). Las creencias fácticas son muy frágiles y desaparecen rápidamente ante las evidencias directas en contrario. Si crees firmemente que las llaves de tu automóvil están sobre la mesa, y luego te acercas, miras y no las encuentras, tu antigua creencia se evapora en una fracción de segundo para ser reemplazada por una nueva creencia de que las llaves se han perdido o están en otro lugar, y esta rápida actualización no te causará ninguna crisis de identidad ni un colapso psicológico. En cuanto a las convicciones religiosas, se caracterizan por lo que él llama la «Inmunidad a la Evidencia» (Evidential Immunity). Cuando las evidencias materiales puras se oponen a una convicción religiosa arraigada, la mente humana no actualiza el mapa y anula la convicción con fluidez, sino que despliega un esfuerzo interpretativo y defensivo enorme para protegerla, y recurre a reinterpretar la realidad y adaptarla de manera que coincida con ella para mantener su estabilidad. Esta resistencia no es una prueba de un fallo lógico o de una estupidez inherente, como podrían argumentar los críticos tradicionales de la religión de la escuela del Nuevo Ateísmo, sino que es, según la teoría del autor, una prueba contundente de que la mente básicamente no clasifica estas convicciones en el mismo cajón de las creencias fácticas, pues su propósito evolutivo y psicológico no es representar la realidad material con precisión, sino algo completamente diferente relacionado con el significado y los lazos sociales.
Y aquí llegamos a la dimensión más compleja y hermosa del planteamiento cognitivo del libro: «El Componente Normativo» (The Normative Component). En el frío mundo de las creencias fácticas, no hay ningún deber moral que te imponga creer que el agua hierve a cien grados Celsius; es simplemente un hecho físico que aceptas. Pero en el fértil mundo de los credos religiosos, la «Creencia» en sí misma es una virtud suprema y un deber obligatorio. Tú «debes» creer, y la duda se considera en muchos casos un pecado, o una debilidad en la personalidad, o un abandono a la comunidad que te rodea. Esta presión normativa se asemeja enormemente a las estrictas reglas de pertenencia del grupo de niños en la parábola del patio de recreo; para seguir siendo una parte auténtica de «nosotros» y no ser expulsado del espacio sombreado, debes comprometerte con la simulación compartida y adoptar el segundo mapa con seria claridad. Esto significa con toda claridad que el credo religioso requiere un esfuerzo mental continuo, un mantenimiento psicológico permanente y una participación colectiva eficaz para mantenerse vivo y vibrante, a diferencia de la creencia fáctica que se impone por la fuerza de la gravedad y no requiere ningún esfuerzo para su mantenimiento.
A través de esta asombrosa anatomía cognitiva, Neil Van Leeuwen ofrece una visión revolucionaria que libera el debate contemporáneo sobre la religión de la dualidad de «racionalidad fría versus superstición ingenua». La mente humana no está defectuosa ni engañada cuando adopta con sinceridad creencias religiosas que desafían la lógica material simple, sino que en realidad está ejerciendo sus capacidades cognitivas más elevadas y complejas al crear mundos imaginados y creer en ellos voluntariamente para fines mucho más profundos que la mera descripción y enmarcamiento de la existencia material.
La Imaginación Sagrada como Pegamento Social e Ingeniería de la Identidad Colectiva
Pasamos ahora a la estación más delicada de la tesis de Neil Van Leeuwen. La pregunta que se impone aquí con urgencia es: si los credos religiosos no ofrecen una descripción precisa de la realidad material, y si requieren un esfuerzo mental y un mantenimiento continuo para mantenerse vivos, ¿por qué la mente humana desarrolló esta capacidad compleja desde un principio? ¿Y por qué las religiones han continuado como una fuerza motora de la historia humana sin desaparecer ante el progreso científico? La respuesta que plantea el libro reside en el papel funcional profundo de esta imaginación sagrada; no es un fallo cognitivo, sino que es la mayor herramienta evolutiva ideada por el ser humano para diseñar la «Identidad Colectiva» y formar sociedades cohesionadas capaces de cooperar y sacrificarse.
Van Leeuwen nos lleva en esta parte de su teoría al mundo de la sociología y la antropología evolutiva, para demostrar que las «creencias fácticas», por su naturaleza fría y neutral, son totalmente incapaces de crear lazos emocionales o lealtades tribales entre los seres humanos. Compartir con millones de seres humanos la creencia de que la Tierra es esférica, o que el Sol sale por el este, no te hace sentir fraternidad hacia ellos, ni te impulsa a sacrificar tu vida por ellos; estas son realidades impuestas a todos por la fuerza de la realidad material. En cambio, compartir un mapa de «imaginación» o de «credo religioso» requiere una decisión, una pertenencia y una disposición a adoptar un conjunto de símbolos que no se pueden probar materialmente. Cuando un grupo de individuos se pone de acuerdo en que un río determinado no es solo un cauce de agua sino una entidad sagrada que lava los pecados, este acuerdo compartido crea un muro invisible que separa a «nosotros» (los creyentes iluminados) de «ellos» (los extraños o los infieles). El credo religioso funciona aquí como una «contraseña» cifrada y compleja, que garantiza que cada individuo en el grupo pertenece realmente a él y comparte sus valores profundos.
Y para comprender el alcance de la fuerza de este pegamento social, el autor nos regresa de forma indirecta a las dinámicas de «La Parábola del Patio de Recreo». Los niños en el patio de juego no expulsaban a los extraños porque ignoraran hechos físicos, sino porque rechazaban las reglas del juego compartido y no respetaban la sacralidad del personaje de «Zalla». Del mismo modo, en las sociedades humanas, se castiga al hereje o al apóstata con extrema dureza, no porque haya cometido un error científico en la comprensión del universo, sino porque al romper el credo religioso amenaza el tejido social y el fundamento moral sobre el cual se asienta la identidad del grupo. El rechazo del segundo mapa (el mapa de lo sagrado) se traduce de inmediato como un rechazo al grupo mismo, y una traición al pacto no escrito que une a sus miembros. Esto explica por qué los conflictos religiosos u ideológicos son más sangrientos y violentos que cualquier otro conflicto; porque no giran únicamente alrededor de los recursos materiales, sino alrededor de la existencia moral y la identidad fundacional.
Van Leeuwen aborda en este contexto un concepto de gran importancia conocido en la psicología evolutiva como «Señalización Costosa» (Costly Signaling). Para que el grupo demuestre su cohesión, y para asegurarse de la lealtad de sus miembros y de su disposición a cooperar en momentos de crisis, requiere de ellos la entrega de sacrificios que parecen, desde la perspectiva de la creencia fáctica pura, ilógicos o agotadores. Estos sacrificios pueden tomar la forma de ritos arduos, o ayunos prolongados, o donación de dinero, o incluso alteraciones corporales. La adopción del «credo religioso» que justifica estas acciones y les otorga un significado sagrado es la forma en que el individuo demuestra al grupo que es digno de confianza y que no se escapará de sus responsabilidades cuando enfrenten a un enemigo común o un desastre natural. La mente humana comprende, de manera instintiva, que la persona que comparte contigo la misma imaginación sagrada y asume sus costos es una persona en la que puedes confiar en el campo de batalla real.
De este modo, el libro le da la vuelta a la visión tradicional que considera a la fe religiosa como un mero intento primitivo y fallido de explicar los fenómenos de la naturaleza antes de la aparición de la ciencia moderna. La religión, según la teoría de «la creencia como juego de suposiciones», nunca fue un competidor de la ciencia en el campo de la lectura de la realidad material, sino que jugaba, y sigue jugando, en un campo totalmente diferente: el campo de la construcción de redes complejas de significado, y la formación de entidades sociales enormes que trascienden los lazos biológicos directos. La capacidad de creer en el mito y vivir dentro del mapa de la imaginación sagrada es exactamente lo que hizo al Homo sapiens capaz de construir civilizaciones e imperios, mientras que las demás criaturas permanecieron prisioneras de su realidad material directa. Es una paradoja asombrosa; que nuestro alejamiento voluntario y colectivo de la realidad literal sea la herramienta más poderosa con la que garantizamos nuestro dominio sobre esa misma realidad.
El Enigma de la «Hipocresía Religiosa» y la Doble Moral Bajo el Lente de los Mapas Cognitivos
Llegamos ahora a una de las dilemas más complejos y controvertidos en el estudio del comportamiento humano: la enorme brecha entre lo que los creyentes declaran con sinceridad y lo que practican efectivamente en sus vidas cotidianas. Durante mucho tiempo, los filósofos y los críticos de la religión se han quedado perplejos, y a veces burlones, ante el fenómeno de la «hipocresía religiosa». ¿Cómo puede una persona que declara su fe absoluta y certera en la existencia de un Dios que observa todas sus acciones, y un castigo eterno que espera a los pecadores, cometer con tanta facilidad un pecado, o mentir, o violar las enseñanzas sagradas? Si esta persona tuviera una «creencia fáctica» de que el fuego la quema, nunca pondría su mano en él. Entonces, ¿por qué pone su mano en el «fuego del Infierno» potencial si su fe en él equivale a su fe en el fuego material?
Aquí se manifiesta la genialidad explicativa del modelo de los «Mapas Cognitivos Duplicados». Van Leeuwen rechaza la explicación superficial que acusa a estos creyentes de mentira deliberada o de engaño consciente. En su lugar, aclara que esta contradicción evidente es un resultado natural e inevitable de la naturaleza del «credo religioso» en sí mismo. Como hemos mencionado, el credo religioso no funciona con el sistema operativo de la creencia fáctica; no impone un dominio automático, forzado e inmediato sobre el comportamiento físico en cada momento y en cada contexto. Cuando el ser humano enfrenta una tentación material directa, el primer mapa (el mapa de la creencia fáctica gobernado por los instintos y los intereses materiales inmediatos) es el que toma el mando en ese momento crítico, y el segundo mapa (el mapa de la imaginación sagrada) retrocede al fondo, no porque el creyente lo haya abandonado, sino porque el contexto de su activación ha cambiado.
Lo que parece al observador externo como hipocresía es en realidad un estado de «Aislamiento Cognitivo» o compartimentación mental que la mente humana domina con destreza asombrosa. El creyente sincero puede romper en llanto conmovido por un sermón dentro de un lugar de culto, donde el mapa del «credo religioso» se encuentra en la cima de su actividad, y donde vive con todo su ser dentro del mundo de los símbolos sagrados. En ese momento, él no está actuando ni mintiendo; está experimentando una sincera verdad psicológica. Sin embargo, tan pronto como sale a la calle o se involucra en una competencia comercial feroz, el mapa de la «creencia fáctica» toma las riendas para garantizar su triunfo material, y las normas sagradas se vuelven menos capaces de guiar su comportamiento momentáneo. Esta separación funcional es la que permite a los seres humanos convivir con sus contradicciones sin sufrir un colapso nervioso o una crisis aguda de identidad.
El autor añade otra dimensión a este dilema relacionada con la naturaleza de la «Declaración de la Creencia». En el mundo de los credos religiosos, declarar palabras, como realizar oraciones públicas o proclamar la fe, no es solo una descripción del estado mental interno, sino que es un acto ejecutorio y social en sí mismo. Tú declaras tu fe para anunciar tu lealtad al grupo y confirmar tu compromiso con sus valores superiores, aunque tus acciones cotidianas se queden cortas de alcanzar este idealismo. La mente humana está diseñada para considerar esta declaración como un compromiso suficiente para mantener la membresía en el tejido social, mostrándose tolerante con los tropiezos materiales al considerarlos una debilidad humana natural que cae dentro del alcance del primer mapa.
Con este análisis, el libro despoja a la «dualidad religiosa» de su carácter moral, y la reencuadra como un fenómeno cognitivo natural que refleja la flexibilidad del cerebro humano y su capacidad para dar cabida a mundos contradictorios. No somos máquinas lógicas rígidas, sino seres complejos que se desplazan entre una realidad material dura en la que debemos sobrevivir, y una imaginación sagrada que nos otorga significado y pertenencia. Y esta mezcla confusa entre los dos mapas es lo que construye la experiencia humana con todo su esplendor y sus contradicciones permanentes.
Reingeniería del Diálogo entre la Ciencia y la Religión en el Siglo Veintiuno
El asunto ya no es un debate tradicional sobre la veracidad o falsedad de las afirmaciones históricas y físicas de los textos sagrados, sino que la discusión se ha transformado, gracias a la teoría de «la religión como juego de suposiciones», en una anatomía de la naturaleza cognitiva del ser humano, y en cómo la mente utiliza sus herramientas únicas para crear un tejido social flexible y capaz de resistir a través de los tiempos.
Los movimientos del Nuevo Ateísmo, que predominaron en las últimas dos décadas, se equivocaron cuando trataron a la religión como una «ciencia primitiva fallida» que intenta explicar la mecánica del universo pero fracasa ante el experimento. Este error estratégico en la crítica surgió de su suposición errónea de que los creyentes utilizan la «creencia fáctica» cuando hablan de sus cosas sagradas. Pero Van Leeuwen demuestra que intentar refutar el «credo religioso» utilizando ecuaciones de física o evidencias fósiles se asemeja exactamente a intentar refutar un poema utilizando las leyes de la termodinámica; ambos funcionan en un mapa cognitivo independiente y tienen una función totalmente diferente a la del otro. La ciencia nos dice cómo funciona el universo material en el primer mapa, mientras que la imaginación sagrada nos dice cómo nos vinculamos entre nosotros, cómo creamos el significado y cómo construimos las identidades colectivas en el segundo mapa.
Crítica desde una Perspectiva Islámica
El libro «La Religión como Juego de Suposiciones: Una Teoría de la Creencia, la Imaginación y la Identidad de Grupo» del filósofo de las ciencias cognitivas Neil Van Leeuwen presenta un intento explicativo audaz para comprender la fe religiosa lejos de las propuestas materialistas tradicionales, intentando tender un puente entre la racionalidad materialista y el fenómeno espiritual. Sin embargo, someter esta teoría a la balanza de la concepción islámica revela un contraste fundamental y una brecha profunda que no se puede cerrar, porque la propuesta del libro anula la esencia de la fe en el Islam y la reduce de una verdad existencial absoluta a un simple «juego de imaginación colectivo» o una «estructura social utilitaria».
La perspectiva islámica parte de una base sólida y certera que establece que la fe en Dios, sus ángeles, sus libros, sus mensajeros y el Día del Juicio Final es una «creencia real en verdades absolutas», y no un simple «credo religioso funcional» separado de la realidad. El Corán define la fe como una afirmación categórica que coincide con la realidad absoluta de la existencia, dijo el Altísimo: (Esto es porque Dios es la Verdad, y lo que invocan en vez de Él es la falsedad). La visión que divide el mapa de la mente humana en una «creencia fáctica terrenal» y un «mapa de imaginación sagrada» se opone a la concepción monoteísta integral; el creyente en el Islam cree en la existencia de Dios y en su dominio absoluto sobre el universo con la misma certeza categórica con la que cree en la existencia de los objetos sensibles, e incluso con más fuerza, porque las realidades del mundo de lo invisible en el Islam (como la Otra Vida y los ángeles) son las verdades perdurables, mientras que la vida terrenal con toda su materialidad es el disfrute pasajero y la fantasía efímera, y no es la «única realidad verdadera» como pretende el autor.
Más aún, la descripción que hace Van Leeuwen de las creencias religiosas al comparar las con los juegos de «simulación» (Make-believe) o la imaginación compartida vacía a los actos de culto y a las legislaciones islámicas de su contenido divino real, y los convierte en una mera herramienta sociológica para diseñar la «identidad colectiva» y confirmar la pertenencia tribal o social. En el Islam, la oración, el ayuno, el zakat y la peregrinación no son simples ritos simbólicos para consolidar la solidaridad entre los individuos o señales costosas para demostrar la lealtad al grupo, sino que son una servidumbre real sometida a las órdenes del Creador Sabio y Omnisciente, y tienen consecuencias cósmicas, terrenales y del más allá que se derivan de ellas en realidad y no en sentido figurado. La suposición de que el creyente sabe internamente que estas doctrinas no son reales materialmente pero las adopta de forma imaginaria degrada la mente humana creyente, y la coloca en un estado de duplicidad deliberada o de autoengaño psicológico organizado.
En cuanto a la interpretación del libro sobre el fenómeno de la «hipocresía y la doble moral» al considerarla un resultado inevitable de la separación del mapa religioso de la realidad material, la visión islámica aborda esta falla desde una perspectiva moral y de fe muy estricta. La hipocresía en el Islam no es un simple «aislamiento cognitivo» o una transición natural entre los mapas de la mente, sino que es una enfermedad del corazón y una desviación conductual y de la voluntad en la que el ser humano incurre por una mala elección y por contradecir lo que ha reconocido con su lengua y su corazón. El Islam no acepta esta separación funcional cómoda entre lo que el ser humano cree y lo que practica, sino que vincula la verdadera fe con la acción directa e integral y con la honestidad absoluta en todos los ámbitos de la vida, y hace de la moral y del compromiso práctico una prueba contundente de la veracidad de la certeza del corazón.




